Cómo afectan los problemas de fertilidad a las relaciones de pareja

La presión para tener hijos

Muchas parejas deciden tener hijos sin plantearse si es una decisión personal o fruto da la presión social/familiar, o ambos. Esto es totalmente normal ya que no es una reflexión que hagamos ante la mayor parte de las decisiones de nuestra vida y en todas ellas la sociedad tiene alguna influencia.

El caso es que cuando hay dificultades para concebir esto puede ser algo que la pareja se plantee en algún momento del proceso, ¿realmente quiero tener hijos? ¿Quiero pasar por todo esto?. Muchas personas tienen clarísimo que sí, otras deciden que tener descendencia o es una prioridad en su vida y la mayoría pasan por fases, dependiendo de lo largo que sea el proceso. En ocasiones un miembro de la pareja se da cuenta de que los hijos no son una prioridad en su vida pero sigue adelante por la otra persona, decisión totalmente respetable y que no tiene por qué tener consecuencias negativas mientras se tenga claro la responsabilidad de la paternidad, pero esto hace que pueda estar menos implicado/a en un proceso tan duro como pueden ser los tratamientos de fertilidad.

El sentimiento de culpa

Una sensación frecuente de las personas con problemas de fertilidad es el de fracaso, mirar a otras parejas con hijos que parecen reproducirse sin pestañear y pensar ¿Por qué yo no puedo?. Se acaba pensando que la fecundación es uno de los procesos más difíciles de la naturaleza, también como mecanismo de defensa se puede utilizar este pensamiento; no puedo porque es difícil. En general el ser humano está acostumbrado a  creer que controla todo lo que hay a su alrededor, decidir cuándo irse de casa, a qué dedicarse, cuando tener pareja o hijos. Si en algún proceso se encuentran dificultades es habitual bloquearse y buscar la explicación a ¿Por qué yo no?, particularmente con la reproducción tenemos poco que decir, poco que hacer para mejorar la situación y eso nos crea una sensación de impotencia tremenda.

El problema puede venir tanto de la mujer, como del hombre o de los dos. Y esto hace que el sentimiento de culpa aflore, otra vez nos llega la idea de que podríamos haber hecho algo para evitarlo; mejorar nuestra alimentación, hacer más ejercicio…cuando probablemente no es cierto. La idea de que estamos privando a nuestra pareja de tener hijos puede atormentarnos.

Algunas personas ante el sentimiento de culpa huyen, es decir que prefieren no hablarlo, ni pensarlo e incluso decidirán no continuar con el tratamiento si ven que no funciona rápidamente. También la pareja es consciente de la posibilidad de que la otra persona se sienta culpable y trata de no presionar y de involucrarse para que sea algo de ambos. Pero puede ser un tema de conflicto.

Distintas formas de afrontarlo

Partiendo de la base de que cada individuo tiene una idea sobre la maternindad/paternidad, lo considera más o menos prioritario en su vida y también, por supuesto, reacciona distinto hacia las dificultades en general. Lógicamente en un tema como este que involucra profundamente a ambos miembros de la pareja, estas diferencias individuales se perciben claramente.

Pueden provocar que uno de los miembros tenga más prisa que el otro, que investigue más, que se interese por las distintas formas de infertilidad, que se agobie más o menos, que lo viva con más o menos ansiedad e incluso que lo traslade con más o menos frecuencia a las discusiones de pareja.

También nos diferenciamos en la manera que tenemos de tratar los problemas. Hay personas que necesitan hablar del tema que les preocupa con mayor frecuencia, les ayuda a desahogarse, a sentirse más unidos al otro, aunque no resuelvan nada a nivel práctico. Otras personas prefieren hablar solo de lo que se puede solucionar a corto plazo. El problema está en que cada cual cree que su forma de comunicarse es la ideal y, en este caso, una persona puede no entender porque su pareja no quiere desahogarse en el proceso y la otra considerar que se están martirizando hablándolo continuamente.

La clave para estos problemas, como en todos los de pareja, está en la comunicación, en entender en que momento está el otro y sus necesidades en este sentido, en dejar la puerta abierta por si uno quiere tomar un descanso en la búsqueda u otro camino en el tratamiento. También es importante que ambos miembros de la pareja tengan similar información del problema y las posibilidades de solución aunque no se involucren de la misma manera en cada momento.

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