Embarazada y vegetariana, ¿debes cambiar la dieta?

Las personas vegetarianas no comen carne animal, pescado inclusive. Por el contrario, sí consumen alimentos derivados de los animales, como los lácteos, los huevos o la miel.

La motivación

El vegetarianismo suele ser una elección filosófica vinculada a una voluntad de proteger el mundo animal, protestar contra el carácter depredador del hombre y denunciar las condiciones en que la industria alimentaria cría y trata a los animales. También puede resultar de un desinterés progresivo hacia la carne; hay quienes, por razones sentimentales, se niegan a comer, en primera instancia, conejo o caballo, y, posteriormente, todo tipo de carne animal. Otras veces, las personas se hacen vegetarianas por cuestiones de salud, dado que el consumo excesivo de carne y grasas animales acarrea, según infinidad de estudios médicos, trastornos como la diabetes, la obesidad o las enfermedades cardiovasculares.
Los nutricionistas consideran que la dieta vegetariana no constituye un riesgo en sí misma. De manera que no hay motivo para obligar a una mujer embarazada a interrumpir un modo alimentario que ha decidido respetar también durante el embarazo. La condición, claro está, es que se someta a controles médicos frecuentes, que respete las ecografías previstas durante la gestación y que reciba los aportes suficientes de proteínas, calcio y hierro, ya sea mediante la alimentación o los suplementos (siempre prescritos por el doctor).

Reglas básicas

Las reglas básicas del equilibrio alimentario incluyen una alimentación que contenga un 50% o 55% de glúcidos, un 30% o 35% de lípidos y un 10% o 15% de proteínas. En caso de seguir una dieta vegetariana, la ausencia de proteínas cárnicas debe compensarse con un aporte suficiente de proteínas extraídas de los huevos, los cereales (trigo, arroz, cebada, avena, maíz, etc.), las legumbres (soja, lentejas, judías) y los frutos secos (almendras, nueces). También es necesario, en cada comida, combinar cereales y legumbres, para que el organismo reciba todos los aminoácidos que le son necesarios.

Los aportes de hierro y calcio

Durante el embarazo, las necesidades de minerales aumentan. Si no se come carne, el hierro necesario para evitar anomalías en el feto ha de ingerirse mediante el consumo de huevos, legumbres, perejil y lechuga. También se recomienda que cada comida incluya frutas o verduras ricas en vitamina C, que favorece la absorción del hierro. Deben evitarse el café, el té y el vino, ya que disminuyen su absorción.
Asimismo, la mujer embarazada, vegetariana o no, debe consumir cantidades suficientes de calcio, indispensable en la formación de los huesos del feto. Los productos lácteos y las oleaginosas (semillas de sésamo, almendras, nueces…) lo contienen en abundancia.

Seguimiento médico

El embarazo es un momento particular en la vida de una mujer, que debe acudir al médico regularmente. De manera general, conviene que hable con éste de sus hábitos alimentarios. En función de los análisis de sangre, el profesional podrá prescribir suplementos de hierro y calcio y garantizar así el buen desarrollo del futuro bebé.
C. Manicot

Otros contenidos del dosier: Alimentación durante el embarazo

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