Evolución del bebé hasta los 6 meses

No siempre resulta sencillo comprender las reacciones de un recién nacido. En el transcurso de las primeras semanas de vida, los padres pueden experimentar multitud de sentimientos. Algunos, agotados e intranquilos, tienen la impresión de que jamás conseguirán criar a su hijo. Otros se sorprenden de que el recién nacido les ocupe, de hecho, tan poco espacio. Las reacciones de la mayoría de padres se sitúan entre estos dos extremos. Todas ellas resultan comprensibles.

Del nacimiento al mes de vida

El recién nacido tiene la piel de color rosado, más o menos intenso. Presenta poco vello y, a menudo, cabello abundante. Se mantiene con los brazos doblados contra el pecho y los muslos hacia la barriga. El hambre es una sensación nueva que el bebé descubre a partir del momento en que se le corta el cordón umbilical. En la sala de partos ya es capaz de arrastrarse sobre el vientre de su madre para acercarse a su pecho. La búsqueda de alimentación favorece el resto de sus primeros «aprendizajes».
La repetición regular de las tomas, en un clima afectivo de relación mutua, le proporciona bienestar. Al satisfacer sus necesidades, se le ofrece una imagen acogedora del mundo. Estas primeras experiencias vitales le van aportando el sentimiento de existir.

La adaptación de los sentidos

El recién nacido duerme mucho, pero se producen grandes variaciones entre los que duermen mucho (20 horas de cada 24) y los que duermen poco (14 horas de cada 24).
El sueño rápido, o paradójico (véase p. 194), representa del 50 al 60% del sueño total y servirá para favorecer el desarrollo de las facultades de aprendizaje y de la memoria.
Cuando está despierto y tranquilo, el bebé muestra una capacidad sorprendente de atención y de intercambio con su entorno, y está dispuesto a responder a los estímulos que recibe de sus padres: sonrisas, palabras, mimos, etc. El oído, el gusto y el tacto habían empezado a desarrollarse antes del nacimiento. Una vez venido al mundo, el recién nacido descubre nuevas sensaciones. Abre los ojos, percibe los rostros y los contempla. Le gusta moverse, estirarse, gesticular e incluso arrastrarse. Pero también experimentará la gravedad, el vacío y la incomodidad. La ausencia de reacción visual durante los primeros días no debe ser motivo de inquietud. Es preciso que el recién nacido se encuentre en un estado de vigilia favorable; también es posible que esté fatigado por su nacimiento, o que tenga los párpados hinchados, o bien simplemente que sea más sensible a la voz y a las caricias.

De 1 a 4 meses

Al mes de vida, el recién nacido se convierte en lactante, cambio de denominación que responde a una transformación real. Físicamente es distinto, su piel es más pálida, a menudo marmolada; en ocasiones, presenta algunos granos de acné neonatal. En las zonas de roce de la cabeza, el cabello le empieza a clarear. Tiene un aspecto más fuerte, los muslos y las mejillas empiezan a engordar. Con el paso de las semanas, irá disminuyendo el número de comidas. Las tomas nocturnas desaparecen y los padres vuelven a conocer noches más tranquilas. Durante cierto tiempo, el bebé sigue reclamando una quinta toma a final de la tarde, pero lo más habitual es que antes de los 4 meses pase por sí solo a las cuatro o cinco comidas.

El descubrimiento de sus manos

El bebé va siendo capaz de sostener cada vez más la cabeza, de levantarla de la cama y de girarla. Las manos están menos «agarrotadas» y las abre. Con ellas, entra en contacto con los objetos antes de sujetarlos esbozando un movimiento de prensión. A partir del tercer mes, el bebé se observa las manos y empieza a jugar con ellas: toca el móvil que está colgado sobre su cama, se succiona el pulgar... Al principio, coge los objetos por casualidad pero, a partir del quinto mes, los coge de forma intencionada.
Al mismo tiempo, las fases de vigilia activa se prolongan y el bebé empieza a interesarse por el mundo que lo rodea. Sin embargo, le resulta difícil conseguir cierto equilibrio. Se trata de la época de los famosos «llantos vespertinos», en ocasiones tan
difíciles de comprender y de soportar. Es necesario armarse de paciencia: los llantos desaparecen en el transcurso del cuarto mes. A esta edad, el bebé precisa seguir un ritmo de vida estable; en la medida de lo posible, debe evitarse cualquier cambio intempestivo y mal preparado de su modo de vida.

Los intercambios

Cuando está solo en la cuna o en la hamaca, el bebé oye los ruidos, mira fijamente los objetos, sigue con la mirada el móvil que tiene cerca. Si se demuestra interés y alegría por sus primeros progresos, se favorece el estado de vigilia. Entre el primer y el cuarto mes, las relaciones entre madre e hijo se modifican día a día. Los intercambios pueden ser frecuentes e intensos, con la mirada, las sonrisas... Si se le dedican gestos y se le habla, él responde a su manera. A menudo, el rostro se le ilumina con una verdadera sonrisa. Sin darse cuenta, estas «conversaciones» se alargan y se diversifican; el bebé es capaz de iniciarlas o de interrumpirlas. Los intercambios lo tranquilizan y lo familiarizan con el mundo que lo rodea, de modo que le permiten afianzarse en la vida.

De 4 a 6 meses

A los 4 meses, el bebé se ha convertido en un lactante fuerte, rollizo y vigoroso, muy distinto del recién nacido delgado del primer mes. A partir del quinto mes, los progresos físicos e intelectuales del bebé le permitirán diversificar sus actividades y aprender a conocer, además de a sus padres, a las restantes personas de su entorno.

Un período tranquilo

Antes de los 6 meses, el bebé se vuelve sin dificultades y hace muchas piruetas; se debe tener cuidado para que no se escabulla, por ejemplo, cuando se el está cambiando. Adquiere conciencia de su cuerpo y empieza a explorarlo. Por regla general, encuentra cierto equilibrio y los padres pueden gozar de un período de mayor tranquilidad: el bebé duerme, come, juega, sonríe, balbucea. A esta edad, llora pocas veces sin motivo. Al jugar con él, el bebé empieza a tomar la iniciativa. Para ayudarlo a convertirse en un ser autónomo, es importante darle la oportunidad de expresarse y de realizar solo nuevas experiencias.

Las primeras separaciones

Durante este período, el bebé se da cuenta de que es un ser independiente de su madre.
A pesar de que se vuelve más independiente, siempre la necesita para que lo tranquilice y lo anime. Normalmente, entre los 4 y los 6 meses se confía el cuidado del bebé a una tercera persona, puesto que la madre vuelve a trabajar. Antes de empezar a dejarlo, es bueno que haya estado con la persona que lo cuidará, o en el jardín de infancia, acompañado por su madre.

¿Cómo sostener a un recién nacido?

Estas son algunas de las posiciones en las que el recién nacido se siente a gusto. La posición «de seguridad de base» consiste en colocar una mano bajo las nalgas y la otra detrás de la espalda, para evitar el estiramiento de la nuca y de los brazos. Al agarrarlo así, se le comunica el calor y la seguridad de llevarlo sostenido, y se favorece el intercambio visual. Al recién nacido le gusta también estar echado en el hueco que forman los brazos cruzados. Le gusta que lo mezan. Algunas veces, preferirá estar echado sobre la barriga en sus brazos. Para variar, manténgalo erguido contra su cuerpo, mientras le sujeta la cabeza, para que puede mirar por encima de su hombro.

Juego a dos voces

Hablen con el niño, sin alejarse demasiado. Sus palabras, la modulación y la entonación de su voz, que él reconoce, suscitan respuestas. Al principio, abre la boca como si quisiera expresarse emitiendo un sonido. Después, las vocalizaciones se convierten en balbuceo, en «gu-gus»... o en carcajadas. Le gusta que le respondan.
Para que pueda producir sus propios sonidos, se deben hacer pausas tras las palabras.
Un juego distinto consiste en usar un juguete que emita sonidos mientras se le canta alguna canción infantil.

Otros contenidos del dosier: Primeros meses del bebé

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