Su primer verano: cuidado con el calor

En casa, la temperatura ideal debe situarse alrededor de los 20-22°C. Pero, cuando se vive en un lugar en el que la temperatura puede superar los 35°C en periodo de calor, resulta difícil. Veamos los diferentes medios a nuestra disposición para que el bebé no sufra demasiado con las altas temperaturas.

Precauciones básicas

El bebé puede sentir el calor de la misma manera que sus padres. Los lugares del cuerpo donde más lo siente son la cabeza, las axilas, el cuello, la espalda, las partes cubiertas por el pañal y los pliegues de las piernas. Si se produce una obstrucción de los canales de drenaje del sudor, el niño puede sufrir de erupciones cutáneas y rojeces que le provocarán mucho picor.

Viste a tu niño con ropa ligera y de colores claros. Elige bien los materiales: algodón por ejemplo, que permite que la piel respire. Los días en que hace verdaderamente mucho calor, déjalo solo con el pañal. Cuida que el medioambiente del niño permanezca fresco y que el aire circule (abre las ventanas). Si puedes elegir entre aire acondicionado y ventilador, prefiere el segundo, sobre todo evitando que el aire no se dirija hacia él. No dejes jamás a tu niño encerrado en un coche, ni siquiera por un momento. Los cochecitos constituyen también una trampa pues contienen y conservan mucho el calor. Da al bebé varios baños por día, pero uno solo con jabón, luego enjuágalo bien con agua tibia, puesto que el agua fría refresca, pero luego el bebé tiende a transpirar aun más.

¿Los pliegues del cuerpo se cubren de rojeces? Procura que el niño en un lugar poco cubierto y en un sitio bien ventilado. Aplícale compresas de agua que aliviarán un poco los picores. Las cremas y los aceites no son aconsejables. Si el caso es grave, los médicos recomendarán el uso de antiinflamatorios.

Una exposición solar limitada

El sol es uno de los elementos indispensables para la vida sobre nuestro planeta, y también es fundamental para garantizar la buena salud de los niños (y de los adultos). Los rayos ultravioletas provocan reacciones químicas a nivel de la piel, que estimulan la síntesis de la vitamina D indispensable para el crecimiento. Por eso resulta ideal que los bebés a partir del mes de vida, tomen un baño de sol cotidiano; en bajas dosis, evidentemente.

Procura que sea entre las 8 y las 10 de la mañana, protegiendo siempre su cabeza con un sombrerito. Comienza por baños de sol de 5 minutos y luego extiende progresivamente la duración de la exposición. La duración máxima permitida sin protección solar es de 10 minutos. Si el bebé permanece más tiempo al sol necesita cremas específicas para bebés, con un índice de protección muy elevado (más de 30) sin olvidar renovar la aplicación del producto. Entre las 10 y las 15h permanece a la sombra y lejos de la playa, ya que la arena refleja los rayos solares.

¿Has abusado del sol? Haz que tu bebé tome mucha agua. Las compresas frescas también lo aliviarán. Pero si manifiesta la mínima molestia, consulta al médico. Le administrarán entonces un remedio a base de cortisona para reducir esta sensación de malestar.

La deshidratación

La deshidratación se produce con mayor rapidez cuando el niño sufre de problemas gastrointestinales.

Con el calor, los alimentos se deterioran más fácilmente. Una vez ingeridos, provocan diarreas y vómitos, lo que hace que el bebé pierda agua y minerales. El mejor indicador de una hidratación deficiente es una orina muy concentrada, oscura o insuficiente.  En los bebés, cuando la lengua y las encías pierden su humedad y los ojos se secan, se quedan sin brillo y el niño baja la cabeza, estamos frente a problemas de hidratación.  Otros síntomas son la somnolencia y la apatía, los dolores de cabeza e incluso, en los casos graves, la pérdida de conocimiento.

Si el bebé sufre de diarrea, haz que ingiera mucho líquido, pues el fenómeno de deshidratación se produce cuando se pierde más agua de la que se recibe. Puedes también prepararle un remedio de la abuela bien práctico y fácil de hacer: una cucharadita de sal y dos de azúcar disueltas en un vaso de agua filtrada y hervida. Sobre todo, nada de hielo o soda, ya que no solo no restablecen la carencia de minerales, sino que por el azúcar que contienen, se agravará la diarrea.

La piel del bebé

Un clima caluroso puede favorecer el desarrollo de erupciones cutáneas que provocarán picor e irritación en el niño. Si las zonas afectadas entran en contacto con bacterias, pueden infectarse y desencadenar una afección (contagiosa) llamada impétigo. El tratamiento de esta infección debe ser establecido imperativamente por el pediatra.

Una buena manera de mantener las defensas naturales de la piel es no recurrir demasiado al jabón. Por supuesto, nada te impide dar varios baños por día al bebé, pero entonces debes utilizar jabón solo una vez.

En tiempos de playa y piscina, la piel tan delicada del bebé debe ser incluso mejor tratada que antes de sus primeros baños. Recuerda que la exposición solar debe evitarse entre las 10 y las 16 horas, periodo de la jornada en que los ultravioletas nocivos son más intensos. Utiliza siempre un filtro solar elevado y renuévalo después de cada baño.

Niños de piel clara: en su caso es absolutamente necesario utilizar protecciones solares de un índice muy elevado, hasta 60. Los días de gran calor, sería bueno recubrirlos con esta protección (al menos las partes expuestas del cuerpo), incluso si no van a la piscina o a la playa. De este modo, se previene todo riesgo de cáncer de piel a futuro, ya que los efectos de los rayos de sol son acumulativos.

¿Qué tipo de alimentación?

La atención que se otorga a la conservación de los alimentos debe ser aún más elevada en caso de una jornada calurosa, especialmente en lo que respecta a la leche, propicia a la aparición de bacterias. Evita las grasas, las frituras y los productos industrializados, pues estos pueden ser agresivos para el estómago. Opta por alimentos frescos, frutas, verduras, zumos de frutas naturales y agua: son refrescantes y además aportan vitaminas, sales minerales y muchos otros elementos que ayudan a proteger al bebé contra eventuales enfermedades.

Sirve al niño comidas ligeras a base de frutas, verduras y carnes bien cocidas. Nada de frituras ni embutidos, platos salados o picantes; tampoco sopas ni quesos grasos. Evita dar al niño comida comprada en puestos ambulantes: puede haber estado mucho tiempo sin refrigeración o expuesta al calor, lo cual deteriora los alimentos. Dale agua varias veces por día, y si no estás en tu casa, opta siempre por agua mineral.

¿Tu bebé vomita o sufre de diarreas? Continúa dándole el pecho, el biberón o sus comidas habituales, pero dale además liquido entre las comidas. Si el niño ya está pálido, debes hacer que lo hidraten enseguida en un centro de salud por medio de un suero específico. A los bebés alimentados a seno materno, se les debe administrar este suero entre las mamadas. En el caso de los que se alimentan a biberón o papillas, se interrumpirán las comidas durante 4 a 6 horas, periodo en el cual solo se le dará el suero. Pasado ese plazo, se volverá a una alimentación normal.

Ante el menor signo de deshidratación, lleva al niño a un centro de salud o a una farmacia.

Demasiado tarde: el bebé sufre

A pesar de todas las precauciones, el bebé ha sido víctima del calor. He aquí las manifestaciones más comunes y lo que se debe hacer al respecto:

  • Sudamina

Llamada también miliaria, se trata de una erupción cutánea que se produce en caso de obstrucción de los poros de las glándulas sudoríparas (lo cual se traduce en una retención de líquidos). Si solo se trata de una retención, la erupción es transparente (miliar cristalina): es lo que sucede en las zonas expuestas después de un fuerte acceso de fiebre o una violenta quemadura solar. Las miliarias rojas van acompañadas de picores y rojeces; frecuentes en el lactante durante el verano, se instalan en las zonas de transpiración (axilas, huecos de los codos, cintura, tórax). Simplemente, lo que debe hacerse es evitar el calor y la humedad excesivas y adaptar la ropa del bebé a la temperatura ambiente (privilegiar siempre el algodón, que no bloquea la transpiración).

  • Quemaduras solares

Tu bebé ha estado expuesto a los rayos solares durante demasiado tiempo y su piel frágil lo está pagando. De aquí a 2 o 4 horas, le aparecerán rojeces, acompañadas de prurito. Si la quemadura es importante, pueden aparecer también ampollas e incluso un poco de fiebre. Aplícale compresas frescas sobre la zona afectada y una crema post-solar calmante. Si el problema es más agudo, consulta al pediatra; él te recetará una pomada apropiada. En caso de fiebre, el paracetamol o ibuprofeno ayudarán a hacerla bajar.

  • Golpe de calor

Dolor de cabeza, fiebre, piel seca y pálida, ojos húmedos, nauseas, vómitos: si el bebé reacciona así, significa que ha estado expuesto a temperaturas demasiado elevadas o que ha permanecido demasiado tiempo expuesto al sol. Instala al niño en una habitación bien fresca y humedece su cuerpo con una esponja (sobre todo el cuello y los puños). Dale un antipirético y llévalo al médico lo antes posible.

  • Impétigo

Se trata de una infección de la piel, contagiosa, causada por una bacteria (estreptococo o estafilococo) que exige un tratamiento a base de antibióticos. Incluye también la erupción de pústulas en la piel, la presencia de pus y la formación de una costra. El impétigo ataca generalmente al bebé después de su primera semana de vida, pero también más tarde. Se debe a un calor excesivo del cuerpo. No hay que cubrir demasiado al bebé, y sobre todo no con ropa de lana, ya que obstruye los poros.

Otros riesgos

Existen dos enfermedades cuya incidencia es más elevada en verano: el herpes labial y la conjuntivitis. El primero genera pequeños botones en los labios y en la mucosa bucal, que se transforman luego en heridas que tardarán una semana en cicatrizar. La conjuntivitis provoca rojeces en los ojos, los irrita y genera muchas lágrimas. El sol y el uso compartido de una piscina provoca un aumento de alrededor del 20% de estas infecciones (causadas por virus o bacterias). Los ojos del bebé corren riesgos si se los mete en piscinas abarrotadas o cuya agua no ha sido tratada correctamente. Si le pican los ojos, no permitas que se rasque.

Para prevenir las crisis de herpes causadas por el sol, cada vez que lleves al niño a la playa o a la piscina, aplícale un producto protector en los labios además de un filtro solar de índice 30. Evita besarlo si la crisis de herpes ya se ha manifestado. Existen una cantidad enorme de productos para impedir la extensión del virus y aliviar una crisis de herpes. En general, los médicos prescriben remedios por vía oral desde que aparecen los síntomas.

Para aliviar una conjuntivitis, deben limpiarse los ojos del bebé con suero fisiológico. No utilices ningún colirio sin previa autorización médica.

Aire acondicionado: uso moderado

Lo óptimo para el bebé es el aire natural. Debes pues ser prudente si utilizas aire acondicionado para refrescar el lugar en que duerme: por un lado seca el ambiente y por otro puede generar un frío excesivo. Si a pesar de todo lo eliges, presta atención a lo siguiente:

  • Enciende el aparato para refrescar la habitación cuando el bebé no está allí y apágalo unos minutos antes de su llegada.
  • Intenta mantener una temperatura regular y constante en toda la casa. Las variaciones bruscas de una habitación a la otra pueden afectarlo fácilmente.
  • Si la atmósfera ambiente te parece demasiado seca, utiliza un humidificador de aire.

Si debes ir con el bebé a lugares públicos donde hay aire acondicionado (tiendas, supermercados) deberás aumentar las precauciones: este aire en general es muy fuerte y el golpe de frío puede ser inmediato. Piensa en llevar alguna ropa ligera, o una simple tela para protegerlo.

Le doy el pecho a mi bebé. ¿Debo darle agua?

En principio, mientras el bebé es amamantado no necesita ningún otro líquido. Por el contrario, hay que alimentarlo a demanda, es decir, cada vez que lo reclame. Si hace realmente calor y el niño muestra signos de sed, mamará aún más, y tú producirás automáticamente más leche. Es tan simple como eso.

Cuidado: esto no quiere decir que el agua esté contraindicada. Si el termómetro marca una temperatura inhabitual, el bebé (sobre todo si se trata de un recién nacido) puede sufrir deshidratación. Aumenta entonces la frecuencia de las mamadas y dale un poco de agua pero con una cuchara para evitar que la tetina de un biberón interfiera con la lactancia.

Nacer en verano: una ventaja para el invierno

Si un  bebé viene al mundo durante el verano, en el corto plazo obtendrá un beneficio. En efecto, cuando llega el invierno (dicho de otro modo, la estación en que las enfermedades respiratorias son más frecuentes) tu niño tendrá ya 5 o 6 meses, su sistema inmunológico estará ya algo fortalecido y su organismo se defenderá mejor contra los procesos infecciosos.

L. Juillet

Otros contenidos del dosier: Todo sobre el bebé de 6 meses a 1 año

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