Entrevista a Mireia Darder, autora del libro “Nacidas para el placer”

- Muchas de nosotras pensamos que la revolución sexual de años atrás nos abrió muchos caminos, pero parece que no es así…

- Llevamos décadas intentando escalar puestos en la sociedad, pero el gran problema es que lo hacemos desde lo racional, simulando el comportamiento del hombre y buscando el éxito y la perfección absoluta. Considero que es el instinto el que más nos puede ayudar. Y, por supuesto, el crear nuevos modelos de sociedad donde la igualdad de sexos sea una realidad y dejando de lados las ideas de que la competitividad es buena o que las guerras son la manera de resolver los conflictos.

- Aseguras que nuestra verdadera fuerza es el placer. ¿A qué te refieres? 

- Somos potentes por la capacidad de deseo sexual que tenemos. Ésa es nuestra fuerza, pero debemos ser conscientes de ello y creérnoslo a pesar de que la sociedad nos lo niegue (a veces muy sutilmente). Te voy a dar algunos datos: el sexo femenino tiene un órgano cuya función única y exclusiva es el placer. Se trata del clítoris. No tiene otro objetivo que ése: dar placer.

En el hombre no ocurre ya que el mismo órgano que les proporciona ese disfrute tiene también una función reproductiva. Por otro lado, nuestros orgasmos son más intensos, más largos (está todo comprobado científicamente) y podemos tener orgasmos combinados estimulando diferentes áreas, como el clítoris, la vagina, el punto G o el cérvix.

- En el estudio “Escala de Falsificación del Orgasmo”, publicado en The Journal Sexual Archives, se asegura que las mujeres fingen por hacer sentir bien a su pareja; por miedo o por cansancio. Si nuestro cuerpo nos lo pone tan fácil… ¿qué está fallando? 

- Por un lado, no hacemos uso de ese poder por las reglas de la sociedad patriarcal en que vivimos; y, por otro, el ritmo de vida actual no nos deja hacerlo. Cualquier preocupación interrumpe el orgasmo. Diversos estudios han comprobado que para que la mujer llegue al placer máximo es necesario que su cerebro desconecte una zona conocida como córtex orbitofronal izquierdo. Y esa desconexión solo se consigue con un estado de relajación. 

Y, como digo, durante años se nos ha enseñado que somos las cuidadoras. Si estamos excesivamente cansadas por todas las tareas diarias, que son muchas, no podemos sentir placer pero tampoco deseamos que la pareja, a la que debemos cuidar, se entere. 

- Es decir que, entre otras cosas, antes de las relaciones íntimas deberíamos hacer una mini-terapia de desconexión…

- Pues sí, algo así. Tomarnos unos minutos para no pensar, dedicarlos simplemente a contemplar el mundo, la naturaleza. Huir del plano puramente racional y conectar con nuestro interior. Si lo hacemos nos embargarán emociones diferentes y lograremos “soltarnos” y prepararnos de verdad para sentir.

- ¿El sexo femenino sigue siendo tabú? ¿Oír a una mujer hablar de sexo está todavía mal visto?

- Sí. A la mujer no le está permitido decir públicamente que ha tenido muchas relaciones. Si lo hace, se le tilda de infinidad de cosas. Hay un experimento muy curioso que muestra que la mujer siempre tiende a decir que ha tenido pocos amantes; excepto si se le avisa de que está sometida a un detector de mentiras. En ese caso reconoce ser mucho más activa sexualmente. Es decir, solo lo reconoce bajo presión pero no de forma espontánea. Eso es tremendo porque indica que tienen cierto temor a decir la verdad, a que se les ponga una determinada etiqueta y se las excluya. En los hombres eso no ocurre. 

- Otros de los conceptos que recuerdas en “Nacidas para el placer” es que la mayoría de mujeres llegan al orgasmo a través de la estimulación del clítoris y no necesariamente con la penetración.

- Solo el 30% de las mujeres tiene orgasmos por penetración; el 70% restante llega a él por estimulación del clítoris. Eso debería enseñarnos que lo más importante es jugar, experimentar y probar. Pero no se facilita. Es curioso que los estudios sobre el clítoris sean muy recientes; hasta hace poco no se hablaba de él en ningún libro de Anatomía.

© Rigden Institut Gestalt

- ¿Tenemos demasiados prejuicios sobre nuestro físico y nuestra figura?

- ¡Por supuesto! Como digo en el libro, lamentablemente la mujer se ocupa más de su cuerpo para lucirlo que para disfrutarlo. Por eso es fundamental conocernos y saber cómo sentimos más placer, pero desde nuestro “yo” interior, sin tener presente lo físico.

Y otra cosa importante: si estás satisfecha sexualmente y sientes placer, te da igual cómo es tu cuerpo. Ya no importa lo físico porque el objetivo del disfrute se ha conseguido.

- ¿Eso implica también estar abiertas a experiencias nuevas?

- Claro. El panorama que yo propongo es que estamos destinados a tener más de una relación a la vez; que la monogamia la inventaron con la propiedad privada y el cuidado de los hijos. Y hay otros comportamientos no aceptados, como la bisexualidad, que se dan continuamente en la Naturaleza.

Se insiste en que no “son normales”; sin embargo hay que huir del miedo al escándalo, escuchar, tener curiosidad y querer sentir. Sin pretender ser perfectos. En definitiva, ser mujeres “deseantes” y no reproducir el modelo masculino sino buscar aquel patrón con el que cada una está de verdad cómoda y a gusto, sin dejarse coartar por los estereotipos.

Otros contenidos del dosier: Ellas y el sexo

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