Cuidados especiales del bebé

Las nalgas

Aparte del momento anterior al baño, debe cambiarse con frecuencia al bebé (de cuatro a seis veces al día). Lo mejor es limpiarle las nalgas con una toallita humedecida o un algodón empapado con agua tibia y jabón líquido suave, y secarlo de inmediato. Si se produce una irritación (dermatitis amoniacal o de Jacquet, véase p.
190), puede aplicar una pomada cicatrizante sobre la zona afectada pero, si tiene dudas, consulte al pediatra. Si la irritación es intensa, conviene dejarle las nalgas al aire y usar pañales de algodón hidrófilo, poniendo las tiras directamente en la braguita de algodón y evitando así cualquier contacto con el plástico.

Los órganos genitales

Requieren cuidados especiales porque están particularmente expuestos a irritaciones.
En la niña. La vulva es una zona de secreciones; es necesario enjabonarla y aclararla de delante hacia atrás, prestando atención a los pliegues.
En el niño. Se debe desplazar delicadamente hacia atrás la piel que recubre el glande (el prepucio) y volverla a llevar con cuidado hacia delante después de haber limpiado la zona. Es muy importante no insistir si la manipulación resulta difícil. El niño estará igual de limpio aunque no se haya retirado la piel del glande. Hasta pasados varios meses, no existe riesgo de infección debido a un prepucio demasiado estrecho
(fimosis) (véase p. 395). Sólo es necesario observar si aparece enrojecimiento, calor o hinchazón inusuales, signos de una posible inflamación.

El cuero cabelludo

Para prevenir la formación de costras de leche debidas a la secreción de sebo, pase la mano empapada con jabón líquido suave por la cabeza del bebé y luego aclárela con agua abundante todos los días. No debe temerse tocar las fontanelas: éstas son flexibles pero resistentes (véase p. 138). Luego, puede utilizarse un champú suave especial para bebés, unas dos o tres veces a la semana. Si se forman costras, por la noche se untará la cabeza del niño con vaselina o con aceite de almendras y, a la mañana siguiente, se lavará y se aclarará; las costras humedecidas se desprenderán.
Unas gotitas de colonia para bebés (con poco alcohol) en la cabeza aportan una nota agradable después baño, aunque no son necesarias.

El cordón umbilical

Al nacer, se corta el cordón umbilical a unos centímetros del cuerpo del bebé. Gracias a los cuidados posteriores (véase p. 185), el trocito que queda debe secarse y caer espontáneamente antes del décimo día. Si pasados quince días no ha caído por sí solo, o si se enrojece, supura, desprende un olor desagradable y se forma un bulto, consulte con el pediatra. Tras la caída del cordón, en ocasiones persiste una pequeña hernia que hace sobresalir el ombligo; pero ésta desaparecerá de forma progresiva: no sirve de nada intentar reducirla mediante la compresión del ombligo del bebé.

La cara

Para limpiar la cara del pequeño, basta con un algodón empapado en agua previamente hervida y enfriada. Debe prestarse especial atención a los lugares escondidos: los pliegues del cuello y la parte posterior de las orejas, donde con frecuencia se presentan pequeñas lesiones con supuración y costras, que cicatrizan rápidamente con un antiséptico. Estas zonas deben lavarse regularmente y secarse con cuidado.

La piel frágil del bebé

La piel del bebé es especialmente sensible. Para evitar irritaciones e infecciones conviene seguir algunas reglas de higiene básicas: mantener la piel siempre limpia e hidratada, evitar las fricciones debidas a los pañales o a la ropa demasiado ajustada. A
pesar de todos los cuidados, pueden presentarse a veces ciertas afecciones, que precisan de asistencia médica.
Dermatitis amoniacal o de Jacquet. Se trata de una irritación frecuente en el lactante, debida principalmente a la agresión de la orina, las deposiciones y la flora bacteriana a la que se ven expuestas las nalgas. Si, a pesar de las precauciones (supresión de todos los productos causantes de alergias y utilización de pañales de algodón hidrófilo), las lesiones supuran, debe consultarse con el médico.
El eccema del lactante. Poco frecuente antes del tercer mes, normalmente se localiza en la cara (a excepción de la nariz y el mentón), detrás de las orejas y puede extenderse a los pliegues de las articulaciones, el pulgar y los pezones. La piel se enrojece por zonas, se forman pequeñas vesículas que contienen un líquido transparente, y el bebé siente la necesidad de rascarse. Debe consultarse con el pediatra.
El acné neonatal. Con frecuencia, a partir de la cuarta semana, se producen accesos de estos puntitos blancos sobre fondo rojo en la cara y el pecho. Pueden persistir durante varias semanas. Aparte de la higiene habitual, no existe ningún otro tratamiento preventivo.

Otros contenidos del dosier: Cuidados del bebé hasta 6 meses

Comentarios

Artículos destacados

Cosméticos básicos para el bebé
Cosméticos básicos para el bebé

La piel de los bebés es muy distinta a la de los adultos, lo que hace que sea imprescindible aplicarle unos cuidados...

El suelo pélvico tras el parto
Guía Doctissimo de los pañales
Malformaciones ginecológicas: ¿afectan al embarazo?
Pérdida de un bebé: cómo superarlo
¿Qué tipo de padre será tu pareja?

Valorando algunos comportamientos de tu pareja sabrás si será buen padre. Si los resultados de este test no son positivos,...

Hacer otros Test