Cómo hablar de la adopción

No esconder la realidad

“Enseñamos a nuestros hijos a no mentir y a no disimular”, recuerda Dolto, un principio que también debería aplicarse a los padres en relación con sus hijos adoptados. Tanto más cuanto que, según la especialista, “los niños recuerdan de manera inconsciente todo lo que les ha pasado desde sus primeros momentos de vida”.

En opinión de la pediatra, tapar la cuestión de la adopción deja al niño con mucho malestar. “Puede incluso estar a merced de una emoción brutal, extremadamente desestabilizante”. En haptonomía (ciencia que describe los aspectos de la vida íntima), cada uno es sujeto de su propia historia. Si respetamos al niño, ¿por qué esconderle algo que es tan importante para él?, ¿por qué dejar que sea el único en ignorar la verdad?

Evitar culpabilizarse

El rol de los padres, sean o no biológicos, no es sencillo: deben afrontar muchas dificultades. “El problema con la adopción es que, cuando hay un problema, los padres lo achacan… a la adopción”, señala Dolto. Entonces los padres se cuestionan, mucho más que cualquier progenitor biológico. “Adoptar es muy difícil, requiere mucho amor”, insiste la pediatra. Sentirse culpable por no haber estado “a la altura de las circunstancias” puede contaminar la relación… Todos los niños buscan límites, esto forma parte del gran juego de la vida. Aceptar esta realidad sin responsabilizar la situación de adopción es primordial.

Cuando el pasado resurge

Hay otros factores que pueden “complicar” la situación. Un niño que ha sido abandonado se siente culpable de forma inconsciente. Si sus padres le rechazaron fue porque él no fue lo suficientemente bueno o porque hizo algo mal, algo que puede volver a sentir con su nueva familia. Por eso, es muy importante que los nuevos padres sean conscientes de esta realidad para evitar “repetir” su historia. Insistiendo en lo valioso que es, se le puede ayudar a luchar contra esta forma de “sabotaje”.

“El amor parental suele ser una ascesis y en el caso de la adopción, mucho más”, concluye Dolto.

Valorar su origen

El niño adoptado necesita que su origen sea reconocido. Una de las claves del éxito de la adopción es el reconocimiento de los padres biológicos del niño. “El origen del pequeño debe ser valorado en su justa medida. Si no, el niño se sentirá inconscientemente poco respetado”, insiste Dolto. Incluso si los padres biológicos fueron incapaces de quedarse con su hijo, no es recomendable denigrarlos.

Negar el valor de los progenitores equivale a “robarle” algo de su patrimonio, de la riqueza de su pasado. Si esto no se respecta el niño puede, de manera inconsciente, sentir herida su dignidad.

Pistas de una disfunción

Muy a menudo, los niños “saben” más de lo que creemos sobre las condiciones de su adopción. La mayoría de la veces, sus dibujos, sus juegos, sus sueños les dan pistas sobre la manera en la que fueron abandonados. “Están muy vinculados a su lugar de adopción”, sostiene la pediatra. Durante la catástrofe de Haití, los niños que ya habían sido adoptados manifestaron problemas de conducta asociados a angustias profundas, como si el sufrimiento y la muerte de los suyos les hubiera afectado. “A esto le llamamos lealtades inconscientes”.

Al hablarle de su historia es inútil entrar en detalles, sobre todo si éstos son delicados. En cambio, si el niño hace preguntas, lo mejor es responderlas, preservando su bienestar siempre. “El problema suele radicar en que los padres adoptivos suelen interpretar el cuestionamiento sobre la familia de origen por parte del niño como una desinversión, lo que puede crear confusión”, alerta la especialista, que sin embargo es tajante: “Que el niño sienta curiosidad por su propia historia es una buena señal”.

Adolescencia: un cambio de escenario

En la adolescencia las cosas cambian. La transformación física de los hijos va acompañada de un cambio de comportamiento con los padres. En el caso de la adopción, este fenómeno puede ser de mayor envergadura, dependiendo de la historia del hijo. “En la adolescencia es normal encontrar similitudes con el periodo del nacimiento. Quizá el niño oyó muchas discusiones estando en el vientre de su madre…”, siguiere Dolto. Para destrabar estos conflictos lo mejor es lanzar algunas pistas que ayuden a calmar al joven en crisis.

La palabra es un recurso particularmente útil. A veces, hablar basta para solventar un problema. Otras, para que la palabra sirva de catarsis, la solución puede pasar por la presencia de un tercero. En estos casos se aconseja la asistencia de un profesional, pero no es obligatoria. En ocasiones esta función de oyente “neutral” puede ejercerla un amigo, alguien con quien el hijo se sienta cómodo y en confianza.

C. Maillard

Otros contenidos del dosier: El niño adoptado

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