Embarazo y vida de pareja

Cambios en la dinámica conyugal

Con el embarazo, una parte considerable de la energía de la pareja se centra en el que será su hijo. El futuro es algo emocionante y abre una infinidad de nuevos caminos. Sin embargo, este acontecimiento también conlleva aspectos menos agradables e inesperados para la pareja. Hombre y mujer reviven su propia infancia, con lo cual surgen sentimientos encontrados acerca del pasado y, en algunos casos, la necesidad de resolver conflictos subyacentes con los propios padres . Todo ello puede empañar el entusiasmo con el que los futuros padres esperan el nacimiento y alterar temporalmente el equilibrio amoroso.
Del dúo al trío
Estos nueve meses de espera producen cambios en la vida de pareja y pueden generar cierta confusión en los vínculos afectivos. La pareja cambia de estructura y se transforma en «familia» a medida que avanzan los meses. Según los términos empleados por los psicólogos, la «díada» en el seno de la cual se forma una red privilegiada de interacciones entre los dos miembros de la pareja se convierte progresivamente en una «tríada». De este modo, el futuro bebé va ganando importancia en el vientre de su madre y en el seno de la pareja y, pese a que es un pequeño ser aún extraño, obliga a sus futuros padres a hacerle un lugar.
Una nueva perspectiva del otro
Tú, que hasta ahora eras mujer y amante, te conviertes en madre. Del mismo modo, el hombre con el que vives y al que amas se convierte en padre. Al pasar de la condición de cónyuges a la de padres, empezaréis a ver el mundo de otra forma y a vuestra pareja desde otra perspectiva. Los respectivos roles de padre y madre que muy pronto tendréis que asumir contribuyen a reforzar los estereotipos de masculinidad y feminidad. Los dos miembros de la pareja dejan de estar en igualdad de condiciones e, inevitablemente, cada uno de ellos siente la necesidad de adoptar su nuevo rol dentro de la futura familia y, sobre todo, de estar a la altura.

La necesidad de estar rodeada de las personas queridas

Durante el embarazo necesitarás mucha atención. Los cambios hormonales no siempre son fáciles de llevar. Puedes experimentar una fragilidad y una emotividad exacerbadas y, en ocasiones, una gran necesidad de ternura y de ser escuchada. Si tu pareja está a tu lado, la complicidad entre ambos puede consolidarse y permitir un diálogo enriquecedor. Sin embargo, también es posible que te encuentres sola y que sientas una mayor necesidad de ver a tu familia o a tus amigos.
El apoyo necesario de tu pareja
El apoyo de tu compañero sin duda contribuirá a tu serenidad. En los últimos meses, si te sientes más pesada y cansada, y si sales o ves a tus amigos con menos frecuencia, sentirás más que nunca la necesidad de tener al hombre al que quieres a tu lado. Hacia el final del embarazo, cuando no puedas realizar tantas actividades como antes, agradecerás que te ayude a preparar la habitación del bebé, que se encargue de hacer la compra y, sobre todo, que esté a tu lado para darte atención y cariño. Lo ideal es que el hombre actúe, en cierto modo, como una especie de burbuja protectora de la madre y del bebé. Esta función le permite descubrir su nueva condición de padre y contribuye a que su compañera se sienta madre. Además, favorece el bienestar de su mujer e influye directamente en las sensaciones de su hijo, dado que el bebé ya percibe las emociones de su madre. La forma de vivir el embarazo influye en las primeras relaciones entre madre e hijo, y en este sentido la presencia del padre es muy importante. Ahora bien, tu compañero no siempre actuará como esperas que lo haga y, en algunos casos, puede existir un desfase entre lo que tú le pides y lo que él puede darte. No olvides que él también pasa por una fase de intensa vida interior que le hace adoptar distintas actitudes.

El padre también cuenta

En ocasiones, el comportamiento del futuro padre es muy variable. Algunos hombres se implican a fondo, otros se muestran indiferentes y otros experimentan sentimientos contradictorios (celos, envidia) o temen verse superados por las responsabilidades que les esperan. Sin embargo, aunque esto no siempre sea evidente, para todos ellos se trata de un período de profundos cambios.
Del sentimiento de exclusión…
Algunos futuros padres se sienten profundamente excluidos e incluso abandonados durante el embarazo. La mujer tiende a desplazar parte de la energía que dedicaba a su compañero al futuro bebé y, además, acapara toda la atención de su entorno. Por lo general, las personas más allegadas se preocupan sobre todo por su salud y su estado de ánimo, y muestran poco interés por lo que siente el padre. En esta situación, ¿qué crees que siente tu compañero, que también vive una etapa importante de su vida? En este contexto, algunos hombres ven a su mujer como a una rival, lo cual les resulta muy duro. Inconscientemente, piensan que ella lo tiene todo (el niño y la atención de su entorno), mientras que ellos deben superarse a sí mismos y estar siempre a la altura.
…al deseo de estar «embarazada»
Este período de cambios puede reflejarse en el futuro padre a través de una serie de síntomas asociados al embarazo: a algunos hombres les crece la barriga, sufren náuseas, diarreas, dolores de cabeza o de estómago, etc. Se trata del llamado «síndrome de incubación», que proviene de la palabra francesa couver, que significa incubar o criar. Estos hombres pueden mostrarse ansiosos a medida que se acerca el parto y, en su intento por mitigar esta angustia, experimentar una gran agitación.

La relación entre madre e hija

A veces, una mujer embarazada tiende a acercarse de forma espontánea a su madre, en quien encuentra un gran apoyo. Al convertirse a su vez en madre, necesita sentirse mimada y cuidada, como si el cambio de condición requiriera esta fase de «regresión». Otras veces, y por distintos motivos, será una amiga u otra mujer de la familia quien desempeñe esta función, que en el fondo tendrá el mismo significado.

En busca de un nuevo equilibrio

Las nuevas responsabilidades que se presentan no siempre son fáciles de asumir para el futuro padre, que a menudo se pregunta si podrá satisfacer las necesidades de su familia y dedicar tiempo a su mujer y al bebé. Por lo general, a tu pareja le costará hablar contigo o con las personas que le rodean acerca de sus inquietudes, ya que es posible que tema no ser comprendido o que le dé vergüenza expresar sus dudas.
La tentación de huir
Ante el sentimiento de exclusión que viven dentro de su pareja o debido al peso de las dudas que les asaltan, algunos hombres, aparentemente, intentan huir de sus responsabilidades. Mientras que la mujer, por ejemplo, tiene ganas de quedarse en casa, él prefiere salir, viajar o ver a sus amigos. Es posible que durante el embarazo el hombre pase más horas fuera de casa, como si con ello quisiera demostrar que de momento todo sigue igual y que se mantiene el equilibrio habitual. Este desfase entre lo que vive la futura madre y lo que siente su compañero es a veces fuente de tensiones dentro de la pareja, pero es algo completamente normal. Por otro lado, la llegada del bebé también puede ser una oportunidad para empezar una nueva relación más intensa, basada en lo que la pareja está construyendo y con una mayor implicación de ambos miembros.
Ayúdale a encontrar su lugar
Los episodios de ansiedad más o menos intensa suelen ser transitorios: el equilibrio conyugal se restablece con el tiempo y, por lo general, la angustia se disipa a medida que se acerca el nacimiento del bebé. Sin embargo, la futura madre también puede contribuir a esta situación y demostrar a su compañero que para ella es esencial tenerle a su lado. Algunos hombres viven con inquietud la relación prácticamente exclusiva entre madre e hijo. Naturalmente, como madre necesitas interactuar con tu hijo, pero para evitar que tu compañero se sienta celoso o abandonado, es importante que la pareja siga compartiendo momentos de intimidad: demuéstrale que sigues sintiendo el mismo amor de antes y que estás a su lado. Recuérdale que su presencia es indispensable tanto para ti como para el niño. De este modo entenderá que desempeña un papel fundamental aunque no lleve dentro al bebé, y poco a poco aprenderá a asumir su nueva paternidad. Si él no reacciona como tú ni muestra el mismo entusiasmo ante el feliz acontecimiento, no olvides que para ti tampoco es tan sencillo y que la alegría de ser padres a veces puede teñirse de sentimientos más ambiguos que cada uno vive a su manera.

¿Y la sexualidad durante el embarazo?

Durante el embarazo disminuirán la frecuencia y la calidad de las relaciones íntimas, que dependerán principalmente de cómo te sientas. El deseo puede sufrir altibajos en función de tu estado físico, de tu estado de ánimo y del de tu compañero. En algunas parejas, el hecho de esperar un hijo esti mula los vínculos amorosos, mientras que en otras los debilita. El factor determinante son las ganas que tengáis tú y tu pareja, aunque a veces es necesario el diálogo para que todo transcurra con normalidad. Si se muestra menos apasionado, por ejemplo, no dudes en preguntarle la razón ni concluyas que ya no te desea; tal vez el único motivo es que siente cierto reparo al notar los movimientos del bebé en tu vientre . Aparte de los aspectos psíquicos, otros cambios fisiológicos y hormonales pueden incidir en tu deseo y en tu placer. Las situaciones descritas a continuación son bastante habituales, aunque naturalmente, no pretenden ser un reflejo de lo que viven todas las mujeres.
Una disminución durante los primeros meses
Durante el primer trimestre tu cuerpo se transforma: tus senos aumentan de volumen, los pezones a veces están doloridos y tu vientre empieza a abultarse. Las náuseas, las ganas irreprimibles de dormir, y una emotividad y una irritabilidad exacerbadas hacen que para algunas mujeres la sexualidad pase a un segundo plano. Sin embargo, estas molestias pasajeras no afectan a todas las embarazadas y, cuando se producen, cada mujer las percibe de forma diferente. Así pues, las relaciones amorosas no tienen por qué verse afectadas.
Una sexualidad plena durante el segundo trimestre
A partir del segundo trimestre, es posible que la libido aumente: te sientes mejor y tu vientre todavía no es «excesivamente prominente». Las hormonas favorecen la lubricación de la vagina y la vuelven más congestiva y sensible. Así pues, la sexualidad puede vivirse de forma muy intensa durante este período. Por lo general, nada os impide tener relaciones sexuales, sino todo lo contrario: los juegos amorosos permiten mantener el equilibrio dentro de la pareja y, además, el placer levanta el ánimo. Por su parte, el bebé está perfectamente sujeto y el líquido amniótico funciona como un airbag protector. El ginecólogo puede prohibir las relaciones sexuales en casos excepcionales (cuando existe un importante riesgo de parto prematuro, por ejemplo).
Un vientre demasiado voluminoso durante el último trimestre
Salvo que el médico os indique lo contrario, podéis hacer el amor hasta los últimos días del embarazo. Si bien es cierto que muchas veces el volumen del vientre resulta un «estorbo», en algunos casos esta misma «dificultad» puede estimular la imaginación. En efecto, éste es un buen momento para experimentar nuevas posturas: en vez de estar tumbados el uno sobre el otro, podéis colocaros uno al lado del otro o sentados. También podéis acariciaros de todas las formas posibles y experimentar placer sin penetración. Cuando la mujer está cansada y necesita sobre todo ternura, los contactos amorosos pueden volverse más castos. Algunas parejas descubren una nueva sensualidad al acariciar zonas del cuerpo consideradas menos erógenas y que antes estaban más descuidadas. Todo ello hace que, en algunas parejas, el embarazo favorezca un mejor conocimiento del cuerpo del otro y represente un nuevo estímulo para los juegos amorosos.

Mujeres solas

Actualmente, cada vez son más las mujeres que deciden asumir solas el embarazo y la educación de su hijo. Las razones son muy variadas. Algunas mujeres se encuentran solas después de haberse separado de su pareja. En otros casos, el padre del bebé no puede (o no quiere) hacerse cargo del hijo, ya sea porque está casado o porque no se siente capaz de asumir tal responsabilidad. Por otra parte, algunas mujeres deciden libremente tener un hijo solas. Desde los puntos de vista fisiológico y médico, el embarazo puede desarrollarse con toda normalidad, pero la manera como lo viva la mujer dependerá en gran medida de la situación y de las razones que lo hayan determinado. Muchas veces, familiares y amigos proporcionan apoyo afectivo y, en caso necesario, apoyo material. Si la mujer se encuentra verdaderamente sola, puede recurrir temporalmente a un centro de acogida o a un «hogar de madres». En algunos casos, vivir sola el embarazo se convierte en una dura prueba para la futura madre, que a veces necesita ayuda psicológica. En este caso, es importante que hable con su médico o con su comadrona.

Otros contenidos del dosier: Embarazo: Cómo lo vive mi familia

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