Los terribles dos años o la primera adolescencia de los niños

La psicóloga Mónica Serrano, experta en maternidad consciente, crianza respetuosa y desarrollo personal, nos habla sobre un periodo que, por esa suerte de rebeldía que manifiestan los pequeños, a veces se califica de primera adolescencia.

Desde el punto de vista evolutivo, ¿qué le ocurre al niño en torno a los dos años?

En el plano motor se consolida un proceso que se había iniciado con el gateo. Ahora el niño camina con seguridad, corre, explora el entorno y se separa físicamente de la madre. También se separa de ella emocionalmente. Al principio el bebé se percibe como parte de su progenitora, pero hacia los dos años se da cuenta de que es un ser único e individual. Este es un logro muy importante que el pequeño necesita afianzar.

¿Y cómo lo consigue?

Oponiéndose. Por eso es la edad del no. El niño se autoafirma negando al otro. Es un proceso muy importante y por eso debe permitírsele. Es la única herramienta de que dispone para conquistar su individualidad. Es necesario que se le permitan todos los noes posibles, sin temor a que se convierta en un tirano o un malcriado.

Pero no siempre es posible transigir. ¿Cuándo ceder y cuándo no?

Eso debe evaluarlo cada familia, pero, en general, si el niño no quiere bañarse todos los días ni comer determinado alimento, no pasa nada. Lo mismo si no quiere usar zapatos cerrados ni ponerse el abrigo. Seguramente lo pedirá cuando tenga frío. Al negarse, el niño toma decisiones, lo cual es importante. Después hay límites objetivos, como los relativos a la seguridad. Digamos que hay que permitir tantos noes como cada uno pueda, porque hay cosas que para algunas familias son innegociables, pero para otras, no. Cada cual debe encontrar su propio equilibrio. A veces negamos al niño lo que pide no porque su demanda sea descabellada, sino porque como adultos necesitamos establecer nuestro poder. Sin embargo, es importante dejar que el niño decida siempre que pueda para evitar que se convierta en una persona sumisa ¡que querrá liberarse en cuanto pueda!

También es la edad del “mío”. Les cuesta mucho compartir.

Así es. Los niños están delimitando su espacio físico y los materiales son una extensión de su propio ser. El niño está formando su identidad y el no querer compartir es perfectamente normal.

Entonces, ¿debemos permitírselo?

Sí, pero también hay que acompañarle cuando alguien no quiera dejarle cosas a él. Ahí hay mucho aprendizaje. A los dos años el niño aún no tiene la capacidad de ponerse en el lugar del otro, la empatía no figura todavía entre sus habilidades emocionales. Poco a poco irá aprendiendo a compartir, es algo que surge espontáneamente.

¿Y qué hay de las rabietas? ¿Por qué aparecen?

Las rabietas son un síntoma de desarrollo sano y normal. Todos los niños las tienen porque están relacionadas con un proceso de maduración del cerebro. El berrinche es una respuesta a un estímulo externo que el cerebro emocional –la amígdala– percibe como un peligro o una amenaza. El neocórtex, la parte racional del cerebro, no termina de formarse hasta los seis años, por eso el niño pequeño queda preso de esa emocionalidad desbordante.

¿Y cómo deben actuar los padres ante los berrinches?

Lo mejor es ponerle palabras a lo que creen que el niño está viviendo, pero sin juzgarle. Tampoco hay que distraerlo porque debe apropiarse del proceso. Si quiere consuelo, se le ofrece, si no, se le deja tranquilo. Pero es necesario validar su emoción. En lugares públicos no siempre podremos ser pacientes y comprensivos. En esas situaciones lo mejor es coger al niño y llevárselo, pero manteniendo la calma.

Otro rasgo típico de los niños a esta edad es su deseo de autonomía. Quieren hacerlo todo solos.

Efectivamente.El niño, por su nivel de desarrollo motor y cognitivo y por esa sensación de propia competencia, empieza a buscar su autonomía; es algo que debemos permitirle, pero de manera cuidadosa y acompañada. Es importante que el niño satisfaga su deseo de hacer las cosas por sí solo.

¿Cómo se interpreta esa suerte de actitud desafiante que el niño muestra a veces? Muchas veces se dice que los niños buscan límites. ¿Qué opina?

Más que buscar los límites, los niños experimentan e investigan. Y respecto al desafío, yo lo veo más como una interpretación del adulto, una interpretación desde una mente y una capacidad cognitiva adulta. Un niño con dos años no puede tener la intención de desafiar al otro porque no tiene las habilidades cognitivas para entender los procesos mentales del otro. Por tanto, los desafíos o los chantajes no son posibles a los dos años. Lo que sí existe es un aprendizaje a través de la experiencia con los límites.

 

Más información sobre Mónica Serrano, en Psicología y Crianza

Otros contenidos del dosier: Aprendizajes del niño

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