Estando embarazada, disfruto de la playa

¿Sueñas con un baño refrescante y una siesta sobre la arena? El problema es que temes también las insolaciones, el dolor de espalda en la toalla y los sofocos… He aquí todas las soluciones para disfrutar de la playa durante el embarazo.

Un remedio para cada bebé

Para empezar, debes protegerte del sol a fin de evitar los problemas dermatológicos específicos del embarazo:

  • Aparición de una máscara del embarazo, una hiperpigmentación (provocada por la afluencia hormonal y una superproducción de melanina) localizada alrededor de los ojos y la boca.
  • Regreso del acné ligado al desajuste hormonal de la maternidad y mayor riesgo de cicatrices.
  • Agravamiento de las estrías: por un lado la deshidratación de la piel no ayuda a combatir el fenómeno y por otro, el bronceado hace resurgir las famosas “rayas”.

Tu arma: una crema solar anti-UVA y UVB de índice elevado (al menos 50) que debes aplicar en espesas capas sobre el rostro y el cuerpo cada 2 o 3 horas. Elige un producto no comedogénico, natural y si es posible, sin parabenos (sobre todo si usas un traje de baño de dos piezas y te aplicas crema solar en el vientre).

Para reforzar la protección del rostro y el cabello, usa un sombrero de ala ancha. No olvides las gafas de sol pues los ojos se vuelven más frágiles durante el embarazo.

Por la noche, para paliar la desecación provocada por el sol, no olvides nutrir tu epidermis con una crema hidratante rica y tu pelo con un producto reparador.

No descuides tu espalda

Es posible que la posición recostada sobre la toalla te cause dolor rápidamente o te provoque pequeños malestares. Hay varias soluciones para leer y charlar sin dolores: extenderte sobre el costado izquierdo (para evitar la compresión de la vena cava), utilizar un almohadón (o una toalla enrollada) bajo las nalgas, la cabeza o las piernas según tus necesidades, invertir en un asiento de playa plegable o incluso un colchón inflable.

Si no, la posición “de piernas cruzadas” puede resultarte práctica durante un tiempo. En todos los casos, cambia de posición a menudo.

Evita las molestias

Si piensas pasar más de media hora en la arena, instala una sombrilla. De hecho, debes evitar al máximo la exposición solar (sobre todo a horas pico) pues corres el riesgo de colaborar con todos los problemas de retorno venoso: piernas pesadas, várices, edemas, mareos…

No olvides tomar mucha agua. Algunos tragos cada media hora te ayudarán a no deshidratarte. Utiliza también un brumizador de agua mineral para refrescarte en caso de “golpe de calor”. Recuerda: tu temperatura corporal es ligeramente más elevada al comienzo del embarazo.

Finalmente, ten a mano un tentempié dulce (sobre todo si vas a bañarte) para paliar una eventual hipoglucemia.

Si decides nadar, espera al menos dos horas después de comer y entra progresivamente al agua para evitar los choques térmicos. Mójate el vientre sin temor, ya que el bebé sigue conservando el calor, ¡aun en un mar frío!

¡Recárgate!

La naturaleza que te rodea también puede sentarte bien. Caminar a la orilla del mar en el agua fría y colmada de oligoelementos y de algas permite descongestionar pies, tobillos y pantorrillas inflamados.

Sumérgete completamente para sentirte más ligera, más distendida y también para hacer gozar a tu bebé. Sentirás mejor aun sus movimientos.

Nadar de espaldas aliviará tus dolores lumbares. Sin contar con la ventaja que tiene el ejercicio físico para reforzar los músculos de la espalda y los brazos en vistas del parto. Respira con todas tus fuerzas para deshacerte de las náuseas y el dolor de cabeza. El iodo posee también cualidades antidepresivas, de modo que aprovecha para llenarte de energía positiva antes del gran día.

Katrin Acou-Bouaziz

Otros contenidos del dosier: Belleza y embarazo

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