Los nuevos enemigos de la fertilidad

Varias sustancias del medio ambiente pueden tener consecuencias en nuestro equilibrio hormonal. Se los llama “perturbadores endocrinos” y su blanco principal son las hormonas esteroideas, que intervienen en el crecimiento y las funciones sexuales.
Consecuencias: problemas de fertilidad y malformaciones sexuales especialmente. Se ha observado este fenómeno en ranas que se feminizan, cocodrilos estériles y otras víctimas accidentales de la contaminaciónque han conducido a los científicos a plantearse la cuestión del impacto en el ser humano. Ya que el efecto es estos contaminantes puede producirse incluso en muy bajas concentraciones.

Por ejemplo, el tributilestaño (compuesto antimanchas utilizado en la pintura de cascos de barco) ha provocado esterilidad en ciertos moluscos en el Mar del Norte teniendo una concentración equivalente a una gota de agua en una piscina olímpica.

¿Y en el hombre?

Sin embargo, pocos estudios han probado perturbaciones endocrinas en el hombre. El único caso realmente confirmado es el famoso distilbene que, cabe recordarlo, tiene consecuencias sobre varias generaciones. Se han observado problemas de infertilidad en obreros rurales que manipulaban determinados pesticidas. Y, de manera general, fenómenos tales como la disminución de espermatozoides en el hombre o el aumento de problemas de infertilidad hacen pensar en un factor medioambiental, ya que se esconden en muchos lugares: alimentos de origen animal o vegetal, envases alimenticios o productos de combustión, entre otros.

Entonces, ¿cuáles son los principales productos cuestionados? La Comunidad Europea ha identificado en 2005 una lista de más de 66 perturbadores endocrinos, donde se incluye un gran número de compuestos. Entre los más conocidos, se distinguen varias categorías.

El plástico es uno de los peores

Los plásticos hoy están en el banquillo. Se sospecha que varios compuestos podrían ser graves perturbadores endocrinos. Por ejemplo:

El nonilfenol: es un compuesto que interviene en la fabricación de muchos plásticos (agente “antienvejecimiento”) y en los detergentes. Se lo puede encontrar también en los pesticidas (como surfactante). Ahora bien, se sabe que tiene un efecto estrogénico en los mamíferos.

El bisfenol A: está en el top ten de los productos químicos fabricados y se lo utiliza en plásticos y resinas. Se lo encuentra especialmente en los revestimientos interiores de las latas de conserva, en algunos biberones, en los CD y DVD e incluso en algunas resinas utilizadas por los dentistas. Objeto de controversia, se ha comprobado en las ratas y ratones un efecto deletéreo sobre la calidad del esperma y un aumento del riesgo de abortos involuntarios.

Los ftalatos: cada vez más se escucha hablar de estos compuestos utilizados en el PVC (policloruro de vinilo), los juguetes, las pinturas, los adhesivos, las colas, las tintas, algunos medicamentos o cosméticos. Ahora bien, estos compuestos serían tóxicos para los embriones, especialmente para los de sexo masculino (provocando anomalías genitales).

Los PCB (policlorobifenilos): son productos utilizados en los plásticos o en los transformadores (piraleno) y que impactan sobre los sistemas inmunológico y genital.

Los compuestos como los ftalatos, el nonilfenol o el bisfenol A están presentes a menudo en los envases plásticos alimenticios. Y pasan a los alimentos: según un estudio americano, se encuentra bisfenol A por ejemplo en la orina de 95% de la población.

Cuidado con los pesticidas

Los efectos deletéreos de los pesticidas se conocen desde hace mucho tiempo. Muchos de ellos están catalogados hoy en día como “perturbadores endocrinos”. Por supuesto, algunos están prohibidos, como el DDT. El ejemplo del dibromocloropropano es célebre. Este producto destinado a matar gusanos fue utilizado en muchos bananeros, provocando una explosión de casos de esterilidad. Fue rápidamente prohibido en los países del Norte pero continuó utilizándose en África o en América del Sur.
Hoy en día, hay otras sustancias acusadas, como la clordecona, sospechada desde 1996 de provocar una disminución en el número de espermatozoides y disminuir su movilidad. La vinclozolina (destinada a luchar contra los hongos) provocaría perturbaciones de lafunción reproductiva y podría comportar modificaciones genéticas en la descendencia (observaciones en ratas). Citemos también la atrazina, un herbicida bastante común que ha sido identificado como perturbador endocrino.

Fitoestrógenos, entre vicio y virtud

Pero los perturbadores endocrinos no son solamente fabricados por el hombre, sino que existen también los “naturales”. Es el caso de los fitoestrógenos. Las principales fuentes en la alimentación son los productos a base de derivados de soja.
Debe aclararse que los estudios hechos sobre estas sustancias se centran sobre todo en sus beneficios sobre la salud, que a pesar de causar controversia, ayudan a luchar contra el cáncer o las enfermedades cardiovasculares. Pero algunos científicos se preocupan por la eventual toxicidad a alta dosis de fitoestrógenos, especialmente en los bebés y niños pequeños. Aun si la cuestión sigue siendo objeto de debate, la Agencia Francesa de Seguridad de los Alimentos ha publicado un informe que recomienda no dar leche de soja a los niños de menos de 3 años y reducir el tenor de fitoestrógenos en los productos a base de este vegetal.

Contaminantes orgánicos persistentes

Bajo la sigla COP se agrupa a determinados perturbadores endocrinos. Es una clase heterogénea ya que incluye alimentos de diferente origen: los productos industriales como el PCB, los pesticidas organoclorados (DDT) o las dioxinas.
La característica que tienen en común es que persisten durante mucho tiempo en el medioambiente y que perturban fuertemente las funciones hormonales estrogénicas y tiroideas especialmente. Importante: los “retardantes de fuego” contra incendio, utilizados en telas, sillones, televisores están actualmente bajo sospecha de ser COP.

Identificar los peligros futuros

¿Se puede controlar las sustancias que se producen a fin de evitar riesgos? Hoy sigue siendo difícil conocer el grado de toxicidad de las 70.000 sustancias producidas y vendidas por la industria química. Si bien los pesticidas están bien regulados (se exigen estudios de toxicidad antes de su lanzamiento al mercado) ¿puede decirse lo mismo de los otros compuestos? ¿Se puede intentar reconocer entre ellos los que comportan mayor riesgo de ser perturbadores endocrinos?

El problema es que su estructura química a veces no tiene nada que ver con la hormona “imitada”. Hacer una selección por “similitud química” no garantiza su inocuidad. Otro problema, basado en el ejemplo del DDT: a veces, no es el compuesto lo que es nocivo sino el resultado de su degradación en el organismo, lo cual hace que sea difícil identificar las moléculas de riesgo solo observando su fórmula de base. Entonces, hay que evaluar las interacciones: dos sustancias inofensivas que entran en contacto pueden formar un compuesto deletéreo. Y es difícil identificar todas las posibles interacciones, entre sustancias químicas o con productos naturales.
Entonces, ¿cómo hacer? La UE ha aportado un elemento de respuesta con la implementación de la directiva REACH (Registration, Evaluation and Autorisation of Chemicals). Esta legislación en materia de productos químicos impone a los industriales una evaluación toxicológica de todo producto químico antes de salir al mercado.

A. Sousa

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