Actividades culturales del niño

Los libros

A partir de los 18 meses, al niño le empieza a gustar que le cuenten cuentos, que le comenten las ilustraciones de los libros. Aun cuando no siempre comprende el sentido de la historia o algunas palabras, es sensible al tono de voz, al color y al ambiente que crean las ilustraciones.
La lectura es un momento de intercambio intenso entre el niño y los padres, ideal para los mimos, que forma parte del rito de acostarse (véase p. 244).
Hacia los 2 años o los 2 años y medio, el niño va comprendiendo cada vez mejor el sentido de una historia.
Para que se lo pase mejor, conviene contarla de forma expresiva, con muchos comentarios, gestos y expresiones, y cambios del tono de voz en función de los personajes. Cuando sepa hablar, muchas veces se contará historias él solo. A través del libro, el niño descubre el mundo, la vida cotidiana, la naturaleza, las técnicas, las costumbres de otros países o los animales.
Dicho de otro modo, explora y alimenta su imaginación.
Durante este período los libros desempeñan una función de distracción y de desarrollo del conocimiento, y predisponen al niño para todo lo que tendrá que aprender. No es preciso esperar a que vaya a la escuela, pueden inscribirle en la biblioteca más cercana.

Los espectáculos

El niño tiene los ojos bien abiertos para observar el mundo que lo rodea. Todo lo que ve, es para él un espectáculo.
De este modo alimenta su imaginación de aventuras en las que puede participar. Vale la pena brindarle la oportunidad de enriquecer su experiencia mediante espectáculos originales, como las marionetas o el circo. La sala oscura del cine o del teatro, aunque la película o la obra estén destinadas al público infantil, no son aún adecuadas para él.
- Las marionetas. Este espectáculo es especialmente apto para niños de menos de 3 años, ya que les hace participar en la acción, se les pide que respondan, que gri- ten, que den palmas. En él intervienen Guiñol, el lobo y otros grandes personajes míticos como las princesas, los reyes, los magos, las brujas, etc. Los niños se identifican con los personajes y gozan intensamente. Una vez iniciados, les gustará inventarse su propio espectáculo.
Cualquier cosa puede convertirse en una marioneta en la yema del dedo: un dedal, un personaje hecho con trozos de fieltro, un guante viejo decorado... Se puede ayudar al niño a confeccionar marionetas y a representar una historia detrás de un escenario improvisado.
- El circo. A partir de los 2 años, este espectáculo poético, con los acróbatas, los payasos, los malabaristas y los animales, encantará al niño. Es preciso que la representación no sea demasiado larga y que el niño esté lo suficientemente cerca de la pista para que se interese el tiempo necesario.
- El cine. Es aún un poco pronto para llevar el niño al cine (o al teatro). Las salas están a oscuras, a menudo la película es demasiado larga y no puede mantener mucho rato la atención en una historia que no siempre comprende y en la que ciertas escenas pueden asustarlo.
Además, no dispone de la posibilidad de intercambiar fácilmente sus impresiones ni de preguntar las cosas que le preocupan.

La pequeña pantalla

Al margen de las pocas emisiones concebidas especialmente para los pequeños o de los dibujos animados, la televisión no está adaptada para niños de menos de 3 años. El vídeo, en cambio, que permite grabar y, por lo tanto, seleccionar los programas de calidad que corresponden a su edad, es un medio de familiarizar al niño con esta máquina asombrosa de imágenes que ocupa un rincón del salón.
- La televisión. El niño está fascinado por un flujo de sonidos y de imágenes que no comprende pero que se imprimen en su memoria y, algunas, lo perturban. Mira, sin poder asimilarlas, emisiones que no están adaptadas ni a su fase del desarrollo ni a sus facultades de aprendizaje, lo que le provoca agitación y fatiga nerviosa.
- El vídeo. Los dibujos animados, las películas de animación o los documentales sobre animales, de duración razonable y en los momentos que se consideren adecuados, servirán para alimentar la imaginación o la curiosidad del niño. Pero, esta práctica es menos pasiva:
antes de dejarlo solo frente a las imágenes, es preferible que los padres las comenten con él; se establece así un intercambio fructífero que puede ayudarle a comprender el mundo.

Orden y desorden

Montar en el triciclo o jugar a la pelota en el pasillo o el salón no son, evidentemente, actividades demasiado adecuadas el hogar. Sin embargo, el niño debe contar con la oportunidad de dedicarse a ciertas actividades físicas dentro de casa.
Empujar o tirar de un gran camión lleno de cubos, subir escaleras, encaramarse al sofá y bajar, sentarse en un animal de balancín, jugar en la bañera o bailar al ritmo de una canción infantil, por ejemplo, le permitirán entretenerse mientras espera la hora del paseo. Conviene recordar que, hacia los 18 meses, al niño le encanta desordenar las cosas, pero también ordenarlas: pronto se da cuenta de lo que no está en su sitio. Aproveche la ocasión para pedirle que la ayude a ordenar los juguetes de su habitación o el armario de los zapatos, que vaya con usted a meter la ropa sucia en la lavadora, etc.

Otros contenidos del dosier: Relaciones afectivas del niño

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