Soluciones a problemas del sueño

Antes de dejarse llevar hacia una conducta incoherente, lo que agravaría la situación, se debe intentar averiguar cuál es el problema. Es aconsejable consultarlo con el pediatra, quien podrá aconsejar la consulta a un psicólogo. Ayudar al niño a expresar lo que le provoca ansiedad, aunque todavía no sepa hablar, contribuirá a aclarar la situación.
No existe ningún medicamento eficaz para los trastornos del sueño en el niño. No se debe recurrir a los jarabes calmantes ni a los somníferos, ya que son peligrosos.

Nada de somníferos

Los somníferos desequilibran los ritmos fisiológicos y, por lo tanto naturales, del sueño del niño.
Perturban los centros de la vigilia y de la función respiratoria; poseen una acción depresora sobre la actividad cardíaca.
Provocan efectos secundarios: disminución de la atención del niño durante el día o, al contrario, agitación excesiva.
Comportan un efecto de habituación, que conduce a un aumento de las dosis. Acostumbran al niño a una respuesta farmacológica cuando se presenta un problema, lo que origina un estado de dependencia.

Encontrar el ritmo adecuado

La necesidad de sueño del niño de 1 año es de unas trece a quince horas al día y se estabiliza alrededor de once horas hacia los 3 años.
A partir del año, el niño duerme una única siesta, al principio de la tarde, más o menos larga en función de la duración del sueño nocturno. Así pues, se puede afirmar de forma general que, cuanto más largas son las noches del niño, más corta será su siesta y a la inversa, aunque estos datos varían de un niño a otro. ¿Duerme poco o demasiado? El criterio básico consiste en la salud general del niño, su alegría de vivir y sus ganas de jugar durante el día. La disminución de las horas de sueño no siempre está relacionada con el dinamismo del niño. En ocasiones, se debe a la dificultad que tiene para fijar unos parámetros de sueño.
No encuentra el ritmo que le conviene entre el sueño reparador y una hiperactividad desordenada y agotadora, interrumpida por brotes de mal humor. No todos los niños tienen el mismo ritmo. Deberá respetar el de su hijo y acompañarlo con dulzura, pero también con firmeza. No interrumpa de forma brusca el juego del niño para que se vaya a dormir; eso lo pondrá de mal humor. Avíselo, concédale un rato más. Pero, una vez transcurrido ese rato, no retrase la decisión: tiene que notar su determinación.
A partir de las 19 horas, su actividad disminuye. Fíjese en el momento en que manifiesta los primeros signos de cansancio: se mete el pulgar en la boca, se frota los ojos, o al contrario, experimenta una agitación excesiva. Aproveche este período para iniciar la operación «ritual de acostarse».
Se mantiene exultante de vitalidad a las 9 de la noche y la idea de irse a dormir todavía le estimula más. Es necesario fijar los límites en los que él encontrará su equilibrio y los padres un poco de tranquilidad: intente no demorar la hora de acostarse más allá de las 9 y media. Avíselo de que ha llegado el momento de acostarse y que va a ocuparse de él.

Otros contenidos del dosier: Sueño del niño

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