¿Debe ir mi bebé a la guardería?

Son muchas las polémicas que existen en torno a lo bueno o malo que supone llevar al bebé a la guardería y no existen sentencias milagrosas sobre cuál de las dos opciones es la más correcta. Al final, el llevar o no a un bebé a la guardería dependerá de la situación de los padres y del comportamiento del bebé, ya que no todos los casos son iguales y los motivos a favor o en contra se dan en ambas posturas.

Edad para iniciar la guardería

El primer debate surge entorno a la edad. ¿Cuál es la edad recomendada para llevar a un bebé a la guardería?. Los expertos indican que lo mejor es llevarlos entre los 18 y los 24 meses, una edad en la que el bebé ya empieza a adquirir cierta autonomía dando sus primeros pasos y diciendo sus primeras palabras. Consideran que antes, en sus primeros meses de vida, el bebé necesita de la figura del papá o la mamá para su correcto desarrollo emocional. Es decir, el bebé necesita de un contacto directo en todo momento que no puede ser cubierto por una cuidadora de guardería, por el simple hecho de que hay más niños a los que prestar atención.

Lo ideal sería cuidar del bebé en casa durante su primer año y medio de vida, de manera que siempre pueda estar acompañado por un familiar, y a partir de ese momento llevarlo a la guardería para favorecer su independencia y ayudarle a superar el miedo que se crea al separarlo de la madre. Esto favorecerá a que al empezar el colegio con tres años, al niño no le cueste tanto ir y estar sin su madre.

Riesgo de sufrir enfermedades

Es sabido por todos que en cuanto un bebé pisa una guardería es cuestión de semanas que contraiga alguna enfermedad. Este hecho es una de las principales razones por las que muchos padres se niegan a llevar a su bebé a la guardería, pero según un estudio llevado a cabo por un hospital de Canadá, lo cierto es que si el bebé va a la guardería antes de los dos años y medio, su sistema inmune se fortalecerá y esto le ayudará a contraer menos enfermedades en el futuro.

Sí es verdad, y ha quedado demostrado por diversos estudios que los niños que van a la guardería padecen más infecciones respiratorias y de oído que los cuidados en casa, pero una vez inician la escuela infantil estos datos se dan la vuelta. Ya que los bebés que han estado en la guardería han fortalecido su sistema inmunológico y sus defensas se han fortalecido, de manera que es menos probable que contraigan enfermedades.

Existe una excepción en la que los padres deben tener especial atención, aquellos bebés que padecen enfermedades crónicas como es el caso del asma. En estas situaciones es conveniente que antes de que los padres se decidan a llevar a su hijo a la guardería lo consulten con su pediatra, ya que se corre el riesgo de que la enfermedad pueda agravarse,  o que en el caso del asma, lo que empiece como una simple bronquitis se convierta en una enfermedad crónica. 

Desarrollo de habilidades sociales

La gran baza que siempre se ha resaltado de las guarderías es la ayuda que suponen para el desarrollo social de los niños. El hecho de que el bebé pueda rodearse de otros niños le ayuda a aprender a interaccionar con los demás, ser menos tímido  y aprender a compartir o comer solo. Esto no quiere decir que aquellos niños que sean criados en casa vayan a sufrir en el futuro carencias sociales, ya que al final, el comportamiento de cada bebé dependerá de su personalidad.

El hecho de ir a la guardería fomenta el desarrollo social del bebé, pero no quiere decir que el no ir le vaya a perjudicar, ya que la timidez o espontaneidad de los niños viene marcada por su forma de ser y su propia seguridad. Es algo común la existencia de niños que padecen timidez durante su infancia, pero que cuando encuentran su momento y se sienten seguros cambian radicalmente su manera de relacionarse con los demás, sin tener relación con el hecho de haber ido a la guardería o no.

En definitiva, no existe una única visión sobre si es mejor que el bebé vaya a la guardería o no. Las dos opciones tienen sus ventajas y sus inconvenientes, dependiendo la decisión final de la situación en la que se encuentre cada familia y el estado del bebé, teniendo en cuenta los casos en los que no existe opción de elegir, sobre todo por motivos laborales. Finalmente,  ni todas las familias, ni todos los bebés son iguales y cada una de ellas debe decidir en función de sus necesidades. 

 

Sheila Domingo Vellisca (EP)

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