Tercer trimestre de embarazo

El tamaño del útero aumenta

Hacia el final del embarazo mide unos 32 cm de media y comprime los órganos adyacentes (el estómago, los intestinos, la vejiga y el diafragma) que obliga a la madre a cambiar sus hábitos.
La pigmentación de la piel se vuelve más oscura en los pezones y en la zona que va del ombligo al pubis.
Pueden aparecer estrías, especialmente en el vientre y los muslos.

Las piernas, los tobillos y los pies

Pueden hincharse debido a la compresión de los vasos sanguíneos. Durante el verano, la hinchazón es mayor. Para aliviar estas molestias, puedes estirar las piernas y ponerlas en alto o estimularlas con chorros de agua fría mientras te duchas. Adapta tu calzado y utiliza zapatos abiertos por detrás para ir cómoda.
Las manos también podrían hincharse, así que lo mejor es que te quites los anillos antes de que sea demasiado tarde… Esta hinchazón de las manos provoca a veces la compresión de un nervio que pasa por la muñeca, lo cual no tiene consecuencias importantes, pero puede ser molesto y provocar hormigueos, especialmente durante la noche. Intenta encontrar la posición adecuada, por ejemplo poniendo las manos encima de la almohada para que estén en alto.

Si duermes boca arriba

Puedes experimentar cierto malestar, ya que la vena cava estará comprimida por el útero. Prueba otra posición en la que te sientas cómoda: duerme sobre el lado derecho o izquierdo y de este modo no comprimirás el vaso sanguíneo.
Tu pelvis empieza a ensancharse y se prepara para la salida del bebé, que se coloca en posición de parto, cabeza abajo. No te preocupes si tus pezones segregan calostro (un líquido amarillento y viscoso): es algo totalmente normal, y lo único que puedes hacer es utilizar discos protectores para no manchar el sostén.
No presiones el pezón para que salga, ya que podrías provocarte contracciones.

Las actividades más sencillas se vuelven difíciles

Arreglarse por la mañana, comer y dormir o desplazarse... Ya no te resulta tan fácil entrar en la bañera y lavarte, y evitas apoyarte en un solo pie por miedo a perder el equilibrio, por lo que prefieres ser precavida y bañarte sentada. Te cuesta vestirte, sobre todo atarte los zapatos, ya que no puedes inclinarte sin topar con el vientre, así que optas por sentarte y poner el pie sobre el muslo contrario. Después de todos estos esfuerzos te incorporas resoplando y necesitas un par de segundos antes de estar totalmente recuperada…

Comes con parsimonia

Ya que el bebé ejerce presión en el estómago y no te permite ingerir grandes cantidades de alimento. Incorpórate si a pesar de la moderación en las comidas sientes una presión en el estómago y tienes la sensación de que te cuesta respirar. Algunas embarazadas también sufren ardor de estómago, que puede subir hasta la garganta.

Ya no puedes correr

Y caminas con dificultad, balanceándote y pasando el peso de tu cuerpo de un pie al otro.
Un trayecto corto (para acompañar a tu hijo mayor a la escuela, por ejemplo) se convierte en un verdadero maratón. Para una mujer que se encuentra en los últimos días de su embarazo, «llegar hasta el final de la calle es como ir al fin del mundo».
Del mismo modo, te costará levantarte cuando estés acostada y viceversa. Para incorporarte, ponte primero de lado para no forzar los músculos abdominales, y mantente unos segundos sentada antes de ponerte completamente de pie.
Por último, con frecuencia necesitarás mucho más tiempo del habitual para realizar actividades tan sencillas como fregar platos (estarás demasiado alejada del grifo), bañar a un niño (tendrás que sentarte) o trabajar frente a la computadora (después de una hora o dos necesitarás levantarte).

Duermes mal

Y te despiertas varias veces durante la noche, ya sea porque necesitas orinar o debido a los movimientos de bebé, aunque no siempre por una razón en concreto. En cualquier caso, nunca debes aguantar las ganas de ir al baño, ya que tener la vejiga llena puede provocar contracciones. La única solución para las horas de sueño perdido es no tener reparos en compensarlas con una siesta durante el día. En realidad, se trata de una preparación para el ritmo de vida que llevarás después del nacimiento del bebé, que te obligará a despertarte frecuentemente durante la noche.

Es posible que sufras dolores en los ligamentos

Debido a la impregnación hormonal de la zona del pubis (lo que dificulta el andar), en los lados derecho e izquierdo del bajo vientre e incluso en las costillas. Estos dolores son muy molestos, pero no tienen ninguna repercusión en el bebé. Puede ser que al
principio te cueste distinguir entre este dolor y el de las contracciones uterinas si te duele el vientre, pero en realidad la localización del dolor no es la misma: una contracción afecta a todo el útero y, por lo tanto, se sitúa en medio del vientre; al mismo tiempo, tu útero se endurece y se encoge, ya que se «contrae».
En ocasiones, la posición del bebé no es la más cómoda para ti: si está cabeza abajo puedes tener la sensación de tener que andar con las piernas separadas. También es posible que el bebé tenga la cabeza o los pies debajo de tus costillas.

Volverás a sentirte cansada

Algunos días o algunos períodos más que otros. Escucha tu cuerpo y descansa, pues el reposo es algo esencial para el buen desarrollo del embarazo. Duerme todo lo que necesites, incluso la siesta aunque no dure más de diez minutos, y acuéstate temprano.
Si no te apetece salir por la noche, quédate en casa. Piensa que una mujer embarazada es como un corredor de maratón, teniendo en cuenta toda la energía que necesita para alimentar a su hijo.

Algunos días te sentirás en plena forma

Relajada, feliz, y al día siguiente, sin más, estarás cansada, taciturna e inquieta. Así es la vida de la embarazada: el crecimiento del bebé no es lineal, sino que más bien es como los peldaños de una escalera que hay que subir, y tu estado de ánimo no es más que el reflejo de las alteraciones que sufre tu cuerpo. Es posible que tu pareja no entienda estos cambios; si es así, tranquilízale explicándole que simplemente estás cansada y necesitas más descanso. Es bueno que tengas a alguien con quien hablar de todas estas sensaciones: una amiga, un familiar o tu médico. Encontrarás el tiempo y el espacio para compartir tus experiencias como embarazada en las clases de preparación para el parto, que empiezan en el último trimestre.

Si este tercer trimestre te resulta largo

Sobre todo los últimos días, no olvides que el embarazo es un período efímero y que son tan sólo nueve meses, al lado de toda una vida, así que aprovecha este estado mágico.
El final del embarazo es fuente de numerosas molestias, pero también aporta una serenidad y una alegría inmensas ante la inmediatez de un acontecimiento tan importante como es el nacimiento de tu bebé.
Esperar un hijo es un acto tan íntimo que cada mujer puede hablar de este período de forma única y, desde un punto de vista físico, vivirlo de manera muy distinta a como lo vive cualquier otra mujer. Todos los síntomas descritos en este apartado son posibles y normales, y se corresponderán en mayor o menor medida a la realidad de tu embarazo.

Otros contenidos del dosier: Mi embarazo mes a mes

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