Actividades artísticas del niño

Pintura, collage, dibujo

En el transcurso del segundo año de vida, el niño empieza a descubrir ciertas actividades como el collage de papelitos de colores, la plastilina o los juegos de construcción.
Tiene suficiente habilidad para jugar con los cubos, ensartar las anillas y encajar los objetos. También es el comienzo del período «artístico», en el que utiliza materiales diversos: la pintura, los rotuladores y los lápices de colores.
actividad en cualquier tipo de superficie (en la pared, arena, tierra, papel) con el dedo, con la mano o con la ayuda de un instrumento (lápiz, pincel, rotulador, etc.). La calidad de sus «obras» se ve limitada por su falta de habilidad y por su incapacidad para reproducir la realidad o los productos de su imaginación. Sin embargo, es aconsejable dejar que dé rienda suelta a su fantasía y permitirle usar técnicas originales con toda libertad. En el jardín de infancia, los niños pueden también usar pinturas (no tóxicas) en soportes amplios, sobre la pared o el suelo, con los dedos, las manos o incluso los pies, o bien con pinceles grandes. El resultado suele ser sorprendente en cuanto a las formas y la elección de los colores. En casa, pueden fijarse hojas grandes de papel en la pared, quizá adornadas con pedazos de telas, de cartulinas, hojas caídas de los árboles, etc.
garabatea por el placer de dejar su huella, lo que, en cierto modo, es una prolongación de su gesto. Hacia los 18 meses, adquiere conciencia de su gesto y elige el soporte:
papel blanco, cartulina de colores, una pizarra de plástico, etc. Es capaz de dibujar voluntariamente líneas horizontales o inclinadas. Hacia los 2 años, más hábil con las manos y con una mayor comprensión de cómo funcionan los objetos, intenta imitar la actitud de un adulto que escribe y realiza garabatos en espiral. Hacia los 3 años, atribuye sentido a las formas que dibuja, sin que exista el menor parecido con el objeto que presuntamente ha querido representar. En función de su disposición afectiva, una misma forma servirá para un gato en un momento y para su madre, un poco más tarde: está intentando crear un lazo afectivo y subjetivo con el adulto.

Música, canto, baile

Desde la vida intrauterina, el futuro bebé es sensible al ruido. ¡Y al niño le encanta armar ruido! En lugar de gritarle para que no lo haga, es mejor enseñarle a dominar los sonidos, a darles sentido, a distinguirlos.
ya puede familiarizar al niño con la música que a usted le gusta para intentar transmitirle sus preferencias.
Este baño precoz en la cultura musical de los padres orientará su sensibilidad pero es importante que, en el futuro, pueda expresar sus preferencias personales, influenciadas por la cultura de su época. También le gusta escuchar las canciones infantiles, en que las melodías y las palabras son sencillas, y le resultan fáciles de reconocer y de repetir.
forma de arte musical. Al responder de forma adecuada a sus llantos y a sus primeras vocalizaciones, los padres le transmiten la sensación de que puede expresarse con la ayuda de los sonidos y lo animan también a proseguir su exploración. Al acceder al lenguaje, descubre la variedad del universo sonoro: modula las entonaciones de la voz y se pone a cantar. Los objetos de la vida diaria se convierten en posibles instrumentos de música: un tenedor y una cacerola, dos vasos que tintinean al chocar, un pie que golpea los barrotes de la cama... Poco a poco, el niño reconoce los distintos sonidos y, un día, intenta reproducirlos con un cierto ritmo. El ruido se convierte entonces en música. Se le pueden comprar instrumentos como un tamboril, un xilófono o unas maracas.

Desarrollar su imaginación

El material del artista en ciernes

Los lápices y pinceles que utilice deberían ser grandes y de colores. Cuidado con los rotuladores y las acuarelas: no deben ser tóxicos.
En la pared de la habitación del niño, puede fijarse a una altura conveniente (y hasta el suelo) una hoja grande de papel grueso, de cartón o de vinilo. El niño disfrutará decorándola con sus garabatos y resultará fácil de limpiar. También se puede instalar este panel en la cocina, donde, en determinados momentos estará en mejores condiciones para controlar al pequeño «artista».
Póngale un babero de plástico y convierta esa molestia en ritual: su «vestido» de pintor. Aproveche las hojas de papel, reutilizando por ejemplo las que ha impreso con el ordenador. Va a consumir grandes cantidades, de modo que, si quiere evitar que dibuje en el mantel, tendrá que disponer de existencias.

Otros contenidos del dosier: Relaciones afectivas del niño

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