Niños nacidos por reproducción asistida: cómo explicarles de dónde vienen

Victoria Anna, la primera “niña probeta” española ya es una mujer adulta. Vive con su pareja en Madrid y se dedica al mundo de la Publicidad. En estas tres décadas en que ella ha crecido, se ha formado como persona y como profesional, han venido al mundo 90.000 niños españoles por métodos de reproducción asistida. Cinco millones en todo el mundo.

Cada uno de esos padres y de esas historias está marcada por una mezcla de ilusión y esperanza (¡Un bebé, por fin!) pero posiblemente también de miedo y de cierto pudor. Y todo ello a pesar de que el instinto de ser padre o madre no entiende de estereotipos sociales: ¿cómo explicar a la sociedad que uno en la pareja “no funciona” y que hay que buscar óvulos o semen fuera de esa unión?, o ¿cuándo aclarar que la paternidad se va a compartir con alguien del mismo sexo?, o ¿de qué manera convencer a la familia que, pese a no tener un compañero o compañera de vida, se desea un hijo? Y, por supuesto… ¿cómo explicarle a ese niño de dónde viene?

Tres décadas de grandes avances

En estos 30 años, la reproducción asistida ha dado pasos de gigante. Además de que cada protocolo se ha mejorado y acortado en el tiempo –logrando que los futuros padres pasen por menos intentos y sufran menos estrés– se ha conseguido reducir el número de niños nacidos en el mismo parto (hace unos años era necesario implantar más embriones para tener más probabilidades de embarazo y por eso resultaba normal que la pareja tratada tuviera 3, 4 y 5 bebés de golpe).

En un futuro inmediato estas técnicas no dejarán de avanzar y cada vez más oiremos hablar de espermatozoides y óvulos creados a partir de células madre (muchas veces sin intervención de donantes sino de material de la propia mujer solicitante); también llegará a ser habitual el trasplante de útero y la robótica aplicada a las técnicas de reproducción asistida, quizá con mucha más precisión y pericia que la mano del médico.

¿Y qué se explica a esos niños?

Una vez se deja atrás el laboratorio, los tubos de ensayo, las pipetas, las muestras de sangre y el quirófano, llega la vida real, el día a día. El niño nacido por reproducción asistida va creciendo… y también su curiosidad. Como decíamos antes, en algún momento hay que sentarse con él y explicarle su origen para que no planteen a destiempo preguntas como “por qué no me parezco ni a mamá ni a papá” o “por qué no tengo mamá y sí dos papás” (o por qué vive con dos mamás pero sin papá).

Todos los psicólogos infantiles coinciden en que la explicación es necesaria. Es lógico si tenemos en cuenta los derechos del niño. En el caso de las adopciones, la propia Ley especifica que la criatura adoptada debe conocer su procedencia.
Pero la cosa no es tan fácil cuando entra en juego la figura del donante, porque nuestra legislatura antepone el anonimato a cualquier otra circunstancia (solo se permite conocer la identidad del donante si la salud del niño está en peligro y se necesita su aportación para salvarle la vida).

Y, entonces, ¿cuándo y con qué palabras se le dice al niño que ha venido al mundo gracias al semen o al óvulo de alguien anónimo, sin rostro y sin nombre, o que se ha gestado en el vientre de una mujer que se ha prestado voluntariamente a ello?

Para Vicent Borràs, sociólogo y padre de un niño de 5 años nacido por maternidad subrogada (una psicóloga americana se prestó a engendrar al bebé) es fundamental ser franco y sincero con la criatura. “Mi marido y yo –explica Vicent– ya teníamos previsto cómo hacerlo. Cuando era muy pequeñito fuimos explicándole cuentos que reproducían esa realidad aunque lógicamente él se quedaba con algunas ideas, no con toda la información. No hay que bombardearle con los datos, hay que ir administrándoselos a medida que él va preguntando”.
Para él, que además es vocal de la Asociación de Familias Lesbianas y Gays, “es importantísimo que el niño conozca a otras familias en la misma situación porque todos buscamos nuestros iguales o nuestros semejantes. Si se ve diferente –que es el único niño con dos papás o con dos mamás, por ejemplo– es cuando puede tener confusión. Por eso, vale la pena pertenecer a alguna asociación y tener contacto con otras familias”.

Sin duda la naturalidad es la mejor herramienta para dar esas explicaciones. Si las familias y los amigos aceptan la situación como normal y natural, el niño también lo hará, sin importar qué otros factores intervinieron en “su creación”.

La edad del niño es otro de los aspectos a tener en cuenta a la hora de sincerarse con él. Borràs recuerda que los expertos recomiendan dar las explicaciones de forma gradual. Según algunos estudios, recuerda el sociólogo, si se comienza a dar información entre los 0 y los 7 años el niño lo acepta con normalidad; si esa charla entre padres e hijo se produce entre los 7 y 14 el niño puede sentirse engañado; y si se espera a que haya entrado en la adolescencia para explicarle que no nació de manera totalmente natural, el hijo sentirá –al menos inicialmente– rechazo hacia su familia.

Diana Guerra, psicóloga del prestigioso centro de Reproducción Asistida IVI de Barcelona recomienda también “echar mano de los cuentos, historias y películas (muchas de Disney) que desarrollan historias sobre la concepción y muestran otras familias diferentes (“Dumbo”; “El libro de la selva”). Conviene contar la propia historia con calma, con respuestas cortas y escuetas pero reales y ayudándose de metáforas o dibujos que ayuden al niño y al adolescente a entender muy bien el proceso. Y todo eso hay que explicarlo sin miedo, aclarando sus preguntas y recalcando que ha sido un hijo muy deseado”.

Para esta psicóloga, la sociedad todavía debe madurar para asumir por completo este tipo de avances y las diferentes situaciones familiares a que dan lugar (familias monoparentales con hijos; madres solteras, etc): “todavía vemos que hay mucha incomprensión y curiosidad malsana por este tema. Por eso, tratamos de sensibilizar a la sociedad y sobre todo a los colegios con material didáctico que promueva la tolerancia y el respeto hacia esas nuevas formas de familia”.
Lo principal, apunta Vicent Borràs, “es que el niño crezca en un entorno seguro, que no sienta rechazo. Y si le das las armas necesarias para enfrentarse al mundo el día de mañana, no importará cuál haya sido su origen, si su papá no aportó la semillita o si creció en la barriga de alguien a quien no llama “mamá. El sabrá explicarlo y seguramente su entorno sabrá entenderlo, porque cuando las cosas se conocen se aceptan mejor”.

Más información:

“Familias también. Diversidad familiar, familias monoparentales”. Vicent Borràs. Ediciones Bellaterra 2014

Families LGTB

IVI España Centros de Reproducción Asistida

Otros contenidos del dosier: Infertilidad

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