Evolución de los movimientos del bebé

Al cabo de pocas semanas, las manos empiezan a abrirse para coger objetos, las extremidades se aflojan y pierden su elevado tono original. Por contra, los músculos del cuello y de la espalda adquieren fortaleza: pronto puede mantener la cabeza erguida, girarla y levantarla del colchón. Boca abajo, puede incorporarse apoyado sobre los antebrazos y darse él solo la vuelta en la cama. Antes de sostenerse sobre las piernas y de desplazarse con un apoyo y, por último, de andar solo, atraviesa etapas intermedias: aprende a mantenerse sentado y a avanzar a gatas.

Sentarse

La edad a la que el niño empieza a mantenerse sentado varía mucho de un bebé a otro.
Por regla general, se sitúa entre los 6 y los 10 meses. Algunos niños, con un mayor tono muscular, realizan progresos motores rápidos. Otros, más «blandos», mantienen la espalda arqueada y se caen siempre que se intenta dejarlos sentados. Cada bebé progresa a su ritmo, y muy a menudo se trata del mismo ritmo al que se desarrollaron sus padres. En ciertas familias o en ciertos grupos étnicos, los pequeños se mantienen sentados y empiezan a andar de forma tardía. Sin embargo, a partir del final del segundo año, pueden hacer las mismas cosas que los bebés muy «adelantados», que podían sentarse a los 6 meses y que andaban antes de haber soplado la primera vela de cumpleaños. La precocidad o, por el contrario, el retraso que se observa en ocasiones en los movimientos del niño, reflejo de su tonicidad corporal, no aporta ningún indicio
sobre su desarrollo intelectual. Estar sentado precisa la participación de muchos músculos: los de la espalda, los muslos y la nuca. Esta postura suele resultar más cómoda para los bebés que tienen las nalgas rollizas. El niño, instalado en un principio en un asiento reclinable o afianzado por cojines, empieza, a partir de los 6 meses, a mantenerse en un equilibrio más o menos estable al estar sentado: arquea la espalda, inclina la cabeza hacia las piernas, extendidas en horizontal, e intenta apoyarse sobre ambos brazos. Esta posición se va estabilizando y reforzando con el tiempo. La cabeza del bebé se vuelve menos pesada, la espalda se le endereza y consigue mantenerse sentado sin la ayuda de los brazos, lo que le permite usar las manos para jugar y efectuar gestos.

A gatas

Ya en las primeras semanas, el recién nacido puede desplazarse en la cuna mediante movimientos de reptación para, por ejemplo, colocar la cabeza contra el extremo de la cama. A los 4 meses de edad, se incorpora sobre los antebrazos, levanta la cabeza con curiosidad e intenta replegar las piernas bajo la barriga para poder avanzar. De este modo empieza a desplazarse de un sitio a otro de la habitación. Por lo menos, ése es el caso de algunos bebés. También los hay que no andarán jamás a gatas: se encuentran muy a gusto sentados y pasarán directamente a estar de pie sin intentar moverse por otro medio que no sea andar. Otros, en cambio, no saben estarse quietos y encuentran la forma de desplazarse a gatas que más les conviene; por ejemplo sentados, doblando las piernas para deslizar las nalgas, de una forma que recuerda un poco a un remero.
Algunos de estos bebés inquietos no empiezan a andar hasta bastante tarde: no sienten deseos de ponerse de pie y correr el riesgo de una caída, cuando su técnica «a cuatro patas» les permite desplazarse deprisa con total seguridad...

Cuando el bebé se mueve por todas partes

Gracias a sus nuevas facultades, el niño se lanzará a descubrir el mundo. Intenta explorar las habitaciones donde están los mayores, lo quiere tocar todo y llevárselo todo a la boca, que sigue siendo un método de conocimiento privilegiado. Se ha terminado la época en que se quedaba prudentemente en la cuna. A partir de ahora, investiga el espacio de los adultos y se muestra dispuesto a destrozar todo lo que cae en las manos. Frente a un bebé lleno de vida y totalmente insensible a los razonamientos del adulto, la educación se vuelve bastante delicada. Los padres deben velar por la seguridad del niño (véase p. 254-255), respetar sus progresos y conservar, al mismo tiempo, su propia vida privada. A la edad de estas primeras exploraciones, no puede decirse no a todo lo que el bebé emprende. No es conveniente intentar someterlo a mil normas, sino que hay que mantenerse firmes en algunas prohibiciones, siempre las mismas. Se le debe conceder el derecho a moverse y a satisfacer su curiosidad. Esta sed de descubrimiento es, en efecto, un elemento motor fundamental en su crecimiento y su plenitud. Por lo tanto, hay que favorecerla, lo que no significa dejar que el niño haga lo que quiera de cualquier manera. Lo ideal es poder reservarle
un lugar libre de peligros, sin tomas de corrientes ni superficies donde pueda encaramarse: el parque, con sus objetos familiares, será el lugar donde puede tocarlo todo, sin riesgo de romper o estropear objetos que los padres valoran. Es preferible un parque de madera con barrotes, que permite al niño agarrarse y levantarse fácilmente, que los parques más ligeros con red. Fuera de este pequeño universo que puede estropear y ensuciar a sus anchas, conviene retirar las plantas, así como cerrar las puertas, los muebles y los armarios con llave (¡y quitar las llaves!). Si se dispone de una escalera interior, deberá instalarse una pequeña barrera. No debe dejarse una silla o un sillón bajo una ventana abierta, etc.

Jugar con objetos

Examinar. Después de jugar con su cuerpo (las manos, los pies, etc.), a partir de los 6 meses, aproximadamente, el niño se interesa por los objetos. Ya es capaz de sujetarse sentado y ha adquirido mayor habilidad para utilizar las manos como si fueran unas pinzas, de modo que puede coger los cubos (con la mano derecha tan bien como con la mano izquierda). Atraído por los colores y las formas, los examina con atención, aprende a reconocerlos y a distinguirlos: desarrolla su inteligencia.
Manipular. De este modo, el bebé se distrae solo mucho rato. Toma los cubos, los cambia de mano, los deja, los vuelve a agarrar, los desplaza, cuando no se los lleva a la boca... Construir y destruir una torre, coger los cubos y lanzarlos de forma repetida se convierte pronto en su juego favorito... y revelador: a la vez que mejora sin cesar su habilidad, el niño va adquiriendo conciencia del poder que tiene sobre las cosas.

Gatear

Cada cual con su técnica. A partir de los 4 meses, el niño se incorpora apoyado sobre los antebrazos, levanta la cabeza con curiosidad e intenta avanzar. Más adelante, sus movimientos, realizados con mayor dominio, se vuelven más eficaces. Pero cada niño tiene su propia forma de desplazarse: sobre la barriga, como un nadador; sobre las nalgas, o de lado sobre las rodillas, doblando las piernas como haría un remero, con las nalgas echadas hacia atrás…
Déjelo a su aire. No importa demasiado cómo lo haga. Déjele que adopte la técnica que más le convenga para conseguir lo que quiere. Anímelo en sus esfuerzos.

Descubrir, pero sin ningún peligro

El niño empieza a mantenerse sentado, a andar a gatas; puede, pues, escaparse de la vigilancia de los padres y hacerse daño. Le presentamos algunas reglas de seguridad para que pueda explorar el mundo sin peligro ni «sustos». No se debe poner jamás sobre una mesa una silla portátil con el niño dentro. Nunca debe estar sin sujeción ni vigilancia en la trona. No debe quedarse nunca solo sentado entre cojines. Cuando
empieza a desplazarse solo, hay que vigilarlo, aunque sin obligarle a moverse o impedírselo. No se debe refrenar sin cesar su curiosidad con un montón de prohibiciones, tan numerosas como incomprensibles para él. Conviene mantenerse firmes en algunas prohibiciones claras y bien elegidas, y dejarlo descubrir el mundo que lo rodea. No deben quedar a su alcance objetos pequeños que podría tragar.
Y, si quiere gozar de algún momento de total tranquilidad, no dude en instalarlo de vez en cuando en el parque.

Heridas y chichones

Para las heridas sin importancia, imposibles de evitar, existen algunas curas sencillas.
Limpie la herida con agua y jabón líquido suave, y luego desinféctela con un antiséptico líquido incoloro. Si la herida es pequeña y sus bordes se unen espontáneamente, cúbrala con una tirita. Si la herida, pequeña, ha dejado de sangrar pero los bordes están algo separados, cúbrala con un apósito de gasa estéril con un esparadrapo hipoalergénico y controle al cabo de cierto tiempo cómo evoluciona. Si la herida es más profunda, el médico deberá practicar puntos de sutura. Si se trata de un chichón, aplique con suavidad una pomada a base de árnica y una compresa con hielo.

Encaramarse a las cosas

A gatas. Ahora que ya puede no sólo moverse sino también desplazarse por sus propios medios, al bebé le encanta explorar el espacio en el que vive. Lo mejor es procurar no dejar nada por el suelo, excepto sus juguetes o sus muebles, que le proporcionan el apoyo necesario para ponerse de pie, lo que no es poca cosa: las nalgas todavía le pesan mucho y el equilibrio es inestable.
De rodillas, el bebé se apoya sobre las manos. Cuando encuentra un punto de apoyo más alto que el suelo, el campo visual del niño se modifica, se ensancha. De la misma forma, cuando se pone de pie agarrándose a los barrotes del parque o a los patas de una mesa, descubre cosas nuevas. Pronto empezará a encaramarse a los sillones y a escalar las sillas. Permita que lo haga, pero sin dejar de vigilarlo.

Otros contenidos del dosier: Todo sobre el bebé de 6 meses a 1 año

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