Visitas y controles posteriores

Después de la primera consulta

Al salir de la primera consulta, llevarás los volantes correspondientes para los análisis de laboratorio y la ecografía del primer trimestre. Debes conservar todas las recetas, los resultados de los análisis y los informes, ya que estos documentos constituirán tu historial médico. El seguimiento del embarazo se realizará a lo largo de las distintas visitas y controles mensuales. Para aprovechar al máximo estas visitas, ve anotando todas tus dudas para después consultarlas con el médico, independientemente de si te parecen o no importantes. Si detectas el más mínimo problema antes de la siguiente visita al médico o tienes cualquier duda , lo mejor es llamar a tu ginecólogo o comadrona y, en su ausencia, al facultativo de guardia, que te indicará si es necesaria una consulta de urgencia. Las visitas al médico también son importantes cuando todo se desarrolla con normalidad, puesto que sirven para prevenir, establecer una relación de confianza entre tú y el médico, y vivir el embarazo con serenidad y seguridad.

Las preguntas adecuadas

En cada visita, el médico o la comadrona valorarán tu estado de salud y la evolución de tu embarazo, te informarán sobre las sesiones informativas y las clases de preparación para el parto a las que puedes asistir, entre otros aspectos, y te darán
consejos sobre descanso, alimentación y actividades para que adaptes tus hábitos.
¿Tienes contracciones uterinas? Cuando tengas contracciones, notarás que tu vientre se endurece por momentos y adopta la forma de una pelota. Las contracciones, que no necesariamente son dolorosas, pueden localizarse en la espalda de forma excepcional. Es posible que tengas contracciones durante todo el embarazo, pero sobre todo en las últimas semanas. Presta atención para asegurarte de que sean poco frecuentes y de escasa intensidad: antes del noveno mes no deberías tener más de 9 contracciones al día.
¿Sangras? Si la respuesta es «sí», consulta al médico urgentemente para que pueda determinar las causas.
¿Tienes pérdidas? Puede tratarse de pérdidas vaginales normales (blanquecinas, algo mucosas y en ocasiones abundantes y más fluidas hacia el final del embarazo) o de pequeñas pérdidas de orina. Cuando las pérdidas están causadas por una infección, van acompañadas de picores o escozor y pueden oler. En este caso deberás consultar al médico. Si el líquido es transparente, caliente y de olor dulzón, también deberás avisar al médico, ya que probablemente se trate de líquido amniótico.
¿Sientes los movimientos del bebé? Primero notarás una especie de revoloteo de alas de mariposa (que se percibe más fácilmente en un segundo embarazo) y, más adelante, verdaderos movimientos y «patadas». Es posible que en el tercer trimestre notes un sobresalto muy localizado: es el hipo del bebé y una prueba de que está bien. En ningún caso el feto debe dejar de moverse durante más de 12 horas. Una embarazada reconoce perfectamente los movimientos del bebé, así que nadie mejor que tú para saber si se mueve menos de lo habitual. Confía en ti, pero en caso de duda consulta a tu ginecólogo. Podrían ser los síntomas de una infección urinaria. Consulta a tu médico, sobre todo si van acompañados de fiebre.
¿Tienes fiebre? Dado que la fiebre suele aparecer en caso de infección, es necesario acudir al médico lo antes posible, y más teniendo en cuenta que puede provocar contracciones uterinas.

El desarrollo de una consulta

Todas las consultas incluyen el diálogo con el médico y un reconocimiento completo que es siempre el mismo.
Chequeo En primer lugar, el médico o la comadrona te pesarán (aumentarás alrededor de un kilo al mes durante los seis primeros meses, y entre 1,5 y 2 kg en los últimos, lo que equivale a un total de 10-15 kg), te tomarán la tensión arterial (que debe ser inferior a 14/9, siendo la segunda cifra la más importante), comprobarán si tus piernas están hinchadas (aparición de edemas) y pedirán un análisis de orina.
Exploración ginecológica A través de la palpación del abdomen, el ginecólogo determinará la posición del feto.
Medirá la altura del útero con una cinta métrica para calcular su volumen aproximado y auscultará el corazón del futuro bebé con un cardiotacógrafo o monitor fetal para asegurarse de que la frecuencia de los latidos sea normal (entre 120 y 160 latidos por
minuto). Finalmente, a través del tacto vaginal medirá la longitud del cuello del útero y comprobará que esté bien cerrado.

La última visita

En el transcurso de la última visita antes del parto, el médico determinará la presentación del bebé y, con el tacto vaginal, calculará las dimensiones de tu pelvis con el fin de saber si es lo suficientemente ancha para permitir el paso del bebé.
Si tu hijo está de nalgas Cuando el bebé se presenta de nalgas, es necesario darle la vuelta para que se ponga con la cabeza hacia abajo. Existen distintos métodos para conseguirlo: el más frecuente es la versión externa, que consiste en dar la vuelta al niño hacia el final del octavo mes. Tras comprobar la posición del feto con la ecografía, el ginecólogo lo dirige con la mano hacia la cabeza de la madre para separarlo de la pelvis y después le da la vuelta para que quede con la cabeza hacia abajo. Este método funciona en la mitad de los casos. Los demás métodos, que deberás practicar tú misma, son la postura del puente (no confundir con el ejercicio del puente) y la acupuntura. El primer método consiste en adoptar una determinada postura dos veces al día durante 10-20 minutos. Se trata de acostarse boca arriba y, con la ayuda de cojines, mantener la pelvis levantada unos 30-35 cm del suelo. Con la cabeza a unos 15 cm del suelo, apoyada en otro cojín, deberás mantener las piernas estiradas y los talones en contacto con el suelo. En acupuntura se aplica la técnica de la moxibustión, que consiste en la combustión de determinadas plantas cerca de la piel. Se trata de favorecer la movilidad del bebé para que se dé la vuelta haciendo quemar un bastoncillo de moxa cerca del dedo pequeño del pie todos los días durante una semana. Si ya has tenido un parto por cesárea o si te han operado de un fibroma, por ejemplo, tu útero presentará una cicatriz (útero cicatricial) que puede ser más o menos resistente. Sin embargo, no existe ninguna prueba que permita saber previamente y con total seguridad si con este nuevo parto la cicatriz resistirá las contracciones uterinas. En caso de que no las soporte, será necesario practicar una cesárea. El médico evalúa este riesgo, a más tardar, en la última visita. Si la pelvis parece normal, el bebé no es excesivamente grande y la cesárea anterior se desarrolló sin complicaciones, no hay ninguna razón para recurrir a la cesárea de forma sistemática, pero deberás acudir a la maternidad en cuanto tengas las primeras contracciones.

Una visita obligatoria al anestesista

Si se quiere recibir anestesia durante el parto, en algunos sistemas públicos sanitarios, al final del octavo mes se programa una visita al anestesista para preparar las condiciones del parto de la mejor forma posible. Esta visita incluye un cuestionario detallado sobre tus antecedentes médicos y quirúrgicos, sobre posibles alergias (antisépticos, antibióticos…) y toma de medicamentos, y un reconocimiento médico completo. El objetivo de esta consulta es identificar el riesgo de hemorragia o alergia, buscar una posible contraindicación de la epidural, determinar la facilidad de la
aplicación de anestésicos (examen de la columna vertebral y de la boca) y conseguir el máximo de información sobre tu estado físico antes del parto. Esta reunión con el anestesista puede parecer superflua, ya que la mayoría de las embarazadas son jóvenes y gozan de buena salud, pero resulta muy útil para enfrentarse a posibles imprevistos durante el parto.
Información sobre la epidural El anestesista también te explicará en qué consiste la epidural, cómo se administra y cuáles son sus efectos durante el parto. Asimismo, te indicará que es posible practicar una cesárea bajo los efectos de la epidural. Frecuentemente, las maternidades organizan sesiones informativas en grupo sobre la epidural.

Signos de alerta

  • Contracciones: En caso de tener contracciones dolorosas y frecuentes (si se producen cada 5-10 minutos), debes ir al hospital urgentemente, ya que existe amenaza de parto prematuro.
  • Sangrado: En el primer trimestre del embarazo, las pérdidas de sangre no son necesariamente graves, pero pueden ser indicativas de un aborto espontáneo precoz o de un embarazo extrauterino. Posteriormente, pueden indicar una anomalía en la placenta y el riesgo de hemorragia masiva. En cualquiera de los casos deberás avisar a tu médico.
  • Fiebre: La fiebre es síntoma de una infección. Si al cabo de 24 horas la fiebre no remite, deberás acudir al médico.
  • Pérdida de líquido amniótico: Si la consistencia de tus pérdidas no es la habitual, lo más posible es que se trate de líquido amniótico (un líquido transparente parecido al agua, caliente y de olor dulzón). Consulta a tu médico lo antes posible.
  • Disminución de los movimientos del bebé: Si no has sentido los movimientos del bebé durante 12 horas, deberás acudir al médico con urgencia. Una ecografía y una monitorización permitirán comprobar el estado del feto.

Otros contenidos del dosier: Seguimiento médico mes a mes

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