Lencería, prendas que encienden el deseo

La ropa interior encanta a las mujeres y excita a los hombres. ¿Qué rol juegan en la seducción, la sensualidad y la sexualidad?

Por qué les gusta a ellos

Los hombres no son grandes consumidores de lencería, pero sí son grandes admiradores. “La lencería forma parte de las fantasías masculinas”, explica Alain Héril, psicoterapeuta y autor de Dictionnaire des fantasmes érotiques (Diccionario de las fantasías eróticas). No nos sorprende: la fantasía se asocia a una voluntad de tener algo, sin querer poseerlo de verdad: sí, es una contradicción. “Ahora bien, la lencería, más que mostrar, esconde, y cada cual siente atracción por eso que queda oculto”; además, participa de los juegos eróticos del “te deseo y me dejo desear”. Pero cuando la fantasía se lleva al extremo, puede convertirse en una obsesión que encubre la imposibilidad de abrazar a una mujer desnuda. “En los casos patológicos, el hombre invierte en lencería de manera excesiva, por temor al contacto con la mujer. La ropa interior se transforma así en una barrera entre ambas pieles, y cuando la mujer se la quita, el hombre experimenta dificultades sexuales”, apunta Héril.

A veces, la lencería adquiere un significado tan erótico, que llega a suplantar, a los ojos del hombre, a la mujer que la lleva; de manera que cuando mira un maniquí siente el mismo deseo. Es esos casos la lencería se magnifica y la mujer desaparece, sin embargo está ahí, bajo el encaje.

Por qué les gusta a ellas

Regalarse lencería fina supone una dimensión autoerótica. Es desearse, verse deseable y deseosa. “Esto es muy positivo para la mujer y para su compañero, porque cuanto más alto sea el autoerotismo, más fácil será el encuentro sensual y sexual”, opina Héril. Por otra parte, la publicidad no se equivoca: un anuncio de lencería siempre muestra a la mujer, nunca al hombre que la mira, porque la ropa interior se compra para una misma. En definitiva, podría decirse que las proyecciones sobre la lencería son sexuales para el hombre y sensuales para la mujer.

Gustos y colores

En cuestión de lencería los hombres y las mujeres no siempre se ponen de acuerdo. A ellas les gusta el lujo, pero en el día a día priorizan la comodidad. A ellos, en cambio, les encantan los corsés y los portaligas de las femmes fatales. Afortunadamente, siempre es posible llegar a un acuerdo. Muchas mujeres eligen, libremente o por sugerencia, llevar ropa interior fina, casi picarona, en la intimidad.

Pero ¿y qué pasa con los colores?

El blanco, puro y virginal (y práctico, dirán ellas), no satisface a los hombres, que prefieren el rojo, el color de la pasión, o el negro, el del misterio. Otra elección es el amarillo, que da valor a las más tímidas; o el naranja, el color de la libido en la tradición india (¡viva el amor tántrico! El rosa chillón, picante y sexy, es otra alternativa. Como única regla, hay que evitar el violeta, que es el color de la espiritualidad y se emplea para el amor meditativo y platónico más que para el ¡carnal!

Tendencias

Este año están de moda los estampados coloridos, el color rojo, que vuelve a estar vigente, y las prendas súper sexy estilo picardías. ¿Te animas?

I. Delaleu

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