Desarrollo del niño a partir de los 6 meses

Entre los 6 y los 12 meses, el bebé vive un período de mucho movimiento y de grandes transformaciones. Domina cada vez mejor sus gestos y sus movimientos.
Diversifica los juegos y amplía los intercambios con las personas que lo rodean.

Crecimiento y alimentación

Ciertos bebés tienen el cráneo grande, otros lo tienen alargado. Algunos disponen de mucho cabello, mientras que otros cuentan con apenas un poco de vello en la parte superior de la cabeza. Los hay que tienen ya ocho dientes o más, y otros, ninguno. No existen normas: el cabello y los dientes crecen a su ritmo. No hay que inquietarse por ello: ¡siempre acaban saliendo! La talla y el peso del bebé siguen aumentando con rapidez. Los lactantes aumentan un promedio de 8 cm y de 2,5 kg a lo largo del segundo semestre de vida. Aún así, cada niño es distinto y se producen diferencias importantes de uno a otro.

Variaciones del apetito

Las variaciones del apetito acentúan aún más las diferencias físicas. Algunos bebés voraces se convierten en bebés grandes, rollizos y mofletudos. Otros se conforman con menos, regulan por sí mismos sus necesidades y crecen con menor rapidez que durante los seis meses anteriores; pierden algunos «michelines» y empiezan a tener un aspecto más estilizado. Es posible que el apetito del bebé disminuya en determinadas ocasiones, como al salirle un diente, por ejemplo. Además, hacia finales del segundo semestre, el niño empieza a elegir lo que come y acepta algunos platos, mientras que rechaza otros. Es importante permitir que el niño se desarrolle a su ritmo. Da lo mismo que el crecimiento sea más rápido o más lento, lo esencial es que sea regular.

Con los adultos

Al bebé le gusta asistir, sentado en la trona, a las comidas de la familia una vez terminada la suya. Si es comilón, aprovechará para aumentar considerablemente su ración; si no lo es, probará un poco de todo y se lo pasará bien con los trocitos de comida que le den. Pronto, querrá beber y sostener la cuchara él solo.

Los primeros juegos

El bebé, que había empezado ya a interesarse por los objetos, descubre realmente el placer de manipularlos entre los 6 y los 12 meses. Se vuelve más habilidoso, coge los juguetes sin titubeos y los examina con gran atención. Los toca, les da la vuelta en todas direcciones, los mira o se los ofrece a la persona que tenga cerca. Puede realizar cada vez más movimientos con los dedos y las manos, lo que le permite estudiar todo lo que lo rodea con mayor precisión. A partir de ahora, sabe que las cosas escondidas no dejan de existir. Así pues, es capaz de buscar un objeto que ha desaparecido, lo que da lugar a numerosos juegos con los padres. El poder que tiene sobre los objetos le intriga: tira un cubo y observa cómo cae; le gusta darle golpes a una campana para que suene; le divierte mucho hacer rodar una pelota por el suelo y seguirla.

La ansiedad del 8º mes

Hacia el 8º mes, el bebé se vuelve más consciente del mundo que lo rodea. Diferencia entre las personas próximas y los desconocidos y, a menudo, gira la cara al ver a personas que no conoce. Las dificultades y la ansiedad relacionadas con el hecho de tener que separarse de sus padres se manifiestan asimismo a la hora de dormirse. Es el momento de los llantos; el bebé se niega a aceptar la soledad de la noche y se resiste al sueño. Se despierta por la noche con mayor frecuencia. Necesita que lo tranquilicen.
Los padres deberán acompañarlo con cariño y firmeza mientras se duerme. Antes de acostarlo hay que reservar un momento de tranquilidad para prestarle atención. Resulta
útil darle un juguete que le resulte familiar y sirva para tranquilizarlo: un osito de peluche, un muñeco, un trozo de tela.

El osito de peluche, su objeto de seguridad o cualquier otro juguete especial

Cuando está ansioso, el bebé suele elegir un objeto, siempre el mismo, al que se abraza para tranquilizarse. Este objeto recibe el nombre de transicional, puesto que le permite llevar a cabo la transición entre el estado de fusión afectiva con su madre, experimentado durante los primeros meses de vida, y la nueva relación que tiene con ella, en la que pasa a ser una persona externa y distinta de él. Este objeto, que es muy importante para el bebé, le ayuda a superar la ansiedad de la separación. Debe ser siempre tenido en cuenta y respetado.

En poco tiempo, listo para caminar

Durante este período, el bebé realiza espectaculares progresos físicos, ya que se refuerza su tono muscular. Entre los 6 y los 9 meses, empieza a sentarse solo y se sostiene muy bien sentado. Por regla general, se desplaza a gatas cada vez con mayor habilidad. Empieza a ser capaz de ponerse de pie y de mantenerse en esa posición si se agarra a algo: la pata de una mesa, o el brazo de un sillón, por ejemplo. Efectúa progresos muy rápidos hacia la autonomía física. Sus nuevas aptitudes le permiten también utilizar hábilmente las manos y desplazarse sin ayuda para aumentar su campo de exploración.

¿A qué edad andará?

Cada bebé salva esas etapas cuando está preparado para ello. El tono y la fuerza musculares, así como el sentido del equilibrio varían mucho de un niño a otro. No existen normas. Es preferible no comparar las habilidades de dos niños, aunque sean hermanos. Deben abandonarse ideas del tipo «mi hijo tiene que andar cuando tenga 1 año» o «mi hija de 16 meses todavía no anda: tiene cierto retraso». Lo que cuenta es que cada progreso del desarrollo del niño (marcha, lenguaje, higiene) se produzca en el transcurso de un período concreto, que los médicos denominan «período sensible» y no a una edad determinada. Así, su hijo, como la mayoría de los niños, andará entre los 10 y los 18 meses, o incluso un poco más tarde; dentro de este período no puede hablarse ni de adelanto ni de retraso. Si les preocupa que su hijo todavía no ande, no duden en consultarlo con el médico.

Los primeros pasos

Al enderezarse para andar, el bebé consigue un logro importante. Pero todavía es inestable. Cuando está de pie, tiene la espalda arqueada y los pies separados. Su marcha, torpe y vacilante, recuerda la de un pato. Es la época de los «tambaleos», en la que el menor contacto es suficiente para hacerle perder el equilibrio. Empieza entonces el período de los chichones, fase delicada en la que el niño, aún frágil, sin conciencia del peligro ni de sus limitaciones, pero ávido de aventuras, corre el riesgo de hacerse daño. Para ayudarle en este período debe crearse un clima de «seguridad material y afectiva» a su alrededor, sin impedirle que tenga sus propias experiencias. Compruebe al máximo que el entorno es seguro y elimine los objetos peligrosos y las posibles causas de accidente. Anímelo en sus descubrimientos y permítale efectuar solo sus primeras exploraciones. Ayudarlo consiste también en mantener una estrecha relación con él, ponerse en su lugar y prever sus reacciones para prevenir los peligros reales, que solamente el adulto puede imaginar.

Ya juega solo

A partir de los 8, 10 o 12 meses, el niño se entretiene solo durante mucho rato. No hay que alejarse, pero tampoco interferir en sus juegos: cuando la necesite, el niño sabrá muy bien cómo indicárselo. Hay que proporcionarle todo lo que necesita para experimentar y descubrir cosas, es decir, los juguetes adaptados a su edad (cubos, sonajeros, peluches, juguetes de manipulación), pero también objetos corrientes (cucharas de madera, cajas de plástico, etc.). No se le deben dar demasiadas cosas a la vez, sino variarlas a menudo. No olvide que a esta edad se lo lleva todo a la boca: asegúrese de que los objetos que le da están limpios y no son tóxicos, y que no hay riesgo de que se los trague.

Otros contenidos del dosier: Todo sobre el bebé de 6 meses a 1 año

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