¿Qué es una mujer liberada?

El deseo sexual femenino sigue siendo motivo de agitación social y la liberación sexual sigue siendo un tema candente. «La primera revolución sexual tuvo lugar en los años 70, hoy en día estamos en una fase de madurez en la que la sexualidad forma parte de un movimiento de emancipación más global», señala la doctora Ghislaine Paris.

La mujer liberada siente deseo y es independiente

Se están produciendo ciertos cambios en cuanto a la sexualidad femenina, especialmente en su situación respecto al deseo. «La mujer ha pasado de ser objeto de deseo a ser quien desea», señala nuestra experta. Hasta hace poco, en el inconsciente colectivo, la mujer se erigía en objeto de deseo y de placer masculino, pasiva para satisfacer el deseo de los demás. Hoy, se convierte en protagonista de su propio deseo, responsable, gracias a sus propias elecciones. «Su nueva identidad sexual se está construyendo ahora mismo, con sus dudas y estancamientos», añade la doctora Ghislaine Paris.

En cuanto la evolución de este fenómeno, la progresión del autoerotismo supone el fin de un tabú. La libido femenina se explora en solitario. Así lo demuestra el auge de los juguetes sexuales y el más cuestionable de la reciente literaturaerótica (50 sombras de Grey y otras). Para alcanzar el placer, el autoerotismo se ha convertido en algo imprescindible.

Las mujeres lo han entendido perfectamente. Son muchas las que se confiesan en el diván de su psicólogo, y esta vez sin sentir vergüenza. Una liberación que se debe a varios motivos. Por una parte, su placer ya no depende solo del hombre, sino que se da recíprocamente, y a veces incluso con mejores resultados. Algunas reconocen incluso sentir más placer solas. Las mujeres han hecho suyas estas prácticas más allá de los límites establecidos por el sentimiento amoroso y sin necesidad de otra persona.

Liberación sexual: obstáculos aún desconocidos

En el registro de errores que acompañan este movimiento se encuentra el peligro de querer copiar los modelos masculinos. «Al “imitar” el modelo masculino, acaban cayendo en los mismos fallos, puesto que ponen al hombre en la situación de objeto». Actuando como perfectas predadoras, algunas mujeres solo buscan la sumisión del hombre para así poder satisfacer su deseo. ¿Una respuesta a siglos de opresión? Este es el veredicto de nuestra experta: «En cierto modo, este comportamiento puede ser comprensible, pero en ningún caso sirve para liberar a la mujer. Al contrario, la encierra en un modelo bien conocido del cual ella era la víctima».

Por otra parte, en el camino hacia la liberación sexual, aparecen sigilosamente nuevos obstáculos que afectan a la sexualidad femenina. Como por ejemplo, la obligación de darse al placer. Un dictado especialmente de moda hoy en día, y cuyos ingredientes son los siguientes: múltiples amantes, masturbación, secciones dedicadas al deseo con accesorios para todo tipo de fantasías, páginas de encuentros extraconyugales para mujeres, etc. En resumen, ahora las mujeres disponen ampliamente de todos los medios para acceder al placer. Así que no hay excusa para las que todavía no se han unido al grupo.

 «Paradójicamente, los mensajes sobre la sexualidad volcánica de las mujeres podrían producir más bien el efecto contrario», se alarma la doctora Ghislaine Paris. Sentadas en el diván, algunas mujeres que no se prestan a todas las prácticas con fines orgásmicos son presas de la angustia. «No estoy liberada, no me gusta el sexo anal», se preocupa Mariana, de 42 años. «No tengo nada de ganas de pasar una noche en un club de intercambio de parejas, a lo mejor no soy normal», se queja Julia, de 35 años. Es innegable que la exposición en exceso a los medios de comunicación impone normas que en ningún caso se aplican a todo el mundo. «La liberación pasa por elecciones más íntimas», destaca la doctora.

El continente negro de la sexualidad femenina

La principal amenaza hoy en día, más allá de los dictados de la norma y demás usos mercantiles de la sexualidad femenina, es el movimiento retrógrado al cual asistimos (cuestionamiento del aborto, violaciones y un recrudecimiento de la violencia machista, integrismo religioso, retorno de la vieja moral, etc.) ¿Cómo explicar este fenómeno? «Se trataría de un gran temor a la sexualidad femenina», responde nuestra experta. De ahí la voluntad de mantener el deseo de las mujeres bajo un muro de silencio, como si la liberación sexual pusiera en peligro la hegemonía masculina, y junto con ella un cierto orden sexual establecido.

Hablemos con claridad, las mujeres liberadas siguen siendo (sí o sí) unas zorras. Una observación que no pasa por alto Audrey Dana, directora de Sous les jupes des filles (Bajo la falda de las chicas), película en la cual Julie Ferrier, desbordante de sexualidad, es tratada de zorra por su marido. Y de ahí a ser tratada de bruja, buscafortunas o cazamaridos solo hay un paso.

Por suerte se trata de estereotipos, incluso si se resisten a desaparecer. La doctora Ghislaine Paris es optimista: «En 2015 la liberación sexual va de la mano de una responsabilización de su propio deseo y placer, y de la búsqueda de una alianza con la pareja. El movimiento está en marcha. Los errores, la mercantilización y las decisiones equivocadas forman parte de la evolución».

C. Maillard

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