Las primeras tomas

Calostro y leche materna

Antes de que suba la leche de verdad (alrededor del tercer día después del nacimiento), se produce el calostro, un líquido anaranjado denso y poco abundante, que es lo que, en un principio, alimentará a tu hijo.
El calostro Es un auténtico concentrado de leche que resulta muy importante para las primeras necesidades de tu bebé. Como es muy laxante, facilita la eliminación del meconio (las primeras heces del recién nacido), limitando así el riesgo de que el bebé contraiga ictericia. Es muy rico en grasas, azúcares, sal y proteínas, y hace que el bebé no sufra hipoglucemia (nivel bajo de azúcar en la sangre) ni deshidratación. El calostro es extremadamente valioso para la salud del bebé, ya que constituye su primer medio de defensa contra los microbios. Contiene una concentración elevada de sustancias llamadas «IgA secretorios», que tienen efecto antiinfeccioso y, además, estimulan el desarrollo del sistema inmunitario. De este modo, tu hijo no sólo estará mejor protegido contra las infecciones, sino que producirá más pronto sus propias defensas inmunitarias.
La leche materna La leche materna, perfectamente digerible, se adapta a las necesidades del bebé, tanto si ha nacido a los nueve meses como si es prematuro, día tras día y semana tras semana, durante todo el período de la lactancia. Al principio de la toma, la leche es clara, rica en agua y lactosa; es entonces cuando es más hidratante (leche acuosa).
Después se espesa para convertirse en una «leche cremosa» más alimenticia (en ese
momento la cantidad de materia grasa se multiplica por cuatro). Por ello se aconseja dar primero un pecho y después el otro, alternativamente. La composición de la leche cambia de una mujer a otra, varía de un día a otro e incluso a lo largo del día; así, el contenido en materia grasa sube entre las 6 y las 10 h de la mañana y es más elevado de día que de noche. La leche materna siempre está a la temperatura deseada, es asép tica y ofrece una gran diversidad de sabores al bebé, en función de la alimentación de la madre.

La lactancia: numerosas ventajas

La lactancia presenta numerosas ventajas, tanto para la madre como para el hijo. A corto plazo, al proporcionar al niño anticuerpos contra varias infecciones, la leche materna reduce considerablemente el riesgo de enfermedades grastrointestinales (diarrea) y respiratorias (asma), así como de otitis y de rinofaringitis. El hierro que contiene es fácilmente asimilable por el bebé. En la madre, la lactancia puede evitar hemorragias después del parto, y la retracción del útero es facilitada por las contracciones (llamadas entuertos), que aumentan bajo el efecto de las hormonas (oxitocina) que intervienen en la lactación. La lactancia también tiene efectos beneficiosos a largo plazo: reduce el riesgo de alergias, de obesidad y de diabetes juvenil en el bebé. En la madre, dar el pecho de forma prolongada reduce el riesgo de cáncer de mama.

Los inicios de la lactancia

Cuando empieza a dar el pecho, a menudo la madre recibe distintos avisos contradictorios que pueden ser muy desconcertantes; en ocasiones la mujer no sabe qué debe hacer ni cómo hacerlo. A continuación, se ofrecen algunos consejos prácticos para saber si el bebé mama bien, si se tiene suficiente leche y, en suma, para evaluar si todo marcha bien.
Un aprendizaje entre los dos Nunca olvides que la lactancia es cosa de dos. Algunas mujeres se preparan muy bien para la lactancia, pero las primeras succiones no se producen como ellas desean. ¡El bebé también tiene su parte de responsabilidad! Puede costarle encontrar el pecho, ponerse nervioso, etc. La madre y el bebé están aprendiendo, y necesitarán varios días para estar a punto.
Las dos primeras horas Lo ideal es que el primer «contacto-succión» tenga lugar dentro de las dos primeras horas después del nacimiento. Entonces, la madre está muy receptiva, todos los sentidos del bebé están alerta, y sus reflejos se encuentran particularmente desarrollados. Pero esta primera toma no siempre es fácil. La paciencia y la calma son imprescindibles. Deja que tu bebé se acerque al pecho él solo, que descubra instintivamente la acción de mamar. Los intentos de ayudarle (muy habituales) suelen producir molestias al bebé, incluso provocan que se niegue a tomar el pecho. Si el bebé es acercado a la fuerza al seno, puede empezar a gritar. Entonces, la lengua se le
pega al paladar y no forma un canal bajo el seno. En ese caso, le resulta fisiológicamente imposible mamar. Si tu hijo al principio no mama correctamente, no te preocupes. Dale tiempo para que te descubra. Pronto dispondrás de muchas otras ocasiones para enseñarle a mamar con eficacia. No olvides que no tienes la obligación de conseguir «resultados» en esta primera toma, y que este momento de intimidad, de contacto con la piel, este instante en que descubres al niño y él te descubre a ti, es muy importante.
En las horas siguientes Después de su llegada al mundo, durante unas veinte horas, tu bebé estará bastante cansado. Se duerme muy a menudo, ¡y tú también! Necesita recuperar fuerzas, ya que su nacimiento ha sido una dura prueba física y ha consumido muchas energías. Sin embargo, hay que estimular los pechos para favorecer la subida de la leche. Así, el número de tomas y la eficacia de la estimulación durante los primeros días condicionan la producción de leche durante todo el período de la lactancia. No dudes, pues, en incitar suavemente al bebé a mamar mediante pequeños trucos.
Mantenlo junto a tu pecho: tu olor y el contacto con tu piel pueden despertar en él ganas de mamar.
Obsérvale para distinguir los primeros indicios de que está disponible para acercarlo al pecho. Unos movimientos rápidos con los ojos indican que está inmerso en un sueño ligero (si intentas que mame durante el sueño profundo, no lo conseguirás); el movimiento de los labios y de la lengua, el hecho de que se lleve las manos a la boca, los ruidos de succión y los movimientos de su cuerpo son otros tantos indicios a partir de los cuales deducirás que el niño está a punto para mamar. Sólo como último recurso, cuando esté de verdad hambriento, gritará. Entonces deberás calmarle para que mame correctamente.
Cámbialo de pecho varias veces durante una toma, ponlo vertical sobre tu hombro (para que pueda eructar), acaríciale los pies y la cara, pero no lo abrigues mucho, y cámbiale los pañales.

Acercarlo al pecho

Es esencial saber colocar correctamente el bebé en el pecho, ya que las grietas y otras irregularidades se deben mayoritariamente a una mala posición del pecho. Debes instalarte cómodamente, sin tensión muscular. Si fuera necesario, utiliza cojines o almohadas, y colócalos bajo tu codo o bajo el niño para que esté a la altura del pecho, y también podrás colocarlos detrás de tu espalda, para que no tengas que inclinarte sobre él. El cuerpo del bebé está junto al tuyo. Su oreja, su hombro y su cadera están en la misma alineación; es decir, no debe girarse para mamar. Su nariz y su mentón tocan tu seno, y su vientre está junto al tuyo (imagina que, si estuvierais desnudos, los dos ombligos se tocarían). Para facilitar las cosas, puedes acercarle el pecho con la mano poniéndola en posición de «C», es decir, colocando el pulgar por encima del seno y los otros dedos juntos por debajo, fuera de la areola. Ahora el bebé debería abrir la boca de par en par (como si bostezase). Puedes ayudarle diciendo abre, acariciándole el labio inferior con el pezón o bajándole el mentón con delicadeza con los dedos. En este momento, acerca enseguida el bebé a tu pecho ayudándote con el brazo que lo sostiene. Debe tomar todo el pezón y tanta parte de areola como le quepa dentro de la boca. Tu pezón debe tocar el fondo de su paladar.
Una mayor sensibilidad Durante los primeros días, la lactancia puede dar cierta impresión de una mayor sensibilidad. Cuando mama, el bebé lo hace con mucha fuerza. No te extrañes de las sensaciones de estiramiento que puedas notar.
Biberones y tetinas Si vas a dar de mamar a tu hijo, evita el uso del biberón (o mamadera) y de tetinas, que perturban la succión del bebé, así como los protege-pezones de silicona, ya que tapan los poros de los canales lactíferos, lo cual produce dolores en el pecho y en el pezón, además de que imponen al bebé una mala posición ante el seno, muy difícil de corregir más adelante.

El buen desarrollo de la toma

Para asegurarte de que el bebé mama bien, comprueba que tenga los labios bien extendidos hacia el exterior del pecho. Debe tener la lengua hacia delante, en forma de canal bajo el pecho (recubriendo la encía inferior). La sien le palpita al ritmo de las succiones, y cuando engulle, se adivinan unos movimientos detrás de la oreja (alternancia regular de unas dos succiones por cada deglución). No debería hacer ruidos como de chasquido ni se le deberían hundir las mejillas. Tampoco debes notar ningún dolor (sólo cierta sensibilidad los primeros días). El bebé está tranquilo durante la toma y parece saciado una vez ha terminado. Si tienes la impresión de que tú o el bebé estáis en mala posición, vuelve a empezar, tantas veces como sea necesario.
Cuidado, no apartes al bebé echándolo hacia atrás: ¡tiene tanta fuerza de succión que puede hacerte daño! Introdúcele el dedo meñique en la comisura de los labios; instintivamente abrirá la boca y podrás volver a empezar tranquilamente.

La subida de la leche

Entre el segundo y el tercer día después del parto se produce la subida de la leche gracias a una hormona, la prolactina. La producción de leche en ese momento es muy importante para adaptarse mejor a las necesidades del niño, que van en aumento (el volumen de su estómago, que podía contener de 5 a 7 mililitros de leche el día en que nació, ¡al cabo de tres días es cinco veces más grande!). Los pechos pueden estar muy tensos, hinchados, y a menudo duelen. No te pongas protege-pezones bajo el sostén, ya que sólo empeorarán la situación al estimular la producción de leche. Esta sensación de dolor no va a durar: las tomas equilibrarán tu producción de leche. Para evitar las manchas debidas a los «escapes de leche», puedes ponerte discos para absorber la leche (de algodón, no plastificados, para evitar la maceración). Y si pese a ello tienes demasiada leche, infórmate en la maternidad por si pudieras donar leche para otro bebé que lo necesite.

Encontrar el ritmo adecuado

Dar el pecho al hijo es un momento muy especial, ¡que no estás obligada a compartir con el resto del mundo! Necesitas estar tranquila, y la presencia de otras personas puede tener un efecto estresante. Tu bebé también necesita tranquilidad, sobre todo al principio.
Un momento íntimo En la maternidad, no dudes en exigir estar sola en ese momento. Habla con el padre para que sea tu cómplice y explique amablemente a los visitantes que necesitas tranquilidad. Más adelante todo se hará de forma natural, según tus necesidades y la forma como se desarrolle la toma. Lo importante es que estés relajada y que notes al bebé tranquilo.
¿Cuánto rato? Para llegar a entender al bebé y sus necesidades, olvídate del reloj y obsérvale. La toma no tiene una duración «normal». Puede oscilar entre 10 minutos (dos tomas de 5 minutos) y 40 minutos (dos tomas de 20 minutos), o incluso más… Todo depende de la «calidad» de la succión del bebé y de la del flujo de la madre. Hay que aprender a observar si la succión es eficaz: los pri meros movimientos serán rápidos, más amplios, y oirás como el bebé engulle regularmente después de uno o dos movimientos. Al final de la toma, las pausas entre las succiones serán cada vez más largas. Y tú, tal vez tengas muchas ganas de dormir o sensación de sed. Así pues, en cada toma, ten a mano un gran vaso de agua.
¿Con qué frecuencia? El ritmo de las tomas tardará cierto tiempo en estabilizarse: al principio, el bebé puede dormirse sin estar totalmente saciado, con lo cual pedirá más al cabo de poco tiempo.
Progresivamente la situación se estabiliza, en general, en unas 8 o 12 tomas diarias unos días después de volver a casa (una toma cada dos o tres horas). No te olvides de darle ambos pechos en cada toma, aunque tengas la sensación de que el bebé se recupera y está un poco adormecido. Cuanto más mame, más leche producirá tu cuerpo.

¿Un poco desanimada?

Una puede estar convencida de las ventajas de dar el pecho, haberse preparado durante semanas, abordarlo todo con serenidad y, sin embargo, tener momentos de desánimo.
Todo esto es normal: el contexto en el que se dan las primeras tomas no es sencillo. La fatiga por el parto, las molestias de una posible episiotomía, al bebé le cuesta cogerse al pecho, se tiene melancolía y sentimientos confusos. En resumen, se dan todas las condiciones para que pongas en duda tu decisión de dar el pecho. No dejes de compartir estos momentos de duda con alguien: el personal de la maternidad, el padre o una amiga, no importa. Lo fundamental es no tener vergüenza «por no conseguirlo».
Y si tienes ganas de llorar en lugar de reír, no te sientas culpable. Habla con la comadrona o la enfermera sobre la posición que adoptas para dar el pecho, y haz todas las preguntas que se te ocurran. Poco a poco, todo volverá a la normalidad si lo comentas y si buscas ayuda.

Otros contenidos del dosier: Postparto

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