Ingreso a la maternidad

¿Qué sucede?

Gracias a tu historial, la comadrona conoce perfectamente tus antecedentes y la evolución de tu embarazo. En primer lugar, te hará algunas preguntas: ¿Cómo son las contracciones? ¿Cuándo han empezado? ¿Has perdido líquido amniótico? ¿Y sangre? ¿Notas si el niño se mueve? A continuación te examinará y te monitorizará. Unos sensores conectados a un aparato registrador medirán tus contracciones y también el ritmo cardiaco del bebé. Pero hasta que no pases a la sala de partos sólo estarás bajo monitorización de forma intermitente. En la mayoría de los casos no estarás obligada a permanecer tendida, sino que podrás andar para activar el parto. No te trasladarán a la sala de partos hasta que el cuello del útero tenga la dilatación adecuada.
El primer examen médico La comadrona te tomará la tensión y la temperatura y te pesará. Prescribirá un análisis de orina para medir el nivel de azúcar y de albúmina. También puede tomar una muestra vaginal y una de sangre (índice de coagulación con vistas a la epidural, básicamente) si todavía no te han efectuado estos análisis. No obstante, sobre todo va a evaluar si el parto es inminente o no y si podrá efectuarse sin preocupaciones de forma natural. Palpándote el vientre, la comadrona confirma que el bebé se presenta como se prevé, por la cabeza o por las nalgas. Mediante un tacto vaginal, obtiene dos informaciones esenciales: la posición de la cabeza del bebé (alta o baja) y el estado de tu cuello uterino (longitud, tonicidad, abertura y localización).
Las situaciones posibles
Según el resultado, la comadrona decidirá qué pasos se deben realizar. Si la dilatación del cuello no ha empezado y no has roto aguas, te propondrá que vuelvas a casa o te aconsejará que te quedes una hora o dos en el centro para ver cómo evoluciona la situación. Si la dilatación realmente ha empezado, o la bolsa de las aguas se ha roto o presenta una fisura, deberás permanecer en la maternidad.

Contracciones «eficaces» o no

Cuando tengas contracciones, lo esencial es saber si comportan o no una dilatación del cuello uterino, es decir, si son «eficaces». Esto es lo que determina el examen médico.
Cuando hay que esperar a que la dilatación sea la correcta, el equipo médico irá a verte a menudo. Es el momento de poner en práctica las técnicas de relajación que aprendiste durante la preparación para el parto. Entonces debes esperar unas horas en una sala de «preparto» o en una habitación. A continuación, las contracciones o bien se acentúan y empiezan a realizar su función de motor, o por el contrario, desaparecen.
En este último caso, durante la espera, y para acelerar un poco el proceso, no dudes en andar.
Estás justo al principio del parto La dilatación del cuello ha comenzado. Normalmente, tienes la posibilidad de esperar en una habitación. Allí puedes adoptar la posición que más te convenga en función de las instalaciones y de los accesorios disponibles. Si aún no has roto el saco amniótico y la habitación dispone de bañera, puedes tomar un baño, pero procura estirar la espalda y no arquear el cuerpo. Por último, también puedes pasear por la calle, a menos que ya hayas roto aguas. Por prudencia te pedirán que no bebas ni comas por si tuviesen que ponerte una anestesia general.

¿Qué efecto tienen las contracciones?

Durante los ocho meses que preceden el parto, el cuello el útero, situado detrás de la vagina, presenta una longitud de unos 3 cm. Su orificio externo (vuelto hacia la vagina) está cerrado, al igual que el interno (vuelto hacia el útero). Por efecto de las contracciones, el cuello uterino en un primer momento se acorta y luego pasa al centro de la vagina. A partir de ese momento empieza a dilatarse: se abre progresivamente, como un cuello enrollado que se transformase en un cuello liso. Entonces la cabeza del bebé podrá pasar a la pelvis.

Si has roto aguas

Si las contracciones del útero aparecen muy rápidamente después de romper el saco amniótico, te llevarán enseguida a la sala de partos. Pero si no tienes contracciones, ello no será motivo para que abandones la maternidad. Si el parto no ha empezado 12
horas después de tu llegada, como el bebé no está protegido de los gérmenes por el saco amniótico, el equipo médico te administrará antibióticos. También controlará a menudo tu temperatura y el color del líquido amniótico, que puede ser un indicador del estado de salud del bebé.

En la sala de partos

Cuando la comadrona considere que el cuello está lo bastante dilatado, el equipo médico te instalará en la sala de partos. Allí, vestida con una bata, o con las prendas que hayas elegido para dar a luz, te sentarás o te tenderás en la cama que te han destinado. Estarás en perfusión durante todo el parto, y por lo menos dos horas después del alumbramiento. También recibirás constantemente un aporte suficiente de agua y glucosa. Si optas por la anestesia epidural, la perfusión también permitirá administrarte líquido fisiológico antes de la anestesia con el fin de prevenir disminuciones bruscas de la tensión arterial.
La monitorización Van a ponerte bajo monitorización (que registra las contracciones y el ritmo cardiaco del bebé). El latido sordo y rápido que oirás es el corazón de tu hijo. Late a razón de 120 a 160 latidos por minuto. Este ritmo varía constantemente durante el parto. Si se ralentiza demasiado, el equipo médico puede reaccionar enseguida y plantearse, por ejemplo, realizar una cesárea de urgencia.
¿Epidural o no? Quizás hayas decidido de antemano dar a luz con anestesia epidural. En este caso, es útil que se lo recuerdes al equipo médico al llegar a la sala de partos. De todos modos, puedes decidirlo más tarde, incluso cuando el cuello ya esté bien dilatado.

Otros contenidos del dosier: Llegada a la maternidad

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