Vida afectiva entre niños

Los niños se reconocen y se atraen

Desde los primeros meses de vida, el bebé sabe distinguir entre un niño y un adulto. Se siente visiblemente atraído por la cara de otro niño, por sus expresiones, sus gestos y su forma de hablar, que muchas veces le hacen reír de forma espontánea. ¿Qué provoca esta atracción, la exuberancia del cuerpo o la vivacidad de la voz característica de los niños? Resulta difícil averiguarlo, pero lo cierto es que es así. Un bebé de 8 a 12 meses, en presencia de un niño desconocido no experimenta la misma desconfianza que si se tratara de un adulto (véase p. 223). A partir del momento en que puede andar, lo que le vuelve más independiente físicamente, manifestará aún más este interés por otro niño. Se le acerca con curiosidad, sin recelos, como si ya lo conociera, y quiere tocarlo. Pero, cuidado: sus gestos pueden volverse incontrolados o agresivos, de modo que conviene vigilarlo.
Hasta que no tenga más de 2 años no tendrá deseos reales de jugar con otros niños.

Juegos en solitario

A pesar de que se reconocen y se atraen, los niños no juegan realmente juntos antes de haber cumplido 2 años y medio, aproximadamente. Más bien juegan los unos al lado de los otros: cuando están juntos, sus actividades son paralelas.
En el jardín de infancia, las puericultoras y las educadoras se encargan de equilibrar los momentos de los juegos colectivos, en los que los niños se reúnen, escuchan el mismo cuento o la misma música, con los momentos de actividad individual, en los que tienen a su disposición distintos juguetes. Durante estos períodos de actividad libre, se constata que cada niño se interesa por encima de todo en su propio juego. Pero, si bien es cierto que los bebés de menos de 2 años no juegan juntos, la proximidad de sus pequeños compañeros les estimula la capacidad inventiva y a conseguir nuevas proezas. Poco a poco, dejarán de conformarse con observarse mutuamente. A los 2 años y medio son capaces de comunicarse hablando; sus gestos son más hábiles, más coordinados, y aceptan que uno de sus compañeros finalice una acción que ellos han iniciado. Pueden empezar entonces a compartir, a intercambiarse los juguetes, por lo menos durante un breve instante: este compartir dista mucho de ser consciente.

Compartir es difícil

Un niño pequeño se muestra siempre muy posesivo con respecto a sus juguetes. Desde su primer sonajero y, sobre p. 225) que le ayuda a separarse de su madre, mantiene una relación afectiva muy estrecha con los juguetes que ha elegido. Puede que este afecto sea de corta duración pero, en el momento en que se produce, es particularmente intenso: es como si el objeto formara parte del niño.
Como se trata de una relación casi pasional, carece de sentido intentar obligar al niño a desprenderse del juguete con el pretexto de que ha de aprender a compartir las cosas con los demás. Todavía no comprende esta noción y sólo puede manifestar su desacuerdo con gritos violentos. No quiere dejar su juguete porque, para él, separarse del mismo es demasiado cruel: eso no significa que sea egoísta. El aprendizaje de la vida en sociedad ya exige esfuerzos de adaptación importantes para un niño de menos de 3 años. No es razonable exigirle, además, que ceda a un tercero los objetos a los que tiene apego. Así pues, hay que tener paciencia y esperar un poco más: cuando tenga la suficiente confianza en sí mismo y se sienta a gusto entre los demás, podrá avenirse a dejar sus juguetes sin sentir amenazada su integridad.

Encuentros y juegos con los demás

  • Dé al niño la oportunidad de estar con otros niños.
  • No espere que, antes de los 3 años, ceda sin disgusto sus juguetes a otros niños, aunque los conozca mucho.
  • No le exija atención constante durante mucho tiempo cuando juega con él, cuando le cuenta una historia o cantan juntos.
  • Dele la oportunidad de jugar solo, incluso aunque haya otros niños de su edad o mayores que él.
  • Evite inmiscuirse con una actitud «sargento» en sus juegos con los demás niños. Podría convertir simples riñas en verdaderos conflictos.

Otros contenidos del dosier: Relaciones afectivas del niño

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