Doulas: guardianas de la maternidad

Antes, la mujer grávida contaba con el apoyo de la madre, las hermanas, las tías, etc. La red familiar constituía un colchón importantísimo para la futura mamá, llena de dudas, miedos e incertidumbres. Pero los tiempos han cambiado y hoy en día muchas mujeres viven lejos de su familia, de manera que carecen de este sostén. Ahí es donde interviene la doula, que sin sustituir a los progenitores de la embarazada ni mucho menos a su pareja, brinda información y asistencia física y emocional durante la gestación, el parto y el periodo que sigue a éste, cuando el bebé ya está en casa.

¿Por qué duermo mal?¿Podré dar el pecho?¿Cómo de dolorosa es una contracción? A la futura mamá le asaltan infinidad de dudas. Muchas las comparte con la ginecóloga, con amigas, pero otras quedan sin responder. A lo largo de una serie de visitas antes y después del parto, la doula –que en griego antiguo significa “esclava”– informa acerca de los cambios fisiológicos que se suceden durante la gestación y que alteran el sueño o sobre realidades a veces confusas como la lactancia o la reanudación de la vida sexual. Además, puede compartir con la mujer cosas tan reveladoras –y tranquilizadoras– como que una contracción del parto es igual que la del orgasmo, aunque más fuerte. “Contarles que muchas de las cosas que sentirán ya las han experimentado de uno u otro modo les reduce la ansiedad”, sostiene María Arroyo, doula, mamá de un bebé de nueve meses y responsable de la web www.doulas.es.

“Una parte importante de nuestra función es ayudar a que la pareja elija qué tipo de parto quiere”, señala Arroyo. Si decide que será en el hospital, entonces es recomendable que la mujer defina o al menos considere algunos aspectos clave: si quiere que tanto la pareja como la doula estén presentes en la sala de parto –los hospitales públicos sólo permiten a una persona– o si solicitará epidural. En este sentido, la doula puede explicar que además de suprimir el dolor de las contracciones, la anestesia provoca otros efectos mucho menos deseados: “La epidural dificulta la rotación del bebé dentro del canal de parto, lo que favorece el uso de fórceps o las cesáreas; por otra parte, al estar anestesiada, la mujer no puede empujar con la misma fuerza o de la forma correcta”, explica Arroyo.

Doulas “guardianas”

Durante el parto, la doula ejerce una funciona de “guardiana” de la mujer embarazada, es decir, que sin interferir con las tareas del ginecólogo y de la matrona, expresa a éstos los deseos de la paciente, con quien los ha discutido previamente. La doula tranquiliza a la parturienta, hace que el entorno sea más agradable –bajando la luz o poniendo música–, le sugiere maneras de soportar el dolor, la ayuda a respirar adecuadamente, etc. “El personal médico a veces se muestra reticente cuando ve a una persona cuyo rol no sabe bien cuál es, pero cuando comprueba que con la doula la paciente está mejor, baja la guardia”, asegura Arroyo.

El beneficio que aportan estas mujeres quedó avalado por un estudio llevado a cabo en los años ochenta por los pediatras norteamericanos Marshall H. Klaus y John H. Kennell. La investigación, realizada en un hospital público de Guatemala, reveló que la presencia de una doula durante el parto reducía las tasas de cesáreas en un 50 por ciento, la duración del trabajo de parto en un 25 por ciento, las peticiones de epidural en un 60 por ciento y la del uso de fórceps en un 40 por ciento. El porqué de estas cifras es sencillo: “La hormona involucrada en el parto es la oxitocina, que es contraria a la adrenalina, la cual se segrega muy fácilmente. Gracias a la doula, que hace que la mujer se sienta segura y protegida, los niveles de adrenalina descienden y los de oxitocina ascienden”, explica Arroyo.

Uno más en la familia… ¿y ahora qué?

Durante el post-parto la figura de la doula también resulta muy útil, “a pesar de ser un periodo que a muchas mujeres parece no inquietarles, como si una vez que estuviera el bebé ya no hubiese motivo de preocupación”, comenta la doula con un dejo de ironía. En realidad, aspectos como la depresión post-parto (Klaus y Kennell observaron que ésta se redujo entre las mujeres que contaron con una doula durante seis semanas después del parto), la lactancia, la falta de sueño o la recuperación del cuerpo –sobre todo si ha habido episiotomía– son extremadamente delicados.

“Lo que les sucede a muchas mujeres durante el puerperio es sentir conflicto entre lo que instintivamente quieren hacer con su bebé y la avalancha de consejos que les llega del entorno”, reflexiona Arroyo. Cuando esto es así, la doula puede brindar información objetiva, para que la mujer decida libremente sobre multitud de cuestiones: si quiere usar pañales descartables o de tela, si quiere amamantar (“cualquier mujer puede dar el pecho”, insiste Arroyo), si prefiere que el bebé duerma con ella en la cama, etc. “Esto último se suele desaconsejar, sin embargo, el bebé está programado para estar pegado al cuerpo de la madre”, apostilla la doula.

Las doulas nacen y se hacen

A diferencia de países como Holanda, donde las doulas forman parte del sistema de salud y la asistencia que brindan está cubierta por la seguridad social, en España es un servicio privado. Las tarifas dependen de la necesidad de cada madre, pero el acompañamiento durante el parto y dos visitas antes y después de éste rondan los 500 euros.

Aunque no tienen una titulación específica, las doulas suelen tener conocimientos sobre fisiología del embarazo, parto y puerperio, puericultura, lactancia, educación prenatal, etc. En el caso de Arroyo, que es licenciada en Física, su interés por esta figura llegó cuando muchas mujeres de su entorno empezaron a quedarse embarazadas. “Entonces empecé a ayudarlas, a leer, a formarme”, recuerda. Y así fue que se convirtió en alguien cuya labor es hacer que el camino hacia la maternidad sea una experiencia placentera.

Paloma Gil Estrada

Para más información: www.doulas.es

Otros contenidos del dosier: Preparación al parto

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