Respetar el apetito del niño

Para la mayoría de las madres, la comida es un momento de satisfacción. La madre espera la hora del despertar y re regocija al tomar a su niño contra ella. Pero la comida no transcurre sin una cierta ansiedad latente. El deseo de criar a su hijo lo mejor posible crea en la mayoría de los padres angustias y culpabilidades. Todo está anclado en hábitos culturales, religiosos, étnicos. La madre se preocupa. Teme que el niño rechace el alimento que ella le da. De este modo, cuando surgen las dificultades alimenticias, la madre tiene tendencia a sentirse responsable y rechazada por el niño.

Pequeños y grandes comensales

La nutrición ocupa un lugar fundamental para garantizar un buen desarrollo del niño. A menudo, para compensar una falta de disponibilidad (trabajo de los padres, falta de tiempo, familias monoparentales) la madre tiene tendencia a alimentar a su hijo demasiado y mal, como si inconscientemente quisiera mostrar a su entorno que es sano, regordete y en consecuencia, que ella es una buena madre. Ahora bien, tanto en los niños como en los adultos, hay “grandes comensales” y “pequeños comensales”. Además, en una misma persona, el apetito puede ser fluctuante según el día. El niño, desde su nacimiento, ha aprendido a ceder pero también a satisfacer algunos de sus deseos. Todo esto se hace en una alternancia perpetua de obligaciones y autorizaciones. Los padres deben, pues, encontrar durante la comida, el justo medio entre ceder e imponer teniendo presente esta regla fundamental de la sensatez: un niño física y mentalmente sano jamás se deja morir de hambre.

No sean demasiado rígidos

Los adultos otorgan una gran importancia a la regularidad de las comidas y a una alimentación sana y equilibrada. En el fondo, tienen razón, pero los niños de 1 a 3 años no saben por qué es tan importante absorber vitaminas, proteínas, fibras y sales minerales en grandes cantidades. Han elaborado, desde hace mucho tiempo, su propia concepción de comida: “lo importante es que sea rico y que me guste”. Además, la monotonía no los asusta, al contrario. Son capaces de nutrirse exclusivamente con tal o cual alimento durante varios días a riesgo de rechazarlo luego definitivamente y lanzarse de lleno a la absorción metódica de tal o cual alimento. Un niño de 3 años que tiene diversas ocupaciones y centros variados de interés, es capaz de comer bien un día y luego no aceptar prácticamente nada durante varios días seguidos. Rechaza de un día para el otro el puré de zanahorias por el que se volvía loco anteriormente. La monotonía, los caprichos, las irregularidades son los aspectos más banales y más frecuentes de la alimentación a esta edad.

El apetito, el hambre, la necesidad de nutrirse están tan bien regulados por la naturaleza que no es necesario dejarse llevar por una cantidad de medidas coercitivas que están, la experiencia lo prueba, condenadas al fracaso.

Dr. Lyonel Rossant, Dr. Jacqueline Rossant-Lumbroso

Otros contenidos del dosier: Alimentación infantil de 1 a 3 años

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