Menús progresivos de 6 a 12 meses

Hay que aumentar la cantidad de bebida, incluida la de entre horas, cuando hace calor o el ambiente está seco. El niño no debe tomar gaseosa, no puede digerirla. El gusto evoluciona con el paso de los meses, a la vez que se pasa progresivamente de los líquidos a los semilíquidos, de los semilíquidos a las texturas consistentes, de las texturas consistentes a las grumosas y de las grumosas a los trocitos.

El desayuno

Si al niño le gusta tomar el biberón de la mañana, no existe ningún motivo para suprimírselo. Puede beber de 200 ml a 250 ml de leche de continuación, sin olvidar unas cuantas cucharaditas de cereales especiales para niños. En este momento, la mezcla puede ser más espesa que al principio. Debe tenerse en cuenta la consistencia preferida del niño. Para conseguir la consistencia deseada se tendrá que incluir mayor o menor cantidad de cereales para papillas, según el tipo y la composición. Empezar con un buen desayuno es fundamental. Si al niño no le apetece tanto el biberón, puede prepararle la mezcla en un bol y, de este modo, podrá tomar el desayuno con usted.

El almuerzo

Entrante. Puede consistir en dos o tres cucharaditas de verduras crudas, trituradas.
Segundo plato. Al principio, está formado por un puré de verduras trituradas y, posteriormente, hacia el 11.º mes, por verduras chafadas con el tenedor; también se venden purés para bebés desde 6 meses, deshidratados o listos para consumir. Sea cual sea el tipo de puré, se le añade una medida de la leche usada para el biberón (rica en hierro) junto con una pizca de mantequilla o media cucharadita de aceite. No mezcle siempre la carne, el jamón, el hígado, el pescado o el huevo duro (véase Cantidad diaria de carne, pescado o huevos, p. 442) con la verdura, a fin de que el niño aprenda a distinguir los sabores... y los colores. Para preparar una comida con rapidez, puede añadir a los potitos una medida de la leche en polvo y un poco de materia grasa.
Postre. Un yogur o dos o tres cucharadas soperas de requesón, a los que se añade fruta cruda triturada o chafada, por ejemplo manzana o plátano (la composición del plátano es similar a la de la patata, así que conviene reservarla para las comidas con pocos cereales o pocas patatas), o fruta cocida, en forma de mermelada. Hacia los 10 meses, el niño puede empezar a tomar rodajas finas de fruta pelada, que se chafan con facilidad (melocotón y pera, en especial) y queso blando.

La merienda

Sin duda, todavía consistirá en el biberón (de 200 g a 250 g de leche de continuación); si al niño ya no le gusta tomar el biberón, puede sustituirse por un bol de leche con cereales para niño; con la misma leche pueden prepararse también unas natillas: la leche hervida aporta la misma cantidad de hierro. Poco a poco, se irá añadiendo una o dos galletas o cortezas de pan (la miga es indigesta si no se mastica bien), o un biscote chafado en un poco de leche, o incluso fruta cruda triturada o bien cocida, en forma de mermelada. Vigile al niño cuando le dé alimentos en trozos: corre el riesgo de llevárselos enteros a la boca y no poder sacarlos.

La cena

Contenido de la cena. Se añadirá leche de continuación (de 200 g a 250 g) al puré de verduras, tapioca o sémola, que el niño tomará con biberón o con cuchara, según la consistencia. Puede sustituirse por una sopa de verduras con una medida de leche en polvo. Varíe las verduras y las mezclas; evite el pimiento morrón y las hojas de col, que son indigestos; puede utilizar a veces sopas y purés deshidratados o listos para comer y los potitos para niños desde 6 meses. Si se ha incluido carne, un poco de huevo duro (la clara y la yema) o pescado en el menú del almuerzo, no debe volverse a incluir en la cena.
Postre. Si ha tomado un producto lácteo en el almuerzo deberá constar de mermelada de frutas o de una fruta cruda, triturada.

La anorexia del lactante

La necesidad de alimentarse es instintiva en el lactante, pero comer se convierte también muy pronto en un acto voluntario. El apetito y el placer que le procura esta actividad se encuentran estrechamente relacionados con su humor, con las relaciones que mantiene con sus padres y las que éstos mantienen con él, en particular su madre, ya que, por regla general, es ella la que se encarga de darle de comer.
Cuando un bebé se niega a mamar o a comer, en primer lugar se debe comprobar con el pediatra que no sufra ningún trastorno digestivo ni enfermedad orgánica. Si ese no es el caso y el niño sigue negándose a comer, y si no gana o gana muy poco peso con el paso de las semanas, puede que se trate de una anorexia de origen psicológico. Se trata de un problema poco frecuente, pero que se debe tomar en serio; no suele manifestarse antes del segundo semestre de vida. El bebé se niega a tragar o, incluso, a abrir la boca y a separar los labios, vomita los alimentos más o menos masticados, se agita y llora. La ansiedad de los padres, que intentan entonces obligarlo a comer por fuerza, sólo sirve para empeorar las cosas.
Para romper este círculo vicioso, el pediatra ayudará a los padres a valorar la cantidad de alimento que el niño realmente precisa y a confiar en su capacidad de adaptación.
Al margen de algunos casos excepcionales de anorexia grave que necesitan la ayuda de un psicoterapeuta, los lactantes «anoréxicos» no son menos despiertos y precoces, aunque sean menudos. Crecen despacio pero se desarrollan a su ritmo. Así pues, su salud no siempre es preocupante.

Otros contenidos del dosier: Alimentación del bebé de 6 meses a 1 año

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