Adquisición del lenguaje: posibles trastornos

El bebé, al nacer, ya está familiarizado con el lenguaje. En sus últimos meses dentro del vientre ha oído a personas de su entorno hablar, en especial a su madre. Después de nacer, enseguida empieza a darse cuenta de que, si llora, su madre acude enseguida.
En cierto modo toma conciencia de que la voz puede ayudarle a comunicarse. A partir de los cuatro meses empieza a controlar las vocalizaciones y es capaz de realizar variaciones en la voz (suave o fuerte, grave o aguda, larga o corta, etcétera) con las que obtiene distintas respuestas de parte de su entorno.
Cumplido el noveno mes de vida, el niño se percata de que cada palabra tiene un sentido, y que cada cosa tiene una palabra asociada. Después vienen unos meses en los que el niño aprende a conocer el lenguaje. Al principio, a pesar de entender todo lo que se le dice, no consigue hablar de forma clara. 

Cada niño tiene su ritmo

Después de cumplir los dos o tres años es cuando por fin el niño empieza a articular un lenguaje comprensible. Es absurdo preocuparse si el niño todavía no habla a pesar de tener dos años y medio. Cada niño tiene su ritmo y, si bien no ha desarrollado el lenguaje, habrá desarrollado otras cosas.
Así pues, es necesario tener paciencia y comprobar si entiende las cosas sencillas que le dice su entorno; también es aconsejable vigilar que no tenga algún problema de audición, y estar seguro de que no presenta cualquier otro trastorno del comportamiento.

Los trastornos del lenguaje

Hasta los tres o cuatro años, el niño no empieza a dominar el lenguaje. Sin embargo, es posible que aparezcan ciertos problemas, o trastornos:

Dificultades articulatorias: El niño puede sufrir dificultades articulatorias, es decir, que no es capaz de articular bien ciertos sonidos. Si cecea o pronuncia “che” en lugar de “se”, por ejemplo, puede tratarse de un problema de dentición y, por lo tanto, es conveniente consultar con un logopeda.

Un retraso en el lenguaje: se distinguen tres niveles en este tipo de retraso; un retraso simple se corrige de forma rápida con la ayuda de un logopeda. La disfasia se define por las dificultades de comprensión del lenguaje; hay niños, en cambio, que se encierran en un mutismo total. Estas dos últimas situaciones exigen la atención inmediata de un médico-psicólogo.

Tartamudez: la tartamudez afecta al 1% de la población. Suele aparecer, en términos generales, entre los tres y siete años de edad. No se conoce el origen de la tartamudez; hay quien piensa que es un trastorno motor, otros un trastorno psicológico de la comunicación. Para evitar que este problema se instale de forma definitiva es conveniente actuar de inmediato y acudir al médico.

Una dislexia: la dislexia o disortografía (el niño invierte las letras, o las sílabas y dice “cletabici” en lugar de bicicleta, por ejemplo) afecta entre al 5 y 6% de los niños.

¿A quién consultar?

Si adviertes un problema, o tienes preguntas al respecto, lo primero que debes hacer es consultar con el pediatra. Él podrá desviarte al logopeda y este, tras un diagnóstico preciso del trastorno, te propondrá algunas sesiones de reeducación adaptadas al problema y personalidad del niño.

Se calcula que si un niño no ha desarrollado el lenguaje cumplidos los siete años le será muy difícil aprender a hablar. Sin embargo, es inútil entrar en pánico, ya que la mayoría de trastornos del lenguaje se pueden corregir fácilmente y los logopedas son famosos por obtener buenos resultados.

Si el origen del trastorno es psicológico, debido a una inestabilidad familiar, a un impacto emocional, a un sentimiento de inseguridad, o incluso a un carácter obsesivo del niño, por ejemplo, además de acudir periódicamente a las sesiones del logopeda el niño también necesitará ayuda psicológica.

S. Rochefort

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