Curarse durante el embarazo

¡Prohibido automedicarse!

Algunos medicamentos que en condiciones normales son inocuos pueden tener graves repercusiones durante el embarazo. Tomando algunas precauciones podrás reducir considerablemente estos riesgos. Si te pones enferma estando embarazada, aunque sólo se trate de un simple resfriado, comunícaselo a tu médico para que pueda recetarte medicamentos cuya inocuidad para el bebé haya sido demostrada. Si sufres una enfermedad crónica (diabetes, cardiopatía…), es posible que tenga que adaptar tu tratamiento . La regla de oro es no automedicarse. Nunca decidas por ti misma los medicamentos que vas a tomar, aunque de entrada te parezcan de lo más inofensivo (incluidos los medicamentos a base de hierbas). Pide siempre consejo a tu médico, pues él te indicará la mejor forma de tratar las afecciones que puedas sufrir durante el embarazo.
Contra la tos
Los expectorantes con carbocisteína no parecen presentar ningún problema. En cambio, conviene evitar los antitusivos, que suelen ser derivados de la codeína.
Contra el resfriado
Los medicamentos para descongestionar la nariz sólo deben ser utilizados de forma puntual, en caso de absoluta necesidad, pues se cree que podrían provocar malformaciones en el feto.
Contra el dolor de cabeza y la fiebre
Tomado en dosis normales, el paracetamol no parece presentar ningún riesgo. En cambio, deberás evitar las aspirinas, ya que alteran la coagulación de la sangre y pueden ser tóxicas para los riñones, el corazón y los pulmones del pequeño.
Contra la fatiga y la anemia
Las necesidades de hierro, vitaminas y oligoelementos son más importantes durante el embarazo. Algunos médicos los recetan de forma sistemática durante la gestación para evitar que se produzca una carencia de ellos.

Para tu hijo

Es posible que el médico te recete algún medicamento para tu hijo. En este caso, tu organismo será el encargado de transmitir las sustancias que permitirán tratar las enfermedades que pueda contraer mientras está en tu vientre.

¿Y las vacunas?

Mientras que algunas vacunas son inofensivas, otras pueden ser peligrosas para el feto. En función de sus consecuencias para la madre y el feto, las vacunas pueden clasificarse en tres categorías:
Peligrosas
Es importante evitar la vacuna antipoliomielítica oral (vacuna Sabin, administrada en un terrón de azúcar) y las vacunas contra la tos ferina, las paperas, el sarampión, la rubéola (aunque no se ha constatado ninguna malformación en el feto cuando la vacuna se ha administrado al principio del embarazo) y la fiebre amarilla (salvo en caso de extrema necesidad).
Desaconsejadas
Se desaconsejan las vacunas contra la brucelosis (riesgo de fuertes reacciones), la difteria (reservada a casos de emergencia), la rabia (aunque la vacuna será necesaria en caso de posible contacto con un animal con rabia, ya que una vez declarada, la enfermedad es mortal), la tuberculosis con BCG y la fiebre tifoidea (la vacuna resulta inútil teniendo en cuenta que el tratamiento no reviste ningún peligro para el feto).
Inofensivas
Son inofensivas la vacuna contra la gripe, la hepatitis B, la poliomielitis (sólo la vacuna inyectable), el tétanos (indispensable cuando se vive en el campo, cuando se practica la jardinería, el bricolaje, o se está en contacto con caballos) y el cólera.

¿Puedo hacerme radiografías?

Las embarazadas suelen temer las radiografías. En realidad, si bien es cierto que las radiaciones masivas comportan graves riesgos, el diagnóstico médico con rayos X o radiografía no tienen consecuencias para el feto siempre que se respeten determinadas condiciones y que se tenga en cuenta el momento del embarazo. Lo más importante es que te acuerdes de indicar que estás embarazada antes de cualquier radiografía, aunque sea dental.

Antes de un posible embarazo
Los exámenes radiológicos deben realizarse en la primera parte del ciclo, antes de la ovulación, cuando todavía no es posible el embarazo, lo que equivale a los quince días siguientes al primer día de la menstruación (o algo menos si tus ciclos son más cortos).
Durante el primer trimestre
Al igual que los medicamentos, las radiografías presentan riesgos más importantes para el feto entre el día 15 y el tercer mes de gestación. Para las radiografías a las que debas someterte durante este período (por ejemplo, radiografías dentales o de diagnóstico de una enfermedad), será necesario el uso de un delantal de plomo que proteja tu abdomen de las radiaciones. Conviene evitar los exámenes radiológicos que requieran la toma de varias muestras, especialmente si la parte del cuerpo sometida a radia ción está próxima al abdomen y si el embarazo es reciente.
A partir del segundo trimestre
Hasta el final del embarazo, las radiografías (siempre realizadas con la protección de un delantal de plomo) estarán limitadas al diagnóstico de enfermedades graves.
¿Y la radiopelvimetría?
En el noveno mes de embarazo, la radiografía de la pelvis o radiopelvimetría, realizada para valorar la forma y las dimensiones de la pelvis materna y evaluar las posibilidades de parto por vía natural, es totalmente inofensiva.

La hospitalización durante el embarazo

No es extraño tener que ingresar en el hospital mientras se está embarazada debido a alguna complicación (amenaza de parto prematuro, caída, fiebre, sangrado, rotura prematura de membranas, hipertensión, diabetes, preeclampsia…). Aunque esto siempre sea fuente de angustia para los futuros padres, a veces la hospitalización es necesaria para que un equipo médico pueda hacerse cargo de la embarazada y aplicar el tratamiento y el control necesarios.
Las medidas terapéuticas pueden resultar pesadas y molestas (numerosas ecografías, análisis de sangre y varias monitorizaciones a lo largo del día), sobre todo cuando no se entiende el porqué de todas estas pruebas. En este caso, es esencial preguntar al personal médico y no guardarse las inquietudes para una misma, aunque esto suponga un esfuerzo de reformulación por parte del médico a la hora de dar la información.
El período de hospitalización variará en función de la complicación que surja: puede ser de unos días, unas semanas, e incluso de uno o dos meses o más, aunque también es posible que vuelvas a casa al cabo de poco tiempo. En la mayoría de los casos, es necesaria una supervisión médica que garantice el desarrollo del embarazo en las mejores condiciones.

Otros contenidos del dosier: Enfermar durante el embarazo

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