El examen pediátrico

De la cabeza a los pies

Para que este primer examen se realice en las mejores condiciones posibles, lo ideal sería efectuarlo en una sala silenciosa, a una temperatura agradable, iluminada con luz suave y en un momento en que el estado de vigilia del bebé le permita responder a los estímulos. Aunque no siempre coinciden todas estas circunstancias, puedes estar tranquila. Lo principal es que el pediatra no tenga prisa, que desnude al bebé sin gestos bruscos y le acaricie buscando su mirada y hablándole en voz baja para calmarle.
Un examen muy minucioso En primer lugar, el médico va a examinar atentamente todo el cuerpo de tu hijo. En particular la piel, que puede presentar, entre otros, una erupción benigna, como un «eritema tóxico»: unos puntitos blancos sobre una base roja que desaparecen al cabo de unos días. Observa meticulosamente sus oídos, nariz, ojos, boca y ano, el cuello y la columna vertebral. Ausculta atentamente el corazón y los pulmones, palpa el abdomen y mira el estado del cordón umbilical. Observa el sexo y, si es niño, confirma que los testículos estén en la base del escroto.
Las extremidades El pediatra también se interesa por las extremidades y sus ligamentos para descartar, por ejemplo, una posible fractura de clavícula. A veces se da este caso en bebés grandes, cuyo parto ha sido difícil, pero este tipo de fractura no es grave, ya que se cura espontánea y rápidamente. A veces, las extremidades inferiores de los recién nacidos presentan asimismo una deformación debida a la posición de las piernas dentro del útero. Algunas manipulaciones suaves por parte de un masajista bastan
normalmente para corregir estas pequeñas anomalías, como un pie vuelto hacia dentro (metatarsus varus) o la tibia curvada.
La luxación congénita de cadera Puede afectar a algunos recién nacidos, de modo que si existen antecedentes familiares, no dejes de comunicarlo, dado que es mucho más fácil tratar al bebé al nacer que cuando tiene unos años. Esta anomalía también es frecuente cuando el niño ha nacido de nalgas. Para rectificar la malformación, habrá que poner los pañales al bebé con las piernas bien separadas (en abducción) a fin de colocar la cabeza del fémur en la articula de abducción.

¿Y el sistema nervioso?

Después de examinar al recién nacido desde todos los aspectos físicos, el médico practica un examen neurológico, el cual dará una idea de la madurez de su sistema nervioso. La evaluación tiene en cuenta la fecha del final del embarazo y el número de horas o de días transcurridos desde el nacimiento. El pediatra evalúa, entre otras cosas, la tonicidad del recién nacido.
El tono pasivo Se examina en reposo. Cuando el bebé está en posición «fetal», con los brazos y las piernas flexionados, la flexión de los segmentos de sus miembros, unos respecto a otros, da la medida del tono llamado pasivo.
El tono activo Se mide con diversos estímulos. Cuando se pone el bebé de pie, sosteniéndole por debajo de los brazos, bien apoyado sobre la planta de los pies, el hecho de que se levante con fuerza sobre las piernas, elevando a continuación la cabeza y el cuello, es indicio de un buen tono activo. Denota lo mismo si consigue mantener la cabeza erguida unos segundos por sí solo cuando se pasa de la posición horizontal a la posición de sentado.

El examen del recién nacido

Reflejo de la marcha Si se sostiene al niño por las axilas, un poco inclinado hacia delante, con los pies planos sobre la cama, por sí solo da unos pasos adelante. Se trata de uno de los reflejos primarios que se observan en un bebé nacido a los nueve meses de embarazo. Este reflejo espectacular normalmente desaparece al cabo de cinco o seis semanas.
La observación de las caderas Cuando la cabeza del hueso del muslo, el fémur, está mal colocada respecto a la cadera, se habla de luxación. Cuanto antes se detecte esta anomalía, más fácil será el tratamiento. Si existe la menor duda durante el examen clínico, el pediatra encarga una ecografía o, según los casos, a partir de los 4 meses, una radiografía de la cadera.

Los reflejos primarios

Un cierto número de reacciones automáticas traducen asimismo el buen estado neurológico del recién nacido. Estos reflejos, calificados de arcaicos o primarios, desaparecen a lo largo de los primeros meses que siguen al nacimiento.
El reflejo de presión palmar (grasping réflex) Si colocamos los dedos dentro de las palmas de un bebé, se agarra a ellos tan fuerte que lo podemos levantar unos instantes.
«de los puntos cardinales» Son los diferentes reflejos que permitirán que el bebé se alimente. La capacidad de mamar del recién nacido se acompaña de un movimiento de la boca que busca el seno materno, y de una capacidad para orientar la boca a la derecha o a la izquierda, hacia arriba o hacia abajo. Si tocamos una de las comisuras de su boca, los labios se vuelven hacia ese lado.
El reflejo de Moro Si se sostiene al bebé tendido y se suelta bruscamente su cabeza, éste separa los brazos y los dedos y empieza a gritar, y a continuación pone los brazos en posición de abrazar.
El reflejo de la marcha Si mantenemos al recién nacido de pie sobre una superficie plana se levanta y mueve las piernas, ¡poniéndolas una delante de la otra!

¿Qué son las fontanelas?

En el recién nacido, los diferentes huesos que constituyen el cráneo aún no están soldados entre sí. Se encuentran separados por unas membranas cartilaginosas llamadas fontanelas. Existen dos fontanelas, de aspecto distinto. Los médicos las utilizan como referencia para definir la posición de la cabeza del bebé dentro de la pelvis durante el parto. La fontanela pequeña, o fontanela posterior, se encuentra en la parte posterior del cráneo y no siempre es palpable. La fontanela grande, o fontanela anterior, se encuentra en la parte superior del cráneo, y se reconoce por su forma romboidal. Notarás como late o se tensa cuando el bebé llora. Pero no temas, estas membranas son resistentes. Se osifican progresivamente a lo largo de un período que dura entre seis y veinticuatro meses.
El peso, la estatura y el perímetro del cráneo En las primeras horas después del nacimiento, se pesa y se mide al bebé. Se constatan diferencias notables de peso según los bebés y según se trate de una niña o un niño (de 2,5 a más de 4 kg), pero la estatura varía menos de un recién nacido a otro: entre 48 y 53 cm. Lo importante es que el peso y la estatura del niño se sitúen dentro de la media estadística. Las otras mediciones efectuadas durante la primera observación son, entre otras, el perímetro de la cabeza o perímetro craneal.

Otros contenidos del dosier: Postparto

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