Natación para bebés, un baño de felicidad

¿En qué consiste?

Las actividades se realizan en grupo, en presencia del padre o de la madre y con un animador. En la piscina, el bebé no aprenderá a nadar, sino a jugar, a divertirse y a disfrutar, solo y a su ritmo, de un millón de experiencias.

El descubrimiento del agua pasa por 4 grandes etapas que se suceden durante las actividades realizadas:

  • Descubrir el agua, a sí mismo y a los demás;
  • Flotar, desplazarse;
  • Meter la cabeza debajo del agua;
  • Y entrar en el agua.

El bebé, al que primero acompañarán los padres y después nadará solo, se familiariza con el agua, que lo lleva y lo envuelve. Juegos, toboganes, colchonetas, planchas… todo ello le permitirá explorar nuevas sensaciones para divertirse solo, con sus padres o con otros niños. Según la edad, carácter y experiencia con el agua, cada niño evoluciona de forma distinta. Esta actividad va dirigida a niños de al menos 4 meses (deben estar vacunados) hasta 6 años. 

¿Qué aprenden?

Evolucionan divirtiéndose y experimentando nuevas sensaciones. En el agua, el niño adopta un comportamiento motor distinto del que utiliza en el suelo: se adapta a nuevas referencias, descubre posturas y movimientos inéditos y aprende a controlar su respiración. El niño desarrolla una afición por la actividad física, disfruta siendo autónomo y gana una buena dosis de confianza en sí mismo. Este entorno tan motivador también favorece su desarrollo psicomotor. Para muchos niños, la piscina también representa la oportunidad de entrar en contacto con la sociedad. Se sienten seguros porque están sus padres, por lo que se imitan, se observan, se buscan, se enfrentan y participan en juegos colectivos. Esta socialización precoz favorecerá la calidad de las relaciones futuras. Además es la ocasión perfecta para que padres e hijos se encuentren para jugar juntos y compartir nuevas experiencias. 

¿Saben nadar tan pequeños?

Antes de los 5 o 6 años, un niño no domina la coordinación de los brazos y piernas, lo cual es necesario para aprender a nadar. No se ha demostrado que los bebés que practican natación, aprendan antes a nadar que uno que jamás ha puesto un pie en una piscina. Sin embargo, si está acostumbrado al agua, este aprendizaje le resultará mucho más fácil.

Las actividades acuáticas motivan al niño a desarrollar un gusto por la actividad física y pueden catalogarse de una iniciación al deporte. Sin embargo, se han dado casos en los que niños que habían nadado de bebés odian los cursos de natación, ya que, para ellos, el agua es sinónimo de placer. 

¿Qué precauciones hay que tomar?

Hay que prestar especial atención a la temperatura. El bebé no debe pasar frío. Hasta los 18 meses de edad, el bebé no sabe combatir el frío, por lo que el agua de la piscina debe estar alrededor de los 32 ºC. Un bebé que tiene frío empalidece, se vuelve inactivo, muestra unos labios lilas e incluso le salen morados en el cuerpo. Ante la primera señal, es importante sacarlo del agua, calentarlo y darle algo de comer.

Los niños, ya sean pequeños o grandes, gastan mucha energía durante estas sesiones de natación, por lo que es imprescindible prepararle una comida a base de azúcares lentos y rápidos y dársela al menos una hora antes de ir a la piscina.

También puedes llevar algo de picar (zumo de frutas, yogur, pastelito) y comerlo en familia después del baño.

H. Huret

Otros contenidos del dosier: Todo sobre el bebé de 6 meses a 1 año

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