Los primeros días del recién nacido

Con los sentidos alerta

El bebé nace con todos los sentidos. Su capacidad de percepción es mucho mayor de lo que se creía hace cincuenta años, pese a que no es la misma que en un niño de unos meses. Algunos sentidos están más desarrollados que otros. Por ejemplo, el bebé oye mejor de lo que ve, por ello reacciona más ante los sonidos que ante las personas que se le acercan. A continuación, un pequeño repaso para comprender las sorprendentes aptitudes de este recién nacido.
La sensibilidad táctil El bebé es muy sensible al contacto físico, a las caricias, a la ternura o a la brusquedad de los gestos que le hacemos. También sabe tocar, aunque no sea con las manos. Al principio, el recién nacido tiene contacto con su madre a través de los labios, la lengua y las mejillas para mamar.
Un olfato y un gusto bien definidos Parece que desde el momento de nacer sabe diferenciar los olores agradables y los desagradables. La distinción que hace entre los «buenos» y los «malos» olores, visible por sus gestos, es parecida a la que establecen una gran mayoría de adultos. También distingue claramente los sabores (dulce, salado, ácido y amargo). Se sabe que casi siempre tiene preferencia por el dulce.
Ya sabe de dónde procede un sonido El bebé oye, hasta el punto de que sabe de dónde procede un ruido. Pero no es capaz
de manifestarlo girando la cabeza. No lo hará hasta los 3 o 4 meses. Al parecer, prefiere los sonidos graves a los agudos. Sin embargo, su oído aún no le permite distinguir todas las propiedades de un sonido.
mente Al nacer ve las formas a una distancia de 20 a 30 cm, pero no percibe bien los colores.
Se podría decir que ve en «blanco y negro». A distancias menores, o mayores, lo ve todo borroso. No distingue las caras igual que tú, sino que básicamente reacciona ante los contrastes, ante varia ciones luminosas, ante algo brillante o de color rojo. Aunque la visión del bebé mejora rápidamente, hasta la edad de un año no tiene la calidad de la de un adulto…

¿Qué ve en su entorno?

Sería falso decir que, ya desde los primeros días, el recién nacido reconoce literalmente la voz o el aspecto de su madre. No obstante, te reconoce… gracias a todo lo que percibe de ti, lo cual incluye también el olor, tu actitud y tus gestos hacia él, aunque sólo sea la forma única en que lo coges en brazos. Es una identificación basada en multitud de elementos. Los investigadores en pediatría han estudiado a fondo algunas cuestiones. Según la opinión más extendida actualmente, parece que el recién nacido distingue el olor de su madre hacia el décimo día. El reconocimiento de su voz llegaría más tarde, pero las opiniones sobre este punto divergen mucho. Hay quien considera que el recién nacido reconoce esta voz entre otras voces femeninas a partir del tercer día, mientras que para otros eso sucede a partir del primer mes. En cambio, todos coinciden en que el reconocimiento visual de la cara se produce mucho más tarde. Además de la madre, el bebé también puede reconocer bastante pronto al padre y, por supuesto, también a otras personas, si éstas le prodigan cuidados y afecto regularmente.

Primeros contactos con la madre

La madre a menudo pasa las 24 horas posteriores al nacimiento mirando atentamente a su bebé. Aún se encuentra cansada, y el bebé también. Pese a ello, ya están viviendo los primeros intercambios. La madre y el bebé empiezan a conocerse el uno al otro, tranquilamente, cada uno a su manera. El pediatra estadounidense T. Berry Brazelton fue el primero en observar la sorprendente capacidad para los intercambios sensoriales y afectivos del recién nacido: ya percibe lo que procede de su madre, y siente el clima afectivo que le rodea. Procura responder a él y lo guarda en su memoria.
Paulatinamente, aprende a controlarse a sí mismo, es decir, a abrirse y, sobre todo, a cerrarse, si es necesario, a los estímulos procedentes del exterior. No olvides que al recién nacido aún le cuesta mantener los ojos abiertos y, sobre todo, fijar la atención.
No hay que pedirle demasiado, para no cansarle. Sin embargo, puede empezar a dialogar, a tejer vínculos, de una forma totalmente sensitiva y única, que sólo os pertenecerá a ti y a él.

La «motricidad liberada»

Posteriormente al doctor Brazelton, varios equipos de pediatras franceses (Albert Grenier, en Bayona, y Claudine Amiel-Tison, en París) confirmaron, a partir de la década de 1980, que en ciertas situaciones el recién nacido muestra mejor sus competencias motoras y sus capacidades para de motricidad liberada: la cabeza del bebé debe mantenerse de forma bien estable, y hay que tranquilizarle hablando y acariciándolo suavemente. El pediatra quizás no pueda dedicar mucho tiempo a esta relación, o bien es posible que tu bebé, si tiene sueño o hambre, esté poco predispuesto a ella. Sin embargo, cuando encuentres un momento propicio, puedes intentar comunicarte con él de la forma siguiente: toma el bebé frente a ti, muy cerca, sostenle la nuca con una mano y agárrale una mano con la que tienes libre, para calmarle.
Luego intenta captar su atención hablándole. Él puede permanecer sentado, estirar las manos y enderezarse; algunos bebés esbozan una sonrisa, otros hacen una mueca, ¡y otros incluso sacan la lengua! Son unos momentos de comunicación realmente privilegiados y únicos…

«Tu hijo es único en el mundo»

T. Berry Brazelton fundó la unidad de desarrollo del niño en el Children’s Hospital de Boston. Este pediatra estadounidense creó en 1973 una escala del comportamiento neonatal para evaluar las aptitudes y el estado del sistema nervioso del recién nacido, en particular la diferencia de las reacciones en ausencia y en presencia de la madre. En sus trabajos sobre bebés, enseña a superar los problemas de relación entre padres e hijos pequeños. También ha estudiado con detalle las relaciones entre la madre y el bebé durante el embarazo. La repercusión de sus investigaciones en el desarrollo de los bebés sigue siendo muy importante.

Otros contenidos del dosier: Postparto

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