La epidural en 10 preguntas

¿Quién puede beneficiarse de la epidural?

Todas las mujeres, salvo las que presentan fiebre, infección en la espalda (forúnculos), problemas de coagulación y determinadas enfermedades neurológicas. En algunas circunstancias la epidural puede ser peligrosa y el anestesista puede negarse a practicarla. Finalmente, no hay que olvidar algunas cuestiones prácticas: la epidural requiere que haya un anestesiólogo presente en el momento de parir. Un aspecto importante a la hora de elegir hospital.

Has decidido no recurrir a la epidural, pero el parto se presenta doloroso y te arrepientes de tu elección. ¿Es posible cambiar de opinión en el último momento?

Sí, es posible… hasta cierto punto. Es posible ponerla si la dilatación del cuello del útero no es superior a seis o siete centímetros. Después puede resultar un poco tarde, pues la anestesia no tendrá tiempo de actuar.

En caso de querer recurrir a la epidural, ¿cómo es el procedimiento?

Unas semanas antes del parto tendrás una cita con el anestesiólogo. Es una consulta que resulta obligatoria hoy en día, hayas o no decidido qué quieres hacer. El experto te informará sobre la anestesia y te examinará. Eventualmente puede solicitar un examen de sangre. No dudes en hacerle todas las preguntas que te preocupen. Para no olvidar ninguna, te recomendamos que antes las escribas todas en un papel.
En el momento de parir, un médico anestesiólogo (seguramente no el mismo) vendrá a examinarte para verificar que no haya contraindicaciones. A continuación, te pedirá que te sientes o te tumbes de lado, para que pueda pincharte en la parte inferior de la espalda, entre las dos vértebras lumbares. Esto le permitirá introducir un catéter en el espacio epidural. La maniobra durará algunos minutos, tal vez más en función de tus condiciones anatómicas (escoliosis). Después, una venda permitirá mantener el catéter en su sitio durante el parto y el médico inyectará la anestesia conforme verifica tu ritmo cardiaco. Es probable que te coloquen también una sonda urinaria, porque la epidural suprime las ganas de orinar.
Tras la primera inyección, habrá que esperar entre 10 y 15 minutos para sentir alivio del dolor. Según lo que dure el parto, es posible que haya que renovar las inyecciones, que serán totalmente indoloras, pues se hacen a través del catéter.

¿Duele?

Es posible sentir cómo la aguja penetra en la espalda. También, algo de electricidad en las piernas y la espalda. Pero la molestia dura poco, y tras algunos minutos el dolor de las contracciones uterinas se reduce considerablemente.

Las piernas, ¿quedan paralizadas?

No completamente. Se sentirán más pesadas o debilitadas, pero podrán moverse. De hecho, la epidural suprime el dolor pero no la sensibilidad.

¿Qué riesgos tiene?

Puede tener efectos secundarios, pero la mayoría son benignos: puede ocurrir que surta escaso o nulo efecto. Puede haber dolor en la espalda, pero es difícil saber si éste responde a la anestesia o a una postura adoptada durante el parto. Más raramente (menos de 1% de los casos), algunas mujeres presentan una fuerte hipotensión, dolores de cabeza o vértigos durante algunos días a causa de una lesión de la duramadre (una de las meninges). Los accidentes graves son extremadamente raros (shock alérgico, accidente cardiovascular), pero pueden sobrevenir como con cualquier anestesia.

¿Qué consecuencias tiene para el bebé?

En condiciones normales, la epidural no afecta al bebé en modo alguno. En el mejor de los casos, permite acortar el trabajo de parto, gracias a la distensión que procura y porque permite utilizar productos que aumentan las contracciones uterinas. Sin embargo, hay estudios que han demostrado que la duración del trabajo de parto también puede alargarse como consecuencia de la epidural. Por otra parte, puede aumentar los partos instrumentales (fórceps, ventosas), dado que reduce la capacidad de la madre de empujar. Finalmente, es necesario saber que el bebé recibe una pequeña dosis del producto.

¿Hay otras soluciones para no sentir dolor?

Sí, pero todo depende de la manera en que cada una siente el dolor. Los chinos, por ejemplo, dan a luz con ayuda ¡de la acupuntura! Sin ir tan lejos, las matronas suelen recomendar métodos como la sofrología, la haptonomia o el masaje. La anestesia raquídea es otro tipo de anestesia local, pero suele tolerarse menos que la epidural. Finalmente, existe por supuesto la anestesia general, pero sólo se utiliza en casos particulares (contraindicación de la epidural, urgencia) y su principal inconveniente es que priva a la madre de vivir el parto.

Tengo que someterme a una cesárea y me proponen hacerla bajo epidural. ¿Es posible?

Por supuesto que sí. La anestesia funciona según el principio del parto natural, salvo que las dosis son mayores. La ventaja es que permite vivir el parto en directo, pues la madre está consciente y se da cuenta de todo lo que sucede. En cambio, no verá nada, pues unas cortinas le bloquearán la visión; ¡pero podrá ver al bebé en cuanto nazca!
Antes de tomar cualquier decisión, habla con el anestesista. Es importante que confíes en él para que puede orientarte.

Vas a dar a luz dentro de poco. ¿Debes solicitar la epidural?

Sólo tú puedes responder a esa pregunta, hablando con personas de tu entorno y con tu anestesiólogo. La elección también dependerá de la manera que tengas de sentir y percibir el dolor. Para algunas, el dolor del parto es insoportable y la epidural un derecho. Para otras, sentir el dolor y aprender a controlarlo constituye una experiencia enriquecedora. Tendrás que ver en cuál de estas dos posiciones de colocas. Lo único que no debes tolerar es dar a luz con dolor sólo por no haber un anestesiólogo disponible en el momento de dar a luz.
Dra. M. Olivier

Otros contenidos del dosier: Llegada a la maternidad

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