Cómo tratar una infección durante el embarazo

Cuando avisar al médico

Los riesgos de aborto espontáneo, de parto prematuro o de contaminación del feto (más o menos grave según la naturaleza de las enfermedades y según el momento del embarazo) requieren extrema vigilancia. La fiebre (a partir de 38 ºC) es el principal síntoma en cualquier tipo de infección y un signo de alerta lo suficientemente importante para avisar al médico lo antes posible, ya que podría provocar contracciones susceptibles de desencadenar un parto prematuro.

Las infecciones urinarias y las pielonefritis

Debido a su anatomía, las mujeres son más propensas a sufrir infecciones urinarias, ya que su uretra es muy corta y esto facilita que los gérmenes penetren hacia la vejiga. Un factor de riesgo añadido es no hidratarse lo suficiente, por lo que resulta importante beber como mínimo 1,5 litros de agua al día. A lo largo del embarazo, el riesgo es aún mayor, especialmente debido al aumento del nivel de progesterona, que evita que la vejiga se vacíe por completo. Este tipo de infección afecta a cerca del 10% de las mujeres embarazadas y puede ser causa de un parto prematuro. Estos son algunos de los signos de alerta ante los cuales deberás consultar al médico:

– dolores en la zona superior al pubis,
– frecuentes ganas de orinar, tanto de día como de noche,
– sensación de escozor al orinar.
El análisis de orina es el único modo de identificar el germen responsable, por lo general un colibacilo. El tratamiento consiste en tomar determinados antibióticos para prevenir una posible pielonefritis(infección de los riñones), cuyos síntomas son los de una infección urinaria, aunque con fiebre y dolor de espalda.

Listeriosis

La listeriosis es una enfermedad infecciosa provocada por un bacilo, el Listeria monocytogenes. Se transmite a través del consumo de alimentos contaminados, en especial productos lácteos no pasteurizados o carne poco cocida . Se trata de una enfermedad benigna, salvo en las embarazadas, en las que puede ser causa de parto prematuro o de muerte del feto, que se contamina a través de la placenta. En los adultos, la listeriosis se manifiesta a través de síntomas similares a los de la gripe: fiebre alta, agujetas o punzadas, dolor de cabeza… En caso de fiebre súbita e inexplicable durante más de 24 horas, es necesario avisar al médico, quien podrá prescribir un análisis de sangre para buscar el bacilo. Por lo general, un tratamiento antibiótico muy rápido durante dos o tres semanas bastará para detener el desarrollo de la infección.

Rubéola

La rubéola es una enfermedad viral que por lo general afecta a los niños. Se caracteriza por erupciones en todo el cuerpo y por la presencia de ganglios en el cuello. La rubéola suele pasar desapercibida en los adultos, pero a pesar de ser una enfermedad benigna por naturaleza, puede ser peligrosa durante el embarazo, no sólo para la madre, sino también para el feto. Cuando se contrae durante el primer trimestre del embarazo, la rubéola puede provocar un aborto espontáneo o malformaciones en el embrión: cataratas, anomalías cardíacas, sordera, retraso psicomotor… Teniendo en cuenta que no existe ningún tratamiento curativo eficaz y que la vacuna está contraindicada a lo largo del embarazo, el único tratamiento posible es puramente preventivo.
Prevención
Después de la primera consulta al médico, al principio del embarazo, deberás hacerte unos análisis de sangre (serodiagnóstico) que determinarán si estás o no inmunizada contra la rubéola. Si ya has pasado la enfermedad o te has vacunado, tu organismo ya ha desarrollado anticuerpos (detectables en la sangre) que te protegen definitivamente. Si no estás inmunizada, deberás evitar el contacto con niños que puedan ser portadores del virus y, si tienes hijos, asegurarte de que estén vacunados.
Diagnóstico
El período de incubación de la rubéola es de entre 14 y 21 días. Una embarazada que haya estado en contacto con un niño afectado por esta enfermedad deberá hacerse un análisis de sangre (serología) en los 10 días siguientes. Un resultado negativo no permite disponer de un diagnóstico definitivo, por lo que es necesario realizar un control 15 o 20 días más tarde. Será esta segunda prueba la que permita saber si ha habido contaminación. Los dos análisis deben realizarse en el mismo laboratorio para evitar un posible error de interpretación. Del mismo modo, en caso de erupción cutánea repentina, el médico pedirá urgentemente una serología de rubéola.
Consecuencias para el feto
Una mujer embarazada que haya contraído la rubéola deberá esperar hasta el quinto mes del embarazo para saber si el feto se ha contaminado, ya que antes es imposible obtener muestras de sangre fetal mediante punción. Este análisis es el único modo de comprobar la presencia o la ausencia de la infección en el feto. Las consecuencias variarán en función del momento del embarazo en el que la mujer haya contraído la enfermedad.
Al principio del embarazo, los riesgos de malformación del feto son importantes (entre un 50% y un 90%). En este caso, es posible optar por un aborto terapéutico. Otra posibilidad es esperar los resultados del análisis de sangre fetal.
A mitad del embarazo disminuyen los riesgos de malformación del feto, pero no desaparecen: en el 15% de los casos, el niño tendrá secuelas. En este estadio del embarazo puede obtenerse sangre fetal mediante punción, lo que permitirá determinar si el bebé está contaminado, pero no la gravedad de la infección. Será necesario consultar a un servicio especializado para poder tomar la mejor decisión. Cuando se decide llevar adelante el embarazo, se impone un control ecográfico regular.
Hacia el final del embarazo, los riesgos de malformación del feto son nulos, pero existe una amenaza de infección pulmonar que justifica un control prolongado del recién nacido.

Toxoplasmosis

La toxoplasmosisestá provocada por un parásito presente en la carne de cordero o de vaca mal cocida, o simplemente en la tierra. Entre sus portadores figuran los gatos: el animal, contaminado por la carne cruda o poco cocida que haya consumido, puede transmitir el parásito, que posteriormente es expulsado a través de sus excrementos. Esta enfermedad, que por sí sola es inofensiva, puede tener graves consecuencias si pasa de la madre al feto.
Diagnóstico y tratamiento
Al principio del embarazo, a través de los análisis de sangre sistemáticos, el médico determinará si estás inmunizada o no contra la toxoplasmosis, contra la que no existe ningún tratamiento preventivo ni tampoco ninguna vacuna. Sin embargo, aunque no estés inmunizada, puedes tomar una serie de precauciones de higiene muy sencillas con las que evitarás el riesgo de contaminación . Asimismo, a lo largo del embarazo es necesario someterse a un control mensual, ya que la enfermedad suele pasar desapercibida. En caso de infección, la prescripción precoz de un tratamiento antibiótico reduce el riesgo de contaminación del niño, pero no modifica la gravedad de la infección si éste ya está contaminado.
 Control del bebé
En caso de contaminación de la madre, es necesario practicar una amnio centesis para determinar si el feto está afectado por la infección. Las consecuencias varían en función del momento del embarazo en el que la madre haya contraído la toxoplasmosis.
Durante la primera mitad del embarazo, los riesgos de transmitir la enfermedad al feto son poco elevados (entre un 5% y un 10%). Pero cuando hay infección, por lo general ésta es muy grave, ya que afecta a los sistemas nervioso y ocular del niño. En este caso puede optarse por una interrupción del embarazo. De lo contrario, es necesario seguir el tratamiento hasta el momento del nacimiento con el fin de evitar que la infección se propague a otros órganos del feto. Asimismo, es indispensable un control ecográfico regular del niño en el útero.
Al final de la gestación, los riesgos de contaminación del bebé son más elevados, pero las consecuencias de la infección son menos peligrosas, por lo que el embarazo puede seguir su curso bajo tratamiento. En cualquiera de estos casos, será necesario efectuar un examen riguroso del recién nacido, cuyo seguimiento deberá prolongarse hasta la adolescencia.

Citomegalovirus

En la mayoría de los casos, el citomegalovirus (CMV) se contrae a través del contacto con niños menores de 2 años, sobre todo en las guarderías. Los grupos de mayor riesgo son, entre otros, las mujeres que son madres y las que trabajan como enfermeras o puericultoras. El 90% de los adultos (y niños) que sufren una infección por citomegalovirus no presentan ningún síntoma. Así pues, una mujer embarazada tendrá, como mucho, fiebre y granos. El riesgo de infección disminuye a medida que avanza el embarazo. Sin embargo, el citomegalovirus puede provocar sordera, retraso del crecimiento intrauterino (RCIU) e incluso anomalías cerebrales en el feto. Si se sospecha una posible infección por citomegalovirus a partir de una ecografía, es necesario pedir un análisis de sangre (serología) de la madre y, en caso de que sea positivo, realizar una amniocentesis para confirmar el diagnóstico. Si las ecografías indican una afección grave, el médico puede autorizar una interrupción médica del embarazo.

Herpes genital

Se trata de un virus muy extendido que por lo general provoca lesiones dolorosas en la vulva o en la vagina (aunque en algunos casos no presenta ningún síntoma). Cuando una mujer embarazada tiene un herpes genital, el principal riesgo que conlleva es la contaminación del feto durante el parto. Esta contaminación es bastante excepcional pero muy grave. Por esta razón, se practica una cesárea de forma sistemática cuando la mujer presenta un brote de herpes genital en el momento del parto. Si ya has tenido herpes anteriormente, informa a tu médico y mantente atenta.

Varicela

Esta enfermedad de origen viral suele cursarse en la infancia y, en casos excepcionales, en la edad adulta. Después de una incubación de 15 días durante la cual la persona es contagiosa, se produce una erupción cutánea precedida de un poco de fiebre (38 ºC). Esta erupción evoluciona en brotes sucesivos durante unas dos semanas, con granitos que pueden aparecer en todo el cuerpo y que se convierten en vesículas antes de secarse. Durante el embarazo, la varicela puede provocar en la madre una neumopatía que se manifiesta con tos. En embarazos de menos de cinco meses, puede producir un crecimiento retardado del feto y lesiones en la piel, los ojos, el cerebro, los huesos… Para determinar si existe contaminación en el feto, es necesaria la amniocentesis. Si el resultado de la prueba es positivo y la ecografía muestra una anomalía, es posible optar por la interrupción médica del embarazo. Si, por el contrario, el resultado es negativo, es necesario seguir con el control ecográfico mensual y realizar una resonancia magnética durante el séptimo mes. Si la madre contrae la varicela justo antes o después del parto, las consecuencias son graves, ya que el recién nacido también puede contraer la enfermedad.

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