Aprende a calmar tu angustia durante el embarazo

¿Estás embarazada y el menor cambio te estresa? ¡Calma! Lee nuestros consejos para adoptar una actitud “zen”.

Di adiós al estrés

Lo primero y principal es mantenerse serena durante los nueve meses de embarazo. Aunque episodios aislados de nervios no presentan ningún riesgo, el estrés crónico puede tener repercusiones sobre el bebé, ya que la ansiedad provoca un descenso de la progesterona, hormona esencial para la gestación.

Estudios han demostrado que la exposición al estrés aumenta el riesgo de complicaciones como el parto prematuro o la preclampsia. Además, el estrés durante el embarazo podría contribuir a que el niño sea hiperactivo. De manera que ¡serénate!

Las falsas angustias del embarazo

Es esencial dejar de angustiarse inútilmente por problemas que, en verdad, no lo son. Aquí, una lista de inconvenientes por los cuales no deberías inquietarte:

  • Picores cutáneos

Los picores de la piel del vientre son típicos durante el embarazo y pueden agudizarse conforme se acerca la fecha de parto. En efecto, la piel no deja de estirarse y esto la vuelve más seca y sensible, lo que explica los picores. Éstos se calman con la aplicación diaria de una crema nutritiva.

Sin embargo, si, en el tercer trimestre, los picores se extienden a otras partes del cuerpo, por las palmas de los manos y las plantas del pie, principalmente, será necesario consultar con el médico, pues puede existir una colestasis gravídica.

  • Pérdidas blancas

Muchas futuras mamás conocen bien este fenómeno: la abundancia de secreciones vaginales molestas pero absolutamente normales. En este periodo el cuerpo produce muchas hormonas que favorecen el embarazo. Éstas acarrean una superproducción de una sustancia viscosa y casi transparente por parte de las glándulas de la vagina y el cuello del útero. Pero no hay que asustarse. En cambio, las pérdidas con color o sangre pueden ser indicio de una infección o un problema grave y han de ser motivo de consulta médica.

  • Dolores del bajo vientre

Durante el embarazo, los músculos y ligamentos que sostienen el útero se estiran. Este fenómeno suele ser el responsable de los dolores en esta región. El problema es inherente al embarazo, de manera que es inútil preocuparse. Para atenuar la tensión, puedes levantar las piernas y doblar las rodillas sobre el abdomen o tumbarte de lado, con una almohada debajo del vientre y otra entre las piernas. Mientras que el dolor sea soportable y no vaya asociado a ningún otro síntoma, relájate y déjate mimar. Por el contrario, si los dolores van acompañados de fiebre o sangrado, contacta con tu médico.

  • Estreñimiento y hemorroides

Una de cada dos mujeres presenta síntomas de estreñimiento durante la gestación, lo cual se explica por el aumento del tamaño del útero, capaz de provocar una presión sobre el recto que bloquea las contracciones intestinales. Además, las hormonas del embarazo tienen tendencia a ralentizar la digestión y el tránsito. Si esta etapa se prolonga pueden aparecer hemorroides, fuente de muchas molestias e incluso dolor. Estos problemas suelen desaparecer tras el parto. Para evitar los inconvenientes se recomienda comer alimentos ricos en fibra y practicar alguna actividad física. Si nada soluciona el problema se te pueden recetar laxantes suaves.

  • Fatiga

El cansancio extremo durante el embarazo es normal, pues el cuerpo trabaja más de lo normal. La concentración hormonal, el metabolismo y la circulación sanguínea se modifican. Esto último da lugar a que el índice de azúcar en sangre y la tensión arterial bajen. Al cansancio a veces se le suman algunos dolores musculares. Los masajes pueden mejorar las tensiones y aliviar el dolor. Para luchar contra la apatía, come correctamente, duerme siestas y organízate el horario. En conclusión: descansa y cuídate.

  • Calambres

Los calambres suelen aparecen en las piernas durante el día y multiplicarse por la noche a medida que el embarazo avanza. Son molestos pero exentos de peligro y suelen responder al aumento del peso sobre los músculos de las piernas. También pueden ser consecuencia de un exceso de fósforo en la sangre o, por el contrario, de una falta de calcio. Asimismo, cuando el útero crece ejerce más presión sobre los nervios de los miembros inferiores. Para combatir los calambres, estira las piernas, evita permanecer mucho tiempo de pie y mueve regularmente los tobillos y los dedos del piel. También puedes comer alimentos ricos en calcio y magnesio.

En general, estos síntomas son benignos y no requieren ninguna visita al médico. Pero si realmente te generan dudas, no dudes en hablar con tu ginecólogo o tu matrona.

E. Jost

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