Los juegos imaginarios y de ficción

Cuando era más pequeño, al niño le gustaba, sobre todo, manipular los objetos por su forma, su consistencia o su color. Ahora, construirá verdaderas historias alrededor del juego, con sus palabras y con los gestos de la vida diaria. A partir del final del segundo año, empiezan los juegos imaginarios, que se van a desarrollar hasta los 6 años de edad. Asimismo, se multiplican las actividades que despiertan su atención, de tipo manual, artístico y físico.

Los juegos imaginarios y de ficción

La realidad diaria del niño sirve de base a su imaginación: juega a «simular que». Adopta papeles con o sin el apoyo de juguetes verdaderos. Interpreta secuencias de su vida cotidiana: juega a preparar un pastel, a servir el zumo de naranja, a bañar la muñeca, a acostar su osito, a conducir un coche, a llamar por teléfono... Luego imita escenas de su vida social: juega a hacer de canguro, de médico o de tendero. Un poco más adelante, los libros de cuentos o los programas que ven en la televisión inspiran sus juegos: es una princesa, un lobo, un indio o un cowboy, con pistola incluida. Hacia los 2 años y medio o los 3 años, el niño imita lo que ve en su entorno, reproduce los gestos y las entonaciones de los padres y de sus hermanos.

Jugar con los demás niños

El niño, muy encerrado en sí mismo hasta ahora, se va abriendo poco a poco al mundo. Descubre la vida fuera de casa y su imaginación se enriquece con modelos cada vez más variados. Aprende también que hay otros niños, se acerca a ellos y espera que jueguen con él. Su universo se ensancha y le cautiva cada vez más. Ya no se interesa sólo por él y por su relación personal con los objetos, sino que empieza a integrar a otra persona en su juego, a pedir su participación, a dialogar con ella.
Antes de los 3 años, sabe expresar su preferencia por un niño, que puede convertirse en un compañero de juegos privilegiado. Estas primeras amistades infantiles son intensas y, muchas veces, duraderas.

Expresar los conflictos

Juegos de niñas, juegos de niños

A menudo, el universo de juegos que los niños reproducen es distinto según el sexo. Si bien es cierto que, cada vez más, niños y niñas estudiarán los mismo y desempeñarán las mismas actividades artísticas o deportivas en el futuro, los padres, inconscientemente, se comportan de distinta manera con una niña que con un niño, lo que orienta el desarrollo de su identidad sexual desde el nacimiento.
Resulta difícil averiguar si el origen de esta actitud se sitúa en la presión social, afectiva y familiar o en diferencias reales de los intereses del niño. Hacia los 3 años estas divergencias de los intereses de unos y otras se hacen evidentes. Las niñas tienen mayor tendencia a jugar con muñecas, con la cocinita (aunque también les gusta a los niños) o a disfrazarse de mujer adulta. Los niños se divierten más disfrazándose de justicieros, persiguiéndose con el arma en la mano o dedicándose a su camión, actividades compartidas, a veces, por las niñas.

Juguetes y disfraces

Existen juguetes más o menos sofisticados para ofrecer al niño la posibilidad de imitar las situaciones reales (teléfonos, volantes de un automóvil, un maletín de médico, disfraces de todo tipo). Le permiten adaptar el mundo real a su escala y le ofrecen un apoyo concreto para vivir ciertas situaciones cotidianas (comiditas, garaje, granja, etc.) o extraordinarias (disfraces de hada, de princesa, de El Zorro, de guerrero galáctico, etc.). Sin embargo, muchas veces los objetos corrientes más simples sirven al niño para recrear un mundo a la medida de su imaginación.

¿Diestro o zurdo?

¿Con qué mano dibuja garabatos o coge espontáneamente lo que se le ofrece? Cuando juega a la pelota, ¿qué pie suele utilizar espontáneamente? Hacia los 9 meses, a partir del momento en que el niño manipula los objetos, muestra ciertos signos de su predisposición futura pero, por regla general, el predominio de la diestra o de la zurda no se reafirma hasta cumplidos los 3 años.
Hasta ese momento, utiliza las dos manos indistintamente. Si el niño no manifiesta ninguna tendencia particular, es aconsejable animarlo, sin insistir, a usar la mano derecha, poniéndole en esa mano los objetos que usa habitualmente: la cuchara, el lápiz, etc. Pero no se le ha de obligar a utilizar la mano derecha ni reprenderlo porque usa la izquierda.
Si da la impresión de ser más bien zurdo, no intervenga; coméntelo con el pediatra para que éste confirme esa tendencia: no hay que oponerse a ella.

Otros contenidos del dosier: Relaciones afectivas del niño

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