El desarrollo de la inteligencia

Se han estudiado exámenes de inteligencia para medir tanto la capacidad intelectual global como el estado de desarrollo mental de un niño e incluso la forma de inteligencia, ya sea verbal o práctica. En 1905, el pedagogo y psicólogo francés Alfred Binet elaboró, junto con Théodore Simon, el test de predicción del rendimiento escolar con el fin de detectar qué alumnos en las aulas tenían dificultades. Los autores crearon pruebas sencillas cuyos resultados fueran representativos del comportamiento de la mayoría de los niños de una determinada edad. Establecieron 100 como el coeficiente medio.

La historia del coeficiente intelectual (C.I.)

Las pruebas del test de Binet-Simon se fueron modernizando y permitieron evaluar el desarrollo de la inteligencia a partir de la edad de 2 años, midiéndola cada seis meses hasta la edad de 5 años y cada año hasta los 14.

El análisis estadístico permite situar al sujeto en diferentes grupos:

Valor del CI

Análisis

Superior a 140

De inteligencia muy superior, superdotado o con una precocidad excepcional (0,4 a 0,8 % de la población)

120 a 140

Caso de inteligencia muy superior o superior o "mejor dotado" (3,5 a 10 % de la población)

110 a 120

Caso de inteligencia ligeramente superior o "bien dotado" (11 a 17 % de la población)

90 a 110

Inteligencia normal o media (45 a 60 %) 

80 a 90

Lentitud mental, inteligencia limitada (15,3 a 17 %)

70 a 80

Zona marginal de insuficiencia, lentitud, debilidad, zona que limita con el retraso mental (6 a 7,4 %)

Inferior a 70

Retraso mental

Una noción reductora

La noción del CI es muy discutida y no necesariamente indica el desarrollo psicológico de un niño. No hay que atribuirle a estas cifras una importancia mayor de la que tienen. El CI es sólo un indicio interesante que debe interpretarse en función del contexto y del resto de observaciones.

Si los estetas hubieran tenido la idea de calcular un coeficiente de belleza, elaborando cálculos en función de lo ancho de las caderas, del largo de la nariz o de la suavidad de la piel, todos se reirían. La belleza es una cualidad demasiado sutil para ser expresada en cifras. Lo mismo sucede con la inteligencia.

Dr. L. Rossant, Dr. J. Rossant-Lumbroso

Otros contenidos del dosier: Inteligencia infantil

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