El sueño de 1 a 4 meses: adquisición de los ritmos del sueño

Alternancia del día y la noche

Para acompañar al niño en el aprendizaje del ritmo día/noche, se ofrecen a continuación algunos consejos que deberían facilitarle la adaptación sin brusquedades.
Diferenciar las tomas del día y las de la noche. Desde el comienzo, deben adoptarse rituales distintos. De día, los ruidos cotidianos, las voces o la música estimulan al bebé. Por la noche, todo debe estar en silencio. Conviene mantener este ambiente, reducir la intensidad de la luz, no hablarle demasiado ni intentar arrancarle sonrisas y volverlo a acostar inmediatamente después del eructo. Tras la última toma del día, es importante crear las condiciones adecuadas para irse a dormir: después de haberlo cambiado, póngale el pijama, acuéstelo, dele las buenas noches, corra las cortinas y apague la luz. Poco a poco, irá comprendiendo la diferencia.
Espaciar las tomas. Reducir, muy lentamente, el número de tomas nocturnas, con la oportuna modificación de la cantidad de leche, contribuirá a que pierda la costumbre de alimentarse de noche. A partir del segundo o del tercer mes, cuando el niño pesa alrededor de 5 kg, dispone de reservas suficientes para no precisar alimentarse por la noche. Si llora, no debe apresurarse en cogerlo ni a alimentarlo; es mejor dejarlo llorar un poco. Quizá todavía no se haya despertado del todo o bien aún no se haya llevado el pulgar a la boca para succionarlo, lo que le calmará del todo. Hay que dejar que vuelva a dormirse solo. Si persiste en el llanto, tranquilícelo en silencio y a oscuras, sin cogerlo. Hasta los 4 meses, el bebé no consigue dormir entre nueve y diez horas seguidas todas las noches, por lo que conviene responder a sus necesidades con tranquilidad y dulzura, pero también con firmeza.
No deje que el niño duerma con o cerca de usted. En especial tras el primer mes, es mejor que tenga, si no una habitación propia, por lo menos sí su rincón particular. Si duerme cerca, notará que están atentos a sus menores movimientos y deseos y le costará más organizarse el sueño por sí solo.

El llanto al final de día

Entre la segunda y la décima semanas, con un máximo de intensidad hacia la sexta semana, sucede a menudo, al caer la noche, entre las 17 y las 23 h, que el bebé empieza a llorar y a retorcerse, con todos los signos de un malestar intenso. Sin embargo, está limpio, ha comido bien, ha eructado, no tiene demasiado calor... Se trata de «la ansiedad del anochecer» (los pediatras hablan de disritmia vespertina). No existe motivo de alarma. Se trata de algo frecuente y pasajero, que corresponde a una fase de vigilia agitada y desaparece hacia el tercer mes. El bebé, que no dispone de otro medio para descargar la tensión que ha acumulado a lo largo del día, «se desquita». Estos problemas forman parte de la adaptación a los ritmos del día y de la noche y deben reconocerse como tales.
Debe mantenerse la calma y la paciencia. La duración de estas crisis diarias de llanto es variable, pero pueden llegar a superar las dos horas. Sin duda, un rato que pone a prueba la paciencia de los padres y del entorno, pero es preciso conservar la calma y la tranquilidad ya que, de lo contrario, el bebé se resentirá enormemente de la ansiedad que lo invade y los llantos adquirirán mayor fuerza. Evidentemente, no está prohibido consolarlo: mézalo con suavidad, en una ambiente de luz tenue, sin hablarle. Pero no hay que ceder con demasiada frecuencia, puesto que se corre el riesgo de que asocie el llanto con la obtención de los mimos que tanto le gustan.
No se debe recurrir a los somníferos. No existen medicamentos eficaces para los trastornos del sueño del niño; además, podrían poner en peligro el desarrollo del cerebro. Tampoco son aconsejables los jarabes que se utilizan con demasiada frecuencia y que contienen antihistamínicos (contra las manifestaciones alérgicas) o neurolépticos y benzodiacepinas (tranquilizantes).
No hay que atribuir los llantos a cólicos. Los dolores abdominales, que se producen de forma más irregular durante el día, no son suficientes para explicar estos llantos por la noche (véase p. 183). Otro posible error consistiría en interpretarlos como crisis de hambre. No intente alimentar al niño para calmarlo. Debe mantenerse la sangre fría y rodearlo de calma mientras se espera que encuentre su ritmo.

Otros contenidos del dosier: Sueño del bebé hasta 6 meses

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