La preparación clásica

Adiós al miedo

Desarrollada en Rusia e introducida en Francia en 1951 por el doctor Fernand Lamaze, la preparación clásica nació para combatir la máxima según la cual toda mujer debe parir con dolor, basándose en dos principios. Por un lado, el miedo suele surgir ante lo desconocido, por lo que la explicación detallada del proceso del nacimiento puede eliminar una parte importante de este miedo. Por otro lado, el hecho de saber a priori que se sufrirá durante el parto condiciona a la mujer. La preparación para el trabajo que deberá realizar su cuerpo no hace que la embarazada olvide el dolor, pero sí que lo integre en el parto más fácilmente.
¿Cuándo debo empezar y con quién? Por lo general, las comadronas y el personal especializado en educación perinatal son quienes imparten las sesiones de preparación, que suelen empezar a partir del séptimo mes y se organizan en pequeños grupos. Algunas mujeres lamentan que el método no sea más personalizado o que las clases no empiecen antes. En este sentido, siempre puedes combinar la preparación clásica con otros métodos que se adapten mejor a tu sensibilidad. Las primeras sesiones son de tipo informativo y siempre van acompañadas de la proyección de algún documental sobre el cuerpo femenino, el embarazo y los cambios que sufre el organismo, el parto (y las posibles intervenciones médicas: epidural, episiotomía, fórceps, cesárea), el puerperio, la lactancia… Después empiezan las sesiones de preparación «física». Si la preparación a la que asistes se realiza en tu hospital, es posible que puedas conocer al equipo médico que te atenderá
o visitar las salas de parto y las habitaciones de la maternidad. Así te irás haciendo una idea mucho más concreta de cómo se desarrolla un parto.

Aprender a respirar y a relajarse

Bajo el efecto del dolor, sea cual sea su causa, la respiración se bloquea, el cuerpo se pone rígido y los músculos se contraen. Esta reacción en cadena crea una fuerte tensión, tanto física como psíquica, y acentúa de forma considerable la sensación inicial de dolor. El aprendizaje de técnicas de relajación y de respiración te ayudará a mantener la calma en la medida de lo posible, así como a estar relajada y perfectamente «oxigenada» desde el momento en que notes las primeras contracciones uterinas que marcan el inicio del trabajo de parto.
La relajación Los ejercicios de relajación suelen practicarse tendida de costado. Consisten en relajar progresivamente cada parte del cuerpo y permiten aprender a contraer un músculo en particular, independientemente de los demás, para que al notar la contracción, el cuerpo esté totalmente relajado.
La respiración En el transcurso del embarazo aumenta la necesidad de oxígeno. Durante el parto, al igual que ocurre en el caso de cualquier esfuerzo muscular intenso, una buena oxigenación favorece la relajación muscular y la dilatación y, frecuentemente, incluso acelera el trabajo del útero. Las distintas técnicas de respiración constituyen un entrenamiento físico porque favorecen la oxigenación de todo el organismo, tanto durante el embarazo como en el desarrollo del parto. De este modo, aprenderás a respirar inspirando profundamente por la nariz y espirando por la boca lo más lentamente posible, hasta vaciar por completo los pulmones. La respiración superficial y acelerada, conocida como «respiración de jadeo», ya no se practica con la misma frecuencia que antes, ya que puede causar una hiperventilación (un aumento de la cantidad de aire en los pulmones) y provocar dolores de cabeza en la futura madre.

¿Quién ha dicho contracciones?

Las contracciones uterinas provocan un acortamiento de la fibra muscular. Con cada contracción, el cuello del útero es «empujado». Para hacerte una idea del movimiento del cuello durante la primera etapa del parto, imagínate un cuello arrugado que, al estirarlo desde abajo, se convierte en un cuello liso, se alisa (adelgaza). Después se abre, se dilata completamente y el bebé, bajo la presión de la contracción, es empujado hacia afuera. Así pues, la contracción uterina es indispensable para el nacimiento espontáneo de tu hijo, ya que le permite salir de tu cuerpo. Cuanto más atenta estés a la función de las contracciones, menos te preocuparás por el dolor, hasta el punto de llegar a superarlo. Uno de los objetivos de la preparación clásica es asociar las contracciones a la idea de eficacia, y no a la de dolor.

Otros contenidos del dosier: Preparación al parto

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