Embarazo en caso de enfermedades crónicas

Programar el embarazo

Si sufres una enfermedad crónica (hipertensión, diabetes, epilepsia), es importante que consultes a tu médico antes de quedarte embarazada. Él podrá evaluar las repercusiones de la enfermedad y su tratamiento en el embarazo, y viceversa: valorar las posibles consecuencias del embarazo en la enfermedad. El médico sólo autorizará el embarazo en caso de que la enfermedad esté bajo control gracias a un tratamiento. A partir de ese momento obtendrás una mayor supervisión médica, tanto por parte del médico especialista en tu enfermedad como por parte del equipo obstétrico. El embarazo está contraindicado cuando se sufren determinadas enfermedades graves, como afecciones cardíacas severas que podrían poner en peligro la vida de la madre.
Afortunadamente, estos casos son poco frecuentes y la mayoría de las veces es posible tener un hijo gracias al tratamiento de la enfermedad.

Hipertensión arterial

Antes de la concepción, conviene valorar las consecuencias de la hipertensión arterial en el organismo y adaptar el tratamiento. Algunos medicamentos podrían provocar anomalías en el feto, como los inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina, que son susceptibles de generar malformaciones renales. De ahí la importancia de consultar al cardiólogo antes de quedar embarazada. Durante el
embarazo, el equipo médico comprueba frecuentemente la tensión arterial y vigila la aparición de posibles síntomas de preeclampsia. Asimismo, controla regularmente el crecimiento del feto, ya que la hipertensión podría provocar un crecimiento intrauterino retardado.

Diabetes

En la medida de lo posible, es importante programar el embarazo en caso de diabetes, independientemente de si el tratamiento es con insulina o con hipoglicemiantes. Estos últimos deben dejar de tomarse desde el principio del embarazo y ser sustituidos por insulina, siempre que el seguimiento de una dieta estricta no sea suficiente. Se trata de conseguir una glicemia (nivel de azúcar en la sangre) lo más próxima posible a la normal, puesto que una glicemia demasiado alta durante las tres primeras semanas de gestación multiplica por tres el riesgo de malformaciones graves en el feto. Antes de la concepción, es necesario evaluar las complicaciones renales y oculares atribuibles a la diabetes. En el transcurso del embarazo se hará un seguimiento estricto de la glicemia para adaptar las necesidades de insulina. Las ecografías permitirán controlar la ausencia de malformaciones y el crecimiento del feto, que podría ser muy grande (macrosoma). Por lo general, el parto se provoca al principio del noveno mes para prevenir el riesgo de complicaciones durante las últimas semanas (muerte fetal in utero) y evitar que el bebé sea demasiado grande, una complicación muy frecuente en madres diabéticas. Por otro lado, el índice de cesáreas es más elevado en estos casos.

Epilepsia

El embarazo puede influir de distintos modos en la epilepsia, cuyo tratamiento debe mantenerse y, en caso necesario, adaptarse. Por lo general, la enfermedad no incide en el desarrollo del embarazo ni en el parto en sí, salvo en las formas de epilepsia favorecidas por una respiración rápida (en cuyo caso la mujer debe limitar sus esfuerzos expulsivos). En cambio, las malformaciones fetales son más frecuentes por razones genéticas o debido al consumo de medicamentos antiepilépticos, en particular cuando es necesario tomar más de uno. Lo ideal sería tomar un único medicamento contra la epilepsia durante el embarazo. El médico receta suplementos de ácido fólico antes de la concepción y durante el primer trimestre, ya que los antiepilépticos reducen su nivel. Estos suplementos ayudan a prevenir posibles defectos del tubo neural (espina bífida). Durante el último mes, y en función del tratamiento que siga, la futura madre deberá tomar suplementos de vitamina K, ya que algunos antiepilépticos dificultan su absorción y exponen al recién nacido a complicaciones hemorrágicas. Por último, dado que los antiepilépticos entran en la placenta, es posible que el bebé presente un síndrome de abstinencia, algo que los pediatras deberán tener en cuenta.
La lactancia está contraindicada en la mayoría de los casos.

Enfermedades cardíacas

El trabajo cardíaco de una mujer embarazada aumenta desde el primer mes de gestación hasta el segundo mes después del parto. Un organismo sano tolera este incremento sin ningún problema, pero no ocurre lo mismo cuando el corazón está enfermo (aunque la paciente haya sido operada). El médico autorizará el embarazo en función de la gravedad de la enfermedad y de los riesgos que pueda entrañar. Algunos medicamentos recetados en cardiología pueden estar contraindicados durante la gestación. Además, es necesario adaptar el tratamiento en función de cada caso antes de la concepción.

Cáncer

Los tipos de cáncer más frecuentes en la mujer joven son los de mama, cuello uterino y tiroides, los melanomas y las enfermedades de la sangre (hemopatías). Cuando el tratamiento del cáncer no ha eliminado la posibilidad de un embarazo, éste suele ser autorizado entre dos y cinco años después de superar la enfermedad. Es posible que el cáncer se detecte al inicio del embarazo, en cuyo caso deberá ser tratado por un equipo multidisciplinar.

Trombosis

Si tú o tu compañero, o algún pariente próximo han sufrido una flebitis o una embolia pulmonar, deberás informar al médico en cuanto sepas que estás embarazada. En efecto, el embarazo constituye un factor de riesgo que, en una mujer propensa, puede desencadenar una flebitis o una embolia pulmonar. Se recomienda la utilización de medias de compresión (actualmente disponibles en diseños muy actuales) y, en determinados casos, un tratamiento anticoagulante durante el embarazo y el puerperio.

Sida y embarazo

El sida es una enfermedad viral que se transmite por vía sexual, sanguínea y de madre a hijo a través de la leche materna. El embarazo no parece incidir en la evolución de la enfermedad en una mujer seropositiva (que sea portadora del virus y no presente ningún síntoma de la enfermedad). Sin embargo, cuando no se sigue ningún tratamiento, el virus se transmite de madre a hijo durante el embarazo o el parto en el 25% de los casos. Este índice ha disminuido de forma con siderable gracias a los actuales tratamientos antivirales. Las embarazadas seropositivas son derivadas a
centros obstétricos especializados.
Consecuencias para el niño El riesgo de transmisión del virus de la madre al hijo es proporcional a la carga viral (cantidad de virus presentes en el organismo de la mujer). Sin embargo, es imposible determinar durante el embarazo si el feto está o no contaminado, ya que con la punción de sangre fetal se correría el riesgo de inocular el virus a un feto seronegativo.
La mitad de los niños que son seropositivos al nacer desarrollan la enfermedad. En cuanto a los demás, los especialistas no tienen la suficiente perspectiva para evaluar la evolución de su estado de salud.
Posibles soluciones Las mujeres seropositivas son informadas de los riesgos que corre el feto y pueden optar por una interrupción del embarazo (cuando éste es legal). En caso de seguir adelante con el embarazo, se someten a una supervisión médica y obstétrica combinada con el seguimiento de un especialista. El tratamiento que siguen estas embarazadas reduce significativamente el riesgo de transmisión de la madre al feto y se basa en la administración de medicamentos antivirales durante el embarazo y el parto. Cuando la carga viral es baja y el número de glóbulos blancos es suficiente, el equipo obstétrico puede autorizar el parto por vía vaginal; en caso contrario, debe practicarse una cesárea. Después del nacimiento, el equipo de pediatría se encarga del seguimiento del recién nacido, que recibe sistemáticamente un tratamiento con antivirales durante seis semanas. Por el momento se desconocen los efectos a largo plazo del tratamiento antiviral in utero y durante los primeros años de vida. La lactancia está contraindicada. La ayuda psicológica es esencial para la madre, a quien se aconseja el uso de un anticonceptivo eficaz combinado con el preservativo.

Embarazo y discapacidad

El hecho de padecer una discapacidad (ceguera, sordera, paraplejia…) no es razón para excluir la posibilidad del embarazo, que debe planearse en función del grado de discapacidad y de su posible riesgo de transmisión (enfermedad congénita). Es aconsejable recibir consejo genético antes de la concepción para tomar las precauciones necesarias en el seguimiento del embarazo. Después del nacimiento, es importante poder contar con un entorno adecuado que permita satisfacer las necesidades del recién nacido si la madre no puede hacerlo a causa de su discapacidad.

Las hepatitis B y C

La hepatitis B puede transmitirse a través de la saliva, la sangre y las secreciones genitales. En la mayoría de los casos, la hepatitis vírica B pasa desapercibida, por lo que se realiza una detección obligatoria durante el embarazo. La transmisión de la madre al recién nacido tiene lugar sobre todo durante el parto. La prevención de esta transmisión constituye una emergencia neonatal y se basa en la serovacunación específica e inmediata del bebé. La hepatitis C se transmite esencialmente por vía sanguínea y de forma secundaria a través de la saliva, las secreciones genitales y la
orina. La transmisión a través de la leche materna no ha sido demostrada. En la mitad de los casos, la causa de la hepatitis C es la toxicomanía intravenosa. El riesgo de transmisión durante el embarazo es de entre el 10% y el 20%, sin que se sepa en qué momento o por qué se produce. Tampoco existe ningún medio de prevención.

Esclerosis múltiple

La esclerosis múltiple es una enfermedad que provoca trastornos neurológicos, que evoluciona por brotes y de forma muy imprevisible. El embarazo es posible cuando la esclerosis múltiple se mantiene estable y no requiere ningún tratamiento inmunodepresor. De todas formas, será el médico quien valore la situación en función de la evolución de la enfermedad (que varía mucho de una mujer a otra) y los tratamientos necesarios. Por lo general, los síntomas no empeoran durante el embarazo, pero la enfermedad puede evolucionar en los meses siguientes al parto. El seguimiento médico no presenta ninguna particularidad: basta con vigilar la posible aparición de una infección urinaria. La epidural no está contraindicada durante el parto.

Otros contenidos del dosier: Embarazos especiales y de riesgo

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