Actividades físicas del niño

Si bien el campo ofrece un marco ideal para este tipo de actividades, el niño de ciudad podrá liberar algo de su exceso de energía en los jardines públicos.

Los juegos con el agua

El niño está familiarizado con el agua desde antes del nacimiento. En casa, habrá podido comprobar un montón de veces las virtudes calmantes del agua al dejarlo jugar en el lavabo o en la bañera (¡siempre bajo vigilancia!) con algunos juguetes flotantes.
Algunas piscinas públicas o gimnasios disponen de instalaciones adecuadas para el baño de los más pequeños a partir de los pocos meses de vida. En una franja horaria reservada, sin mucha de gente a su alrededor, el niño, provisto de flotadores y de salvavidas, bajo la atenta vigilancia de los monitores o en compañía de sus padres, chapotea y se divierte; en cierto modo, aprende a nadar.
Al margen de este ámbito privilegiado, no es aconsejable llevar a la piscina a los niños menores de 2 años, debido al ruido, al bullicio... No se debe dejar nunca al niño sin vigilancia en una piscina. Bajo supervisión, el niño adquiere, chapoteando de este modo, una autonomía tranquilizadora para él y sus padres, vence el miedo al agua y prueba juegos acuáticos diversos. No sabrá nadar realmente hasta los 5 o 6 años; es inútil obligarlo antes.

Los jardines públicos

Los elementos de los jardines públicos permiten al niño divertirse con toda seguridad, fuera del alcance de los coches y lejos otros peligros de la ciudad. La mayoría de los jardines disponen de una zona de arena o de hierba.
Otros poseen estructuras para escalar, toboganes, columpios, ruedas giratorias, subibajas y, a veces, tiovivos. Allí, el niño hará sus primeros pinitos con el triciclo. Además, conocerá a otros niños y, para los que están mucho en casa, es la oportunidad de iniciar una vida social.

La naturaleza y los animales

Por regla general, a los niños les gusta la naturaleza, se encuentran a sus anchas en ella y les encanta explorarla.
Están especialmente fascinados por todos los animales.
Las hormigas, las mariquitas, las lombrices, los lagartos, las vacas, las gallinas, los conejos o los pájaros... multitud de animales extraños por descubrir. Aunque muchos de los niños que viven en grandes ciudades sólo conocen la naturaleza que ven en un parque público, les gusta descubrir las flores y los gorriones.
- Placeres insustituibles. El niño que no tiene ningún tipo de contacto con la naturaleza se pierde muchas ocasiones de satisfacer su curiosidad y de despertar su sensualidad.
Jugar en la hierba de un prado, respirar el olor del heno recién cortado o admirar un campo de amapolas son placeres sencillos pero insustituibles, que no deberían ser sólo disfrutados por los niños que viven en el campo.
Si se vive en la ciudad, hay que procurar llevar con la mayor frecuencia posible al niño al campo, a la montaña o al mar, a la espera de que haya crecido lo suficiente para ir de colonias o de excursión (véase p. 325). Si les resulta difícil escaparse del medio urbano, pueden llevar al niño al zoo, al acuario o al jardín botánico más cercanos.
- Los peligros que hay que tener en cuenta. Existen plantas y animales venenosos, por lo que se debe advertir al niño desde su más temprana edad. Hay que prohibirle claramente, por ejemplo, comer las pequeñas «bolitas rojas» que penden de las plantas, acercarse a las abejas posadas sobre una flor, etc.
Si hay un animal doméstico en casa (véase p. 296), se debe explicar al niño que debe respetarlo y no tirarle de la cola ni de las orejas. Los gatos o los perros que reciben este tipo de agresión pueden responder con un arañazo o un mordisco. La mayoría de accidentes provocados por animales domésticos se produce entre los niños de 1 a 3 años de edad.

¿Practicar deporte antes de los 3 años?

Los tres primeros años de vida son los del desarrollo psicomotor natural y no los del ejercicio. El deporte requiere esfuerzos musculares coordinados, resistencia y concentración, cosas que resulta prematuro e incluso peligroso exigir a un niño de menos de 3 años.
Una actividad parcial que desarrollaría una capacidad antes que otra podría perjudicar el crecimiento y el equilibrio del niño. Así pues, resulta exagerado hablar de deporte al referirse a las actividades físicas del niño. A esta edad, sólo hay que pensar en el juego.

El placer de derrochar energías

También es inútil pretender que el niño respete las reglas del juego que no están pensadas para él. Hay que dejarlo correr, saltar, ir a gatas o encaramarse como le plazca. Las únicas limitaciones son las que impone su seguridad. Le gusta montar en triciclo pero no sabe aún ir en bicicleta de dos ruedas. Le encanta dar patadas a un balón, pero no podrá jugar al fútbol hasta pasados unos años. Le gusta correr y saltar, pero eso no es atletismo.
Se mueve con gracia, pero no se trata aún de danza. Se debe fomentar esta actividad física bajo la mirada atenta y paciente de los padres.

Deporte con los padres

Para que comparta sus actividades deportivas y llevarle, por ejemplo, a montar a caballo o a esquiar, tendrá que esperar a que tenga 3 años bien cumplidos, aún en el caso de que sea usted un jinete o un esquiador consumado. Es preferible un paseo en bicicleta, si el tiempo lo permite y si el circuito elegido es apropiado.

Otros contenidos del dosier: Relaciones afectivas del niño

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