¿Por qué esa apatía por el sexo?

La principal causa de esta apatía es la falta de estímulo sexual y no nos referimos a que la pareja haya dejado de excitarnos sino de que no permitimos que el cerebro reciba estos estímulos. Estamos tan ocupad@s en nuestras vidas, tenemos tantas preocupaciones que no podemos percibir aquello que, de otra forma, nos activaría. Pensemos en aquellas personas que, por cualquier razón, pasan mucho tiempo sin tener relaciones sexuales; algunas manifiestan abiertamente tener unas ganas locas de sexo y echarlo mucho de menos, mientras que otras aseguran que la falta de sexo ha hecho que no lo necesiten y se han vuelto “asexuales”. ¿Por qué ocurre esto?

Cuando recibimos estímulos sexuales de cualquier tipo el cuerpo va preparándose para una posible relación sexual, esto no significa que a la primera señal el hombre tenga una erección y la mujer lubrique pero el cerebro no entiende si ese estímulo que le estamos dando (por ejemplo una escena erótica en la televisión) es ficción o, por el contrario, es una realidad y debe ir activándose por si acaso, así que va segregando sustancias que favorecen la excitación. Estas sustancias permanecen en el cuerpo unas horas para así facilitar la respuesta sexual, crecen cuantos más estímulos proporcionamos al cerebro y con ellas nuestro deseo. Además el cerebro está más alerta para recibir estímulos eróticos cuanto más le entrenamos para ello y es capaz de recogerlos más fácilmente. Así, una persona que fantasea con frecuencia, lee novelas eróticas, ve películas, habla de sexo, acaricia a su pareja, etc., suele tener más deseo sexual aunque no llegue a practicar el sexo.

Por el contrario si pasamos mucho tiempo sin darle estímulos eróticos al cerebro, este reduce su capacidad de detectarlos y esto provoca esa sensación de apatía en el sexo, no fantaseamos, no nos excitan imágenes que en otra situación sí lo harían y según pasan los días va a peor. Los problemas de la vida diaria no permiten ese ratito para dedicarlo a la fantasía sexual pero ese pequeño esfuerzo puede marcar la diferencia.

Otra causa importante de la apatía en el sexo es la educación sexual. Por ejemplo las mujeres podemos recibir durante toda  nuestra vida mensajes negativos sobre el sexo; que es peligroso, que no es satisfactorio, que degrada, duele, etc. Y esto lógicamente hace mella en nuestra percepción de la sexualidad. Aun si no somos conscientes de haber recibido estos mensajes o si pensamos que nos hemos trabajado suficientemente este tema, la realidad es que son avisos que recibieron nuestras abuelas y las abuelas de nuestras abuelas, se puede decir que corre por nuestras venas el miedo al sexo y es difícil eliminarlo por completo.

Este miedo puede derivar en otros temores, por ejemplo el temor a que nuestra pareja se aproveche de nosotr@s, a perder el control y dejarnos llevar por nuestros deseos, a dar una imagen de “demasiado sexual”, etc. Nos cuesta confiar en nuestra pareja y sentirnos totalmente comod@s bajo las sábanas.

Los mensajes negativos sobre el sexo suelen ser sutiles (aunque continuos) pero hay otros mucho más obvios que afectan a nuestra sexualidad. Estamos hablando del miedo al embarazo; desde adolescentes, cuando nos hablan de los métodos anticonceptivos, nos ponen la situación como si las mujeres pudiéramos quedar embarazadas con tocarnos, aunque nos cuenten como funcionan a veces se pone énfasis en el miedo a que fallen más que en la confianza en su efectividad. La desconfianza en los métodos anticonceptivos hace que, para algunas personas, la relación sexual sea estresante y que cada mes la espera de la llegada de la menstruación se haga eterna.

Lo cierto es que los métodos anticonceptivos actuales son muy eficaces y bien utilizados es prácticamente imposible el embarazo. El miedo excesivo al embarazo puede combatirse solo con información, acudiendo a profesionales que puedan explicarnos de forma objetiva cada método y recurriendo a estudios científicos sobre su efectividad.

Siguiendo con los métodos anticonceptivos, es cierto que algunos también pueden influir al deseo sexual. Son los métodos hormonales combinados, aquellos que contienen estrógenos como la píldora, el anillo o el parche. Estos anticonceptivos pueden tener el efecto secundario de reducir la lubricación y hacer la penetración más incómoda, además algunas mujeres refieren que, a pesar de no haber notado una disminución de la lubricación, sí que notan que su libido es más baja. Esto suele solucionarse cambiando de anticonceptivo o incluso solamente de marca.

Los problemas de pareja también son, lógicamente, un factor importante a tener en cuenta si hablamos de apatía en el sexo. Sobre todo si estos conflictos se deben o crean dificultades en la comunicación y en la intimidad podemos notar que nuestra libido ha disminuido drásticamente.

Si alguno de los miembros de la pareja padece alguna disfunción sexual o el sexo no es satisfactorio, las relaciones sexuales se convierten en una situación estresante y eso afecta directamente al deseo, al tener poco deseo la excitación suele ser menor y generalmente esto complica la recuperación de la disfunción o el placer, convirtiéndose en un círculo vicioso.

Hay enfermedades que afectan al deseo sexual, sea por su carácter incapacitante (cansancio, dolores, dificultades de movilidad o para dormir) o debido a los medicamentos para su curación. Antidepresivos, fármacos para la tensión, tranquilizantes y narcóticos contienen elevados niveles de dopamina que reducen la cantidad de sangre que llega a los genitales, afectando a la lubricación, la erección y el orgasmo y, con ello, al deseo. Los trastornos hormonales también influyen en la libido.

Ante una situación de baja libido por un periodo mayor de 6 meses lo más aconsejable es recurrir a especialistas. Al médico si nos encontramos en alguna de las situaciones de enfermedades o uso de medicamentos anteriormente mencionadas y al psicólogo especialista en disfunciones sexuales en general.

Otros contenidos del dosier: Falta de deseo sexual

Comentarios

Artículos destacados

Los tipos de píldoras anticonceptivas
Los tipos de píldoras anticonceptivas

Doctissimo hace un repaso a las diferentes generaciones de este tipo de anticonceptivo oral. Píldoras de primera, segunda,...

Los desórdenes del clítoris
Rejuvenecimiento vaginal: técnicas sin cirugía
Conversaciones sexuales en la pareja
Himen: lo que debes saber
¿A qué estás dispuesta para salvar tu...

Tu relación parece una montaña rusa con más caídas que subidas. Discutís todos los días. Por cualquier tontería,...

Hacer otros Test