Mi hijo quiere dormir con papá y mamá: ¿qué debo hacer?

Miedo a dormir solo

La dificultad de los niños para conciliar el sueño alrededor de los dos años los lleva a querer dormir con sus padres. A esa edad, han abandonado la relación fusional con su madre y, por tanto, son una persona aparte, separada de ella. Sin embargo, cuando llega la hora de acostarse, su ansiedad sale de nuevo a la superficie. Al pequeño no le resulta fácil vivir como persona independiente y, en consecuencia, siente la necesidad de volver a la seguridad que lo confortaba de bebé. En definitiva, dormir solo le produce miedo y le gustaría refugiarse en la cama de sus padres.

La curiosidad del niño

El niño apenas empieza a descubrir el mundo, nunca deja de observar e intenta comprender el mundo de los mayores. Por tanto, también pretende entender el lazo afectivo que une a sus padres. ¿Mamá quiere a papá de la misma forma que me quiere a mí? ¿Por qué querrán estar solos? ¿Qué hacen cuando cierran la puerta de su habitación? Estas dudas avivan su curiosidad.

En caso de que realmente haya experimentado una pesadilla y necesite unos pocos mimos, se puede negociar con él advirtiéndole que se lo deja entrar en la cama de forma excepcional y solo por un momento. Hay que explicarle que los padres tienen derecho a estar a solas entre ellos y que no debe ponerse celoso por ello. La dificultad reside en que el niño respete la intimidad de los padres sin sentirse excluido.

Un comportamiento edípico

Si con más de tres o cuatro años sigue queriendo dormir con sus padres, lo más probable es que el niño esté rechazando la intimidad de la pareja, pues el miedo a dormir solo ya ha desaparecido. El pequeño intenta tomar el poder para ocupar el lugar de padre si es un niño o de la madre si es una niña. En ese caso, hay que mostrarse inflexible para que comprenda que existe otra persona. Si uno de los progenitores le ha dejado claro que no puede dormir en su cama, es importante que el otro no le lleve la contraria. El niño debe reconocer que su madre o su padre no le pertenece (prohibición edípica) y que la opinión del otro progenitor también importa.

A partir de los cuatro años, la prohibición debe estar muy clara: la cama de los padres representa una frontera que no se puede traspasar. Es fundamental prohibirle acceder a la cama de sus padres porque así le proporcionamos las referencias que necesita para estructurarse psicológicamente y crecer en un marco de total seguridad.

S. Rochefort

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