Antes del parto, no te olvides de la consulta con el anestesista

En el caso de la preparación para un parto, muchas de las preguntas que nos hará el facultativo, y la mayoría de las pruebas que nos solicitará no difieren de las de cualquier otra intervención de cirugía mayor. Vamos a repasarlas para conocerlas un poco mejor.

Conociendo cómo reaccionamos a los medicamentos

Ante cualquier intervención quirúrgica (el parto, en principio, se ha de entender como tal), el médico ha de saber si somos alérgicos a alguna medicación, por si en algún momento del proceso pre, intra o postoperatorio requerimos de su utilización. Así mismo, conviene saber si alguna vez anteriormente hemos entrado en el quirófano, y, si es el caso, si en aquella ocasión toleramos correctamente los anestésicos pautados o no.

Otro aspecto de especial relevancia es saber si la gestante toma algún tipo de medicación por algún motivo diferente de la gestación. Una vez más, se busca evitar que cualquier fármaco que tome la gestante pueda interferir con el proceso normal de parto. Los antiinflamatorios, por ejemplo, además de estar “prohibidos” en el tercer trimestre de gestación por posibles efectos sobre el feto (persistencia del ductus arterioso, por ejemplo), deberían ser evitados como analgésicos en una intervención quirúrgica, toda vez que sobrecargan al riñón en su función, y pueden hacer aumentar las cifras tensionales.

Nuestros antecedentes personales

Es muy probable que, durante la entrevista que se establece para conocernos mejor, nuestro médico nos pregunte acerca de ciertos hábitos tóxicos. No ha de incomodarnos. Hemos de pensar que, ante determinadas actividades, o el consumo de ciertas sustancias, pueden aparecer procesos infecciosos, de los que han de prevenirse los sanitarios. Así mismo, determinadas drogas pueden condicionar severamente nuestra reacción ante la anestesia pautada (incluso puede no ser efectiva, por tolerancia por nuestra parte).

La analítica y las pruebas de coagulación

Ante toda intervención quirúrgica, conviene conocer cómo va a responder la gestante ante una agresión en forma de herida incisa sangrante. Así, es fundamental estudiar la cantidad y calidad de las plaquetas que circulan por su torrente sanguíneo, y si su sistema de la coagulación (factores de la coagulación) está o no alterado.

Y como en cualquier otro sangrado, un parámetro fundamental es el hemograma (es decir, saber la cantidad de células circulantes en el plasma sanguíneo), de cara a descartar la presencia de anemia, que podría hacer precisa la utilización de hierro, o incluso alguna transfusión sanguínea previa al parto. 

Así mismo, conviene conocer cómo funcionan dos órganos fundamentales a la hora de metabolizar y eliminar la anestesia introducida durante el parto: el riñón y el hígado. Así, pues, en la analítica preoperatorio quedarán incluidos un perfil renal, y uno hepático (transaminasas y demás).

Los niveles de glucosa también hemos de conocerlos, pues es el nutriente fundamental de las células del organismo, y el que nos va a condicionar en cierta manera el proceso del parto y, sobre todo, la posterior recuperación de la gestante.

La radiografía

Ésta ha de ser del tórax, y en proyección posteroanterior. Nos va a permitir conocer si existe alguna alteración anatómica o funcional, tanto en el corazón como en los pulmones de la gestante, que pudiera condicionar las maniobras propias de toda intervención quirúrgica.

Un electrocardiograma

Pese a que en los manuales consultados limitan la necesidad de realizar un electrocardiograma a toda gestante mayor de 45 años, no está de más realizarlo, y permite conocer si la mujer tiene algún tipo de alteración en el ritmo cardíaco que dificulte la intervención, o debamos tener en cuenta a la hora de aplicar los anestésicos.

Una espirometría

Ésta sí que es una prueba opcional, limitada a las mujeres con problemas de insuficiencia respiratoria (afortunadamente, son una minoría). Por lo que, seguramente, en su caso, no será una prueba que le soliciten.

El consentimiento informado

La visita con el anestesista se acompaña de un acto fundamental en medicina: la firma del denominado Consentimiento Informado. Se trata de un documento donde quedan explicadas, entre otras cuestiones, la intervención que nos van a realizar, dónde la van a realizar, y quién la realizará; los riesgos que pueden aparecer durante la misma… Y al final del documento, existe un lugar donde hemos de dejar nuestra firma. No plasmar dicha firma impide al médico llevar a cabo la intervención (salvo situación de urgencia vital).

Se recomienda encarecidamente que, antes de firmar dicho documento, le preguntemos a nuestro médico todas las dudas que tengamos respecto al proceso. Y, si tras leer el documento, existe alguna parte que no entendemos, nuestro médico ha de aclarárnosla, dentro de sus posibilidades.

Para más información sobre la anestesia epidural, consulta nuestro artículo La epidural en 10 preguntas.

Otros contenidos del dosier: Llega el día D

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