Las primeras precauciones

Algunos principios básicos

El inicio del embarazo no implica grandes transformaciones en la vida diaria, pero si además no pierdes de vista algunos principios básicos y duermes o descansas siempre que lo necesites, todo irá como la seda para ti y para el feto.
Los medicamentos
¡Se acabó automedicarse! Ésta es la primera regla de oro que debes cumplir. A partir de ahora, no puedes tomar ningún comprimido ni medicamento si no es por prescripción médica. Incluso los que parecen más inofensivos, como la aspirina, los jarabes para la tos o las cremas pueden tener consecuencias negativas. No es que haya que dejar de medicarse, sino que hay que tener en cuenta en todo momento los consejos del médico.
El deporte
El embarazo no implica en absoluto sedentarismo, pero sí conviene evitar aquellos deportes con los que puedas sufrir una caída o un golpe violento, o con los que pueda faltarte el oxígeno, como por ejemplo el buceo, el esquí alpino, la bicicleta todo terreno o los deportes de combate. Aparte de estas excepciones, tienes muchas posibilidades entre las que elegir. Si lo tuyo es el deporte, por lo general podrás seguir con tu práctica deportiva habitual, pero es importante que antes consultes a tu médico.
Los productos tóxicos
El riesgo de inhalar productos tóxicos en la actividad cotidiana es muy bajo. Basta con evitar el contacto con las pinturas o los pesticidas. Por eso deberás tener especial cuidado si trabajas en un sector en el que se manipulen pinturas o productos químicos. Si éste es tu caso, no dudes en preguntar al médico de tu empresa sobre la posibilidad de cambiar temporalmente de lugar de trabajo dentro de la misma compañía.

El consumo de tabaco, alcohol y drogas

Si fumas o tomas bebidas alcohólicas, aunque sólo sea de vez en cuando, el inicio del embarazo puede ser el momento idóneo para dejar ambas cosas, tal como te aconsejará cualquier médico. Naturalmente, la decisión es tuya, pero debes tener en cuenta las posibles repercusiones que tiene para el feto. El alcohol influye negativamente en su desarrollo y, en el peor de los casos, puede derivar en un síndrome de alcoholismo fetal que podría ser la causa de problemas mentales. Por su parte, el tabaco y el cannabis aumentan los riesgos de infección o de enfermedades respiratorias después del nacimiento, mientras que la cocaína y otras drogas duras pueden provocar complicaciones peligrosas y crear dependencia en el recién nacido.
El alcohol
Durante el embarazo conviene suprimir totalmente el consumo de alcohol, aunque sea en cantidades pequeñas. No olvides que siempre que tú bebas, el feto también lo hará, con la diferencia de que su organismo no dispone de los mismos filtros que el tuyo, ya que el hígado todavía no se ha desarrollado. En el primer trimestre, sobre todo, el alcohol puede ser la causa de malformaciones en el feto. Si crees que te va a resultar muy difícil prescindir de tu copita de vino o de tu vermut diarios, no tengas reparos en comentárselo a tu médico. La dependencia puede surgir de forma insidiosa, y existe el riesgo de que el feto también se habitúe al alcohol.
El tabaco
Con suerte, puede ser que las náuseas de los primeros meses de gestación te hagan aborrecer el tabaco y te ayuden a dejar de fumar. Sin embargo, la mayoría de las veces, y aunque la mujer esté convencida de que es una decisión acertada, lo más probable es que dejar el tabaco requiera grandes dosis de voluntad. Si éste es tu caso, puedes recurrir al consejo de tu médico o al de un centro especializado e informarte sobre los distintos métodos para dejar de fumar. Incluso algunos sustitutos de la nicotina, como los parches, son aptos para las embarazadas, siempre bajo las indicaciones del médico. Aparte de la ayuda que puedan ofrecerte estos métodos, deberás aplicar toda una serie de trucos que te ayudarán a mantenerte firme en tu decisión, como por ejemplo beber un vaso de agua siempre que te apetezca encender un cigarrillo o salir a pasear unos minutos, sin contar con que, naturalmente, todo esto resulta más fácil en un entorno de no fumadores.

¿Qué debo comer?

No existe ninguna dieta específica para embarazadas. Lo mejor es comer de todo y evitar saltarse comidas y, sobre todo, evitar cualquier tipo de carencia. Algunas categorías de alimentos son especialmente importantes durante el embarazo, como por ejemplo los productos lácteos y las proteínas animales (carne, pescado y huevos). Si sólo comes este tipo de alimentos de vez en cuando, no estará de más hacer un pequeño esfuerzo para aumentar su consumo, al igual que el de fruta, verdura, materias grasas, féculas y cereales. Tu organismo también necesitará mayores dosis de hierro, ácido fólico, calcio y vitamina D. Esto no significa que debas ingerirlos necesariamente en forma de comprimidos (algo que, en todo caso, deberá prescribir tu médico), sino que puedes obtenerlos a partir del consumo de distintos alimentos: el hierro está presente en la carne y las legumbres; el calcio, en los productos lácteos; el ácido fólico, en los huevos y la verdura; la vitamina D, en el pescado azul… Lo más recomendable al principio del embarazo es comer de todo y no excluir ningún tipo de alimento.
Prevenir no está de más
Una medida preventiva durante el embarazo consiste en prestar una mayor atención a la higiene alimentaria para evitar la toxoplasmosis (si no estás inmunizada, consulta la p. 176) y la listeriosis. Para ello es necesario lavar bien la fruta y la verdura, mantener el frigorífico limpio, y comer carne, pescado y marisco bien cocidos. En cuanto a la toxoplasmosis, se recomienda evitar el contacto con los gatos o, como mínimo, con sus excrementos. Éstos son los consejos básicos, pero si optas por una prevención máxima, como medidas complementarias puedes retirar la corteza de los quesos y evitar el consumo de leche sin pasteurizar, de cereales germinados como la soja, de charcutería al corte, de picadillo e incluso de productos con gelatina. Pero lo cierto es que, hoy en día, la listeriosis es una enfermedad infecciosa muy poco frecuente.

Otros contenidos del dosier: Primeros cuidados

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