Comer bien para tener un bebé sano

En primer lugar, en lo que respecta a la corpulencia, lo ideal es no estar ni demasiado delgada ni con sobrepeso. Tener un Índice de Masa Corporal (IMC) entre 18,5 y 25 (un peso compatible con un buen estado de salud) es lo idóneo. Estar por encima o por debajo de estas cifras implica posibles problemas de ovulación o incluso repetidos abortos.

Alimentación de la mamá: un peso adecuado y vitamina B

Un IMC inferior a 18 indica un exceso de delgadez. Así pues, se considera que, durante la pubertad, el inicio de la actividad ovárica cíclica requiere un peso mínimo de alrededor de 47 kilos. Si bien las anomalías del ciclo menstrual pueden explicarse por la falta de reserva energética (que conlleva una producción insuficiente de leptina, una hormona esencial para estimular los ovarios), también pueden estar relacionadas con una aportación energética y/o de lípidos insuficiente o incluso con una práctica deportiva demasiado intensa. Afortunadamente, recuperar el peso normal o aumentar las aportaciones de omega 3 y omega 6 benefician la fertilidad.

El sobrepeso (un IMC superior a 25) y la obesidad (un IMC superior a 30) suponen un impacto más grave, puesto que se puede duplicar o incluso triplicar la frecuencia de anovulación. Sin embargo, todo depende de dónde esté localizado tal sobrepeso. Si se sitúa en las caderas o en los muslos (obesidad ginoide), puede conllevar resistencia a la insulina, lo cual tiene como consecuencia problemas en la ovulación.

Por otro lado, el exceso de peso agrava el síndrome de ovarios poliquísticos, lo cual es la causa principal de anovulación. Todos estos problemas son reversibles si se consigue recuperar el peso adecuado: una pérdida de entre un 5 y un 10% del peso inicial es, en general, suficiente. Lo idóneo es alcanzar una correspondencia entre estatura y cadera menor a 0,85, lo cual significa menos grasa en el vientre.

El menú ideal para una pareja que desee un bebé

Cada día

  • 5 piezas de frutas o verduras (ej: cítricos para la vitamina C, zanahorias para la aportación de caroteno y espinacas para la vitamina B9).
  • Entre 3 y 4 productos lácteos (vitaminas B2, B9, B12).
  • 1 puñado de frutos secos: almendras, avellanas, nueces, pistachos (vitaminas E, B9 y zinc).
  • 2 cucharadas soperas de aceite de nueces o de colza (vitamina E y omega 3).
  • 1 porción de carne o pescado o dos huevos (zinc y vitamina B6).

Cada semana

  • 2 raciones de pescado rico en ácidos grasos, como arenques, caballas, sardinas o salmón; son ricos en omega 3, vitamina B6 y selenio.
  • 1 o dos raciones de legumbres, como lentejas, judías blancas o garbanzos; aportan vitamina B6 y zinc.

Si bien los vínculos entre el embarazo y el IMC están perfectamente establecidos, los estudios que proponen una lista de alimentos que favorecen la fertilidad son todavía muy limitados. Sin embargo, se pueden desprender algunas pistas (1,2). Las aportaciones ricas en hierro, en ácido fólico (vitamina B9) y en antioxidantes son imprescindibles para un buen desarrollo del embarazo.

Resulta más que evidente que las futuras mamás deben evitar el alcohol (uno o dos vasos de alcohol al día son suficientes para provocar un aborto espontáneo). Además, deben moderar el consumo de cafeína a 100 mgr. al día (lo cual equivale a una taza de café o a dos tazas de té).

Los ácidos grasos trans, es decir, las grasas saturadas que contienen alimentos industriales (como la bollería industrial, la repostería, pasteles…) deben limitarse porque en exceso pueden provocar problemas de ovulación, que agravan la resistencia a la insulina.

Por último, los pesticidas tampoco se salvan: un primer estudio en India ha demostrado una asociación entre un índice elevado de pesticidas en la sangre y el riesgo de abortos espontáneos (3).

Alimentación del padre: antioxidantes

En una de cada cuatro parejas infértiles, la causa de tal problema es la calidad del esperma u otro factor masculino (4).

Para empezar, es necesario precisar el papel fundamental de los antioxidantes. En general, sirven para eliminar el excedente de radicales libres, compuestos capaces de alterar el capital genético (ADN) de las células.

En lo referente a los espermatozoides, el estrés oxidativo puede ocasionar lesiones que pueden provocar la disminución de su poder fecundador o incluso problemas en el desarrollo normal del embrión (a menudo esto provoca un aborto espontáneo en la madre).

Además, se ha demostrado que la falta de zinc (antioxidante) acarrea anomalías cromosómicas (lo cual conlleva más riesgo de aborto espontáneo en las mujeres). El déficit de zinc también puede provocar un hipogonadismo o una reducción de espermatogénesis de los testículos debido a una bajada de testosterona. En cambio, una buena aportación de zinc aumentaría el número de espermatozoides en la eyaculación.

Se han realizado varias pruebas en las que se han aportado unas dosis mayores de antioxidantes (vitaminas C y E, glutatión) a los futuros padres y, en varios casos, se han obtenido buenos resultados, como el aumento de la movilidad de los espermatozoides (lo cual facilita la fecundación) o embarazos a término (sin abortos espontáneos). Sin embargo, la profesora Lévy recuerda que “la prescripción de complementos alimenticios puede ser nociva para la salud y, por lo tanto, debe estar justificada después de una revisión completa”.

Vitaminas B9 también para el padre

Al igual que en la futura mamá, el ácido fólico, o vitamina B9, es fundamental. En efecto, su déficit parece provocar anomalías cromosómicas en los espermatozoides, con el riesgo de un aborto espontáneo en el caso que se produzca una fecundación.

Existen otros nutrientes que juegan un papel importante en la fertilidad, como los omega 3, que se concentran en la membrana de los espermatozoides y facilitan su fusión con el ovocito. En cambio, el exceso de grasas omega 6 es nocivo, pues acentúa la proporción de radicales libres.

Por último, la obesidad perjudica la calidad de los espermatozoides. Existen dos grandes estudios de cohortes que han relacionado el riesgo de infertilidad masculina con el IMC. Un exceso de peso podría ocasionar una disminución de la cantidad de espermatozoides en la eyaculación, una reducción de su movilidad y anomalías en su forma o en su ADN. Según la hipótesis más plausible, el exceso de grasas corporales provoca, en el caso de un hombre, una menor producción de testosterona además de un aumento de estrógenos (hormonas femeninas). Esto puede provocar una deficiencia de espermatogénesis. Sin olvidar los pesticidas, que también pueden alterar las secreciones hormonales.

F. Daine

1 – Nutrición y abortos espontáneos repetidos, Profesora Rachel Lévy – Conferencia Diétécom, marzo de 2010.
2 - "Nutrición e infertilidad femenina”, A. Donnadieu et al. Libros de Nutrición y Dietética, vol. 44 nº 1: 33-41. 2009.
3 - "Association between recurrent miscarriages and organochlorine pesticide levels", Pathak R et al.. Clin Biochem, 43 (1-2) : 131-135. Enero de 2010.
4 - "Nutrición e infertilidad masculina”, L.Leniaud, R.Lévy.  Libros de Nutrición y Dietética, vol 43, n°4 : 198-208. 2008.

 

Otros contenidos del dosier: Prepararse para ser madre

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