Crianza de apego: ¿a favor o en contra?

Hace unas semanas, medios españoles o de otros países se hacían eco de la polémica que había despertado una portada de la revista Time que mostraba a un niño crecidito, subido a un taburete, succionando el pecho de su madre. El artículo correspondiente a la foto versaba sobre la crianza de apego, un abordaje que aboga, entre otras cosas, por amamantar por tiempo prolongado, dormir con el bebé y llevarlo colgado del pecho. El padre de esta filosofía, el norteamericano William Sears, asegura que el attachment parenting –como se conoce en inglés– da como resultado adultos “más empáticos y disciplinados”. Sin embargo, muchas madres han tachado el abordaje de impracticable y, sobre todo, machista, pues declaran que son ellas las que terminan “esclavizadas”.

Pero ¿en qué consiste realmente la crianza de apego? ¿Son tan excesivas las propuestas del pediatra? Sears, autor de más de 40 libros sobre paternidad y embarazo, asegura que su filosofía recoge conductas “naturales e instintivas” y que tan solo propone herramientas para facilitar el conocimiento entre padres e hijos.

Entre las “herramientas” que sugiere está el amamantamiento durante al menos dos años, tal y como recomienda la Organización Mundial de la Salud. Además de proveer nutrientes, la lactancia “promueve una buena química entre madre e hijo, al estimular la producción de prolactina y oxitocina, hormonas que estimulan a la madre”, dice el doctor en su web www.askdrsears.com.

Las madres que han mostrado su malestar por las teorías de Sears no cuestionan las bondades de dar el pecho, sino la imposibilidad de hacerlo cuando se tiene una vida profesional fuera de casa. Pero el especialista disiente; dice que es “justamente al revés”, ya que “la crianza de apego, adaptada al horario de los padres, ayuda a éstos a reconectarse con el bebé, lo cual facilita tanto el trabajo como la paternidad”.

La psicoanalista de niños y adolescentes Claudia Borensztejn opina que “está bien poder amamantar por tanto tiempo”, pero que no hacerlo “no condena ninguna crianza”. Y agrega: “Lo fundamental es no moralizar ni decir esto está bien y esto está mal, sino fomentar siempre el sentido común y el instinto de cada madre... y padre”.

Dormir con el bebé, un tema espinoso

Otra conducta que Sears recomienda es dormir con el bebé. Una práctica muy polémica que, sin embargo, está muy extendida en varios países (en India, más del 93% de los niños entre 3 y 10 años duerme con sus padres). El doctor Sears explica así las virtudes del colecho: “Ayuda a los padres a reconectarse con el bebé durante la noche. Éste es un periodo temible para los niños y dormir a una distancia que permita el contacto minimiza la ansiedad de la separación y ayuda a que el bebé aprenda que el sueño es un estado placentero y seguro”.

Pero ¿cómo afecta esta práctica a los padres? ¿Por qué es tan controvertida? ¿Es recomendable? “Recomendable no es”, dice Borensztejn.  “Son pocos los especialistas que dirán sí, duerman con el bebé. Es peligroso para el bebé recién nacido, que puede morir ahogado por los padres, y comporta una pérdida de intimidad para éstos, cuando lo deseable es que la quieran”, señala Borensztejn. No obstante, hay progenitores para los que dormir con el bebé es algo placentero que los reconecta con el pequeño, recuerda la terapeuta.

En cualquier caso, muchas de las “prohibiciones” han servido para evitar excesos. Costó mucho, por ejemplo, que los padres no tuvieran relaciones sexuales en la cama o en el cuarto con los hijos, algo que “llenaba a los niños de una excitación incontrolable”, explica Borensztejn.

Menos discutible es la importancia del contacto físico. En algunos países poco desarrollados, donde muchas veces no hay incubadoras, se ata a los bebés prematuros al cuerpo de la madre o el padre y el pronóstico es excelente. La práctica se llama padres canguros y remite a otra de las que promueve Sears: llevar a los niños colgados del pecho. En inglés recibe el nombre babywearing y sus ventajas, según muchos expertos, son varias: el bebé recibe más estímulos, aprende más cosas sobre su entorno y se porta mejor. Además, “llevar al bebé encima permite conocerlo más. La proximidad fomenta la familiaridad”, estima el doctor Sears.

El siempre necesario equilibrio

La crianza es un proceso en el que se deben tener en cuenta las necesidades del bebé, pero también las de la madre. “No hay que llenarlas de culpa si no pueden hacer determinadas cosas. El bebé necesita una madre sana y disponible que también sepa delegar cuando está harta. No vamos a hacer de la maternidad un culto al sacrificio”, insiste la psicoanalista.

El doctor Sears aboga igualmente por el equilibrio, porque “en su afán por cuidar del bebé, los padres olvidan las necesidades propias y las de la pareja”, dice. La clave de una “crianza equilibrada” –como ha bautizado otra de sus teorías– está en aprender a saber cuándo decir sí y cuándo decir no y, sobre todo, “en tener la sabiduría de aceptar ayuda cuando sea necesario”.

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