La comunicación y los juegos hasta 1 año

A partir de los seis meses, el niño empieza a repetir continuamente sonidos, sílabas; intenta imitar lo que oye decir a sus padres. Su voluntad de comunicarse con los demás crece, a la vez que comprende cada vez mejor lo que le dicen. Es el período en que empieza a jugar, no sólo con su cuerpo, sino con los objetos que intenta coger.
También llega la época en que podrá sostenerse sentado y pronto empezará a desplazarse solo, a gatas. Enseguida, querrá explorar el espacio que lo rodea, tocarlo todo y llevárselo todo a la boca. Para él los descubrimientos se multiplican. Para los padres, la educación se vuelve algo más complicada.

La comunicación

Tras el balbuceo de los primeros meses, ahora el niño se divierte asociando sonidos, formando sílabas, designando así los objetos y nombrándolos para que acudan a él. Estas primeras sílabas, que suelen ser ba, da, pa, ta, pueden designar todo tipo de cosas, ya que, si bien el niño empieza a interesarse por lo que lo rodea, sus medios de comunicación verbal son todavía pobres.

Cuando dice por primera vez pa-pa, puede estar pensando tanto en su padre como en su madre: le resulta mucho más sencillo pronunciar las consonantes sonoras como la p o la t que la m de mamá.Aprender a hablar no es una acción simplemente intelectual, sino que depende también del desarrollo afectivo, de cierta madurez. Para tener ganas de hablar con los demás, el niño tiene que haber roto previamente su relación exclusiva con su madre. Por otro lado, necesita recibir respuestas a sus «disertaciones»; respuestas que le permitirán enriquecer su lenguaje de forma progresiva.

Cuando esté con el niño, acostúmbrese a decirle algunas palabras mientras hace los gestos de la vida diaria. En especial, deben aprovecharse los momentos privilegiados del baño y las comidas para hablarle, evitando, dentro de lo posible, los ruidos «parásitos» de fondo (la radio, la televisión), que podrían distraer su atención. El bebé es particularmente sensible a las entonaciones y a la melodía de la voz. No dude en acentuar las palabras al hablarle. Si se le habla con un tono demasiado monocorde, no se sentirá inclinado a establecer el diálogo.

Los juegos

En las primeras etapas de su vida, el niño juega, sobre todo, con su propio cuerpo (los pies, las manos) o con el cuerpo de su padre o su madre. Pero, a partir del segundo semestre, empieza a considerar suyos algunos objetos. Ya es capaz de coger varios objetos a la vez, de pasárselos de una mano a otra, de identificarlos por el color, la textura, el movimiento y la sonoridad. Sabe manipularlos, diferenciarlos y reconocerlos. Le gusta llevárselos a la boca para chuparlos o morderlos, y lanzarlos lejos para intentar conseguir que vuelvan. Pueden situarse varios juguetes alrededor del niño en el parque o en un rincón de una habitación. Así, el bebé se familiarizará con este espacio de juego y elegirá por su cuenta los objetos que le gustan y que va a usar más a menudo.

¿Qué juguetes hay que elegir?

Para el niño, cualquier objeto puede convertirse en juguete, lo que no le impedirá ser especialmente sensible a los que se le ofrezcan. ¿Cómo elegir un juguete de entre los muchos productos que hay en el mercado? En primer lugar, es preciso que se adapte a las características físicas y a la edad del niño. A partir de los 6 meses y hasta los 18 meses, es mejor optar por juegos que favorezcan el despertar de los sentidos, el aprendizaje de la movilidad y la capacidad de imitación.

Los primeros juguetes. Los juguetes que se le ofrecen normalmente a un niño de entre 6 y 7 meses suelen desempeñar una función importante en su vida afectiva. Así pues, los peluches o las muñecas, preferiblemente de tela los primeros meses, se convierten con rapidez en un objeto de atención y de cariño para el niño e incluso, en algunas ocasiones, en un «objeto transicional» (véase p. 225). El móvil, cuando es un simple elemento decorativo, se colgará en un sitio que el niño no tenga constantemente a la vista. El bebé se sentirá muy atraído por sus colores, movimiento o música y querrá cogerlo y chuparlo. Así pues, se impone la prudencia. Pasados los 8 meses, los juguetes para el baño adquieren importancia: el niño, sentado en el bañera, puede utilizarlos para llenarlos de agua y volver a dejarla escapar.

Los juguetes de desplazamiento. Todos los juguetes de los que el niño debe tirar, o que tiene que empujar o hacer rodar, lo acompañarán en el aprendizaje de la marcha y le servirán para coordinar mejor sus movimientos. Los juegos de cubos que debe apilar o encajar desarrollan su habilidad y su inteligencia, ya que aprenderá a manipularlos con destreza y a reconocer su forma y su color. Con los cubos, el niño puede también dedicarse al juego de construcción-demolición, y al de coger y lanzar , ritual importante que indica hasta qué punto el niño adquiere conciencia del poder que tiene sobre los objetos.
Los juguetes para actuar como los adultos. Todos aquellos juegos en los que se debe golpear permiten al bebé expresar su agresividad, así como practicar para dominar sus gestos. También le ofrecen la ocasión de imitar a los mayores. Por otra parte, todos los juegos basados en la imitación del mundo real y de los adultos (teléfono, maletín de médico o caja de herramientas, cocinitas, granjas, garajes) ayudan sin duda a construir la personalidad.

Prevenir los peligros

A partir de los 8 o 10 meses, el niño empieza a moverse de forma autónoma. Pronto puede llegar hasta una gran cantidad de objetos. Si se le permite moverse a su antojo, hay que estar muy atentos a su seguridad (véase el recuadro) así como delimitar el «territorio» de los adultos poniendo fuera de su alcance las cosas que se aprecian. No se debe dejar que el niño manipule objetos demasiado pequeños que podría tragarse, ni los objetos cortantes o pesados que podrían dañarle. También hay que retirar las telas que se deshilachan (y con las que podría ahogarse), los objetos con una capa de pintura tóxica y los de cristal o de plástico que pueden romperse. El niño se sentirá atraído por multitud de cosas. Por lo tanto, hay que protegerle del posible peligro que representan los elementos domésticos: el fuego de la cocina, las tomas de corriente, las agujas de coser y de tejer, etc.

El lenguaje: ¿cuándo hay que empezar a preocuparse?

Hay que dejar que el bebé aprenda a hablar a su ritmo. Algunos niños aprenden muy deprisa y otros, no tanto. Sin embargo, si durante el primer año observa que el niño no balbucea o que deja de hacerlo, si le da la impresión de que no la comprende y no muestra interés cuando le habla, coméntelo con el pediatra. Éste analizará las distintas facetas de la evolución del niño y, seguramente, practicará un examen de la audición.

Otros contenidos del dosier: Todo sobre el bebé de 6 meses a 1 año

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