Pros y contras de la matronatación

Hace cuatro décadas que se estudian los beneficios de la Matronatación dirigida, es decir las clases de natación entre madres o padres y sus bebés. Lo que parece un juego o un momento únicamente lúdico es, en realidad, un aprendizaje y una manera amable de unir lazos afectivos entre el recién llegado y los familiares que participan en esas clases de natación.

Lo que menos importa en ese momento es que el pequeño aprenda a nadar; lo logrará con total autonomía a partir de los 4 o 5 años. Ten en cuenta que aún siendo un bebé está familiarizado con el medio acuático (ha pasado nueve meses desenvolviéndose entre líquidos en tu vientre) y lo que ahora conviene es la relación con sus progenitores, mejorar la psicomotricidad y la coordinación de movimientos así como anular cualquier fobia al agua.

Grandes beneficios

Algunos expertos recomiendan esperar hasta que el pequeño tiene 4 meses para familiarizarlo aún más con el medio acuático y apuntarlo a clases de Matronatación. Es, pasado ese tiempo, cuando el sistema inmunológico del niño ha logrado mayor equilibrio y se ha habituado a convivir con microorganismos externos. Introducirlo en una piscina antes de ese momento puede ocasionar alguna que otra infección oportunista.

En términos generales, los beneficios que aportan las clases de natación para bebés son:

  • Un aprendizaje para el pequeño. Dicen algunos estudios que facilitar al niño que, antes del año, tenga acceso a este tipo de experiencias es la mejor estimulación temprana, que logra acelerar su desarrollo mental y su capacidad intelectual y que, más tarde, sea un individuo más inteligente, creativo y observador.
  • Y también una enseñanza para los papás. No solo aprenden a ver cómo se va comportando su bebé fuera de los brazos paternos sino que también descubren cómo reaccionan ellos mismos (frente a otras familias y sobre todo frente a la pareja).
  • Estrecha vínculos afectivos entre todos, entre el pequeño y sus progenitores y también entre la pareja. Pero, para que eso ocurra, ambos deben sacudirse los miedos y actuar en consonancia y con total coherencia dentro del agua. Que uno se muestre seguro pero el otro inquieto, nervioso y angustiado no permitirá disfrutar de la experiencia. Lógicamente ante ese problema la solución está clara: información y planificación previa.
  • Mayor participación del padre. Si se desea llevar al pequeño en las primeras semanas de vida es conveniente hablarlo con el médico por si hubiera alguna contraindicación (una cicatrización más lenta de lo debido del cordón umbilical, por ejemplo). Pero si no hay impedimento, es el padre quien se encargará de introducirse en el agua y recibir al bebé de manos de la madre (ésta estará en el periodo puerperal y seguramente no deba introducirse en la piscina por riesgo de infección).
  • En todos los casos, lo más adecuado es iniciarse en esta práctica de la mano de profesionales experimentados, acudir a clases previas informativas y seguir las instrucciones durante toda la sesión en la piscina.

Otros detalles que debes tener en cuenta

Dependiendo de cómo se desarrollen estas sesiones en el agua, pueden ser una experiencia muy beneficioso o todo lo contrario. No olvides estos otros detalles:

  • Cuando cumple un año todo cambia. En los primeros meses de vida, el niño mantiene el reflejo de protección de la respiración y, por eso, dejará de respirar unos segundos mientras está bajo el agua. Sin embargo, ese reflejo se va perdiendo y al año es muy probable que no lo tenga y que se angustie más al zambullirse.
  • Ojo con sus pulmones. Recientemente se ha publicado un informe en el “European Respiratory Journal” que alerta sobre las piscinas y los bebés. Según el estudio, los niños que comienzan a nadar en piscinas antes de los 2 años podrían tener más riesgo de padecer infecciones pulmonares frecuentes, bronquiolitis e incluso asma. Al parecer, es el efecto del cloro que, unido a otras sustancias disueltas en el agua de las piscinas cubiertas, resulta irritante para los pulmones de los pequeños. Si tu hijo nació de forma prematura, consúltalo siempre con su pediatra y, en todo caso, escoge instalaciones donde no abusen de los productos químicos desinfectantes.
  • Piel atópica. Especial cuidado debes tener también si tu bebé tiene la piel muy delicada. Las sustancias que se utilizan para la desinfección del agua puede resultarle irritante y empeorar, por ejemplo, una piel atópica.
  • No a la sobreexcitación. Las clases de natación debe servir como aprendizaje pero también como relajación para el bebé que, poco antes, ha soportado un gran trance –el nacimiento, y especialmente hoy en día en que se producen demasiados partos medicalizados–. Por eso, no debes caer en el error de querer excitarlo o estimularlo demasiado. Evita los gritos, los chillidos y los movimientos bruscos. Háblale con lentitud y tranquilidad y, además de relajarlo, le estarás dando mayor confianza.

Documentación:

  • Nadar con bebés y niños pequeños”. Barbara Ahr. Ed. Paidotribo
  • Los bebés en el agua. Una experiencia fascinante”. Gemma Barbany Grau, Ed. Paidotribo
  • ¡Bebés al agua!”. Noemí Suriol Puigvert, Grup Editorial 62
  • Infant swimming in chlorinated pools and the risks of bronchiolitis, asthma and allergy”. A. Bernard et al. European Respiratory Journal
  • Early-years Swimming, adding capital to Young australians”. R. Jorgensen. Griffith University

Otros contenidos del dosier: Primeros meses del bebé

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